• Oh-Snap

14 06 2008

Me imagino que te tiene que haber pasado alguna vez en la vida que, cuando coges tu cámara, de momento te encuentras con fotos que realmente no sabes cómo rayos llegaron ahí..

Algo así fue lo que me pasó con esta foto cuando fui a retocar las del compartir de anoche con Waiki, Furby y Moncho. De momento encontré un montón de fotos del “fitting day” para el último comercial que trabajamos y, por lo que veo, mi cámara pasó por un par de manos más de las que pensé. Algunas parecen de documentación, otras dos o tres parecen de esas que salen “¡bien lindaaaaas!” como si tuvieran una pequeña esperanza por el la’o de ser subidas a Facebook en algún momento y poder ser taggueadas (…not gonna happen). Anyway, no sé si ésta fue totalmente intencionada o si fue accidental, pero tiene un no-sé-qué que me tripea un montón. Estoy casi segura de que esos son los pies de Kacho. Le retoqué un poquito los colores y quise incluirla en el álbum de “Ajonjolí” (o “fotos que tripean pero que no pertenecen a ningún lado”), pero cuando la uplodié, la calidad se dañó. No sé a qué se debe, pero no es la primera vez que me pasa con fotos editadas en Photoshop,… y con los videítos ni se diga. De manera que aprovecho que WordPress brega (publicidad no pagada) y la posteo aquí.

Hablando de fotos encontradas, me acordé de este site con el que dí hace tiempo llamado ifoundyourcamera.net, otra de esas cosas que uno ve y piensa “coño, ¿y cómo a mí no se me ocurrió primero?”.

Esta página, inspirada en el concepto de Post-Secret Project, brega bien sencillo. ¿Te ha pasado alguna vez que perdiste tu cámara y en ella tenías fotos que te duelen saber que no recuperarás? Pues éste es el lugar donde posiblemente podrías encontrarlas ya que sirve de foro para que personas que encuentren fotos ajenas (u “orphan pictures”) puedan postearlas con la esperanza de que sean reunidas con sus dueños o personas cuyos rostros salen en ellas. Entre cosa y cosa, parece que el site ha despertado una dinámica bien nítida entre la gente y todo éste rollo sobre los recuerdos, los valores emocionales y/o históricos, el gimmick del re-encuentro, el encanto del pasado, etc., etc., etc.

Y hablando de fotos y del encanto del pasado, si en su casa no hay una cámara de fotos instantáneas y a usted le vacila la cuestión, pues vaya corriendo a comprarse una. Ahora.

El otro día me pidieron una de estas cámaras fotográficas para el trabajo y tuve que ir a cuatro lugares diferentes antes de dar con ella. Y es que ya las están descontinuando porque están “obsoletas”. Cierto, lo están. Pero janguear con una matraca de éstas en la cartera, escuchar el escándalo que hace cuando escupe la foto y esperar un rato a lo que la imágen empieza a revelarse lentamente delante de tus ojos es “priceless”. Y digo “priceless” porque, ante el aparente peligro de extinción en el cual se encuentran estás cámaras, aproveché y me compré una para mí y un paquete de 10 fotos el cual resultó ser un “priceFULL” de $14.99 sin el tax (o $1.49 la foto,… ¡ouch!).

Es lo que digo: la fotografía cruda, tal como la conocíamos antes de la era digital, quedará como un hobbie de unos pocos que estén dispuestos a gastarse el billetal por mantener viva la mística del cuarto oscuro, el “chaca-chaca” del tanque, la peste a químicos y las camisas manchadas con revelador. “Truly priceless” para el que sepa de lo que estoy hablando.

Claro, la cámara instantánea es otro mambo, pero it’s equally worth it.





• Ese ha de ser el gimmick de las guaguas

9 05 2008

Ayer decidí que quería ser una porowrican tuwrist. No me levanté tan temprano como había planificado, pero así mismo como desperté, me bañé, desayuné, me vestí, me puse las gafas y partí a pie.

