Partidaria de lo práctico sin importar el fashionismo (y algunas veces practicante confesa de “la moda aunque me joda”), admito que necesito una cartera más grande para guardar una palabra cerca de mi pecho, un tiempo bajo mi brazo, un papel blanco para mi mano izquierda, otro papel con líneas para la derecha, un bonche de servilletas para cuando no tenga papel (en blanco o con líneas), una pluma de tinta líquida, un marcador de punta suave, un estuche con lápices desde el 6B hasta el 4H, un manual que me diga cómo usarlos, un llavero de Sharpies Mini a colores, un lente digital para mi ojo, un memory stick para grabarlo, otro estuche que me haga parecer menos imperfecta, un wallet que me recuerde quién soy, una tarjeta que me diga que estoy en quiebra, un par de centavos para una mala taza de café, un paquete de chicles por si el sabor me marea, y un canto de tierra húmeda con mucho, mucho abono para gestarme si me siembran.El celular, pues,… eso no lo necesito tanto.
