Ayer llamé al celular de un chamaco que me pidieron que contactara. Como no lo contestó, salió el voicemail, naturalmente. Pero para mi incredulidad, no era la misma voz femenina que prácticamente sale en los voicemails de la mayoría de las compañías de celulares de Puerto Rico. Si me preguntas a mí, creo que hasta me atrevo a poner mi mano en un picador y asegurar que esta voz se trata de nada más y nada menos que de la de Otto Oppenheimer…
“WHAT!?” – Te lo juro.
¿Nuevo aparatito tecnológico? No sé. Juzga tú…
Le regalo un sixpack al que me diga a qué compañía pertenece ésto.