Caminé hasta la parada más cercana a mi casa. Ayer había descubierto que ir a pie, contrario al sentir común, no es tan tedioso como uno imagina. Me senté un rato mientras esperaba la AMA y, tal como me había prometido, saqué la novela que me estoy leyendo. Mientras estuve allí esperando, empecé a arrepentirme un poco de la idea. Hacía un calor inmenso y yo llevaba puesto dos tops y dos bottoms. Estar en uno de esos días del mes donde existir se hace sumamente incómodo tampoco estaba ayudando, pero a lo poco se me olvidó cuando un individuo se sentó a mi lado. Era el “viejo cabrón” vecino de mi ex. Él no sabía quién yo era a pesar de haberme visto cientos de veces por su casa. Ya no se acordaría de mí con el pelo oscuro, corte medio extraño y las gafas puestas.

- ¿No ha pasado la guagua? – me dijo mientras trataba de sentarse con dificultad. Yo lo miré, pero antes de que pudiera contestar, se rió y me dijo “Claro que no ha pasado. Sino, tu no estuvieras aquí esperando todavía, ¿verdad?”. Se hechó a reir.

- ¿Gustas? – me dijo mientras abría el dulce de repostería que acababa de comprar en la panadería de alfrente.

- No, gracias. Buen provecho. – le sonreí sin los ojos que aún seguían leyendo

- Gracias. Gracias por no gustar. Así me lo como yo completo. – Se hecho a reír de nuevo y yo con él. Pensé que era mejor así, que no me reconociera. Me gustó la simpatía que nunca dio incidios de existir durante esos tres años en que lo conocí de lejos através de sus gritos, refunfuñeos, disputas interminables con los vecinos y todas las quejas y cuentos que me hacía mi ex y su familia, todos creíbles y muy bien fundamentados en la odiosa personalidad de un corpulento y viejo veterano de guerra pro-americano, pro-estadista y jodido con múltiples condiciones médicas totalmente opacadas por su voraz personalidad. Por un momento pensé hacerle preguntas y darle conversación en algo que imaginé que iría como “¿Usted vive cerca? Ah, ¿vive alli? Nice,… Nunca he entrado a esos apartamentos. ¿Es una comunidad chévere? ¿Tiene buenos vecinos? ¿En serio?? ¿Cómo así?”. Muy tentador, pero no lo hice, no sé por qué. Tal vez porque ahora parecía un Santa Claus sentado al lado mío, riendo y ofreciéndome dulces,… tan Santa Claus como los comerciales de Coca Cola, con una Diet Coke en la mano y todo.

Se necesitaron tres guaguas y dos horas y media para llegar a mi destino, pero no me pesó. Siempre (y digo siempre) encuentro algo particular que me llama la atención y me provoca romper a hacer narrativas mentales que pretendo grabar en mi cerebro, aveces inútilmente.

Esta vez fue el personaje de la abuela. Siempre hay una abuela. Fue la primera en subir en una de las paradas de Santurce. Lo hacía un paso a la vez mientras saludaba al chofer y le daba las gracias, mi’jo, por llegar rápido. Era pequeña, menuda, pelo blanco y jabao, con ropas de nylon color crema que en ella parecían doradas. Cargaba con unas pocas bolsas de algunas decoraciones que compró en el pueblo. Cuando se sentó alfrende mío, no dejé de observar su pelo recogido en una bola envuelta por una mayita dorada con borde de flores. Olía a uno de esas fragancias baratas que uno llama “perfume de vieja”, pero yo les digo “olor a abuela” porque a mi me gusta inhalar profundo cuando los percibo. La felicidad que de momento sentí por mis narices se me escapó por la esquina del labio en un leve estirón.

Dejé de prestar atención para fijarme en otros detalles del camino, en los lugares, los atajos, las forma en que las calles que yo conocía se conectaban de formas que yo no conocía, o de esos sectores que tanto hablan y yo ni cuenta. Para mi fortuna, caímos en una calle de cuya existencia no me había percatado hasta hace algunas semanas. Entre el mar de graffitis que parecía tener y el paso prohibido a carros privados, me había causado una curiosidad enorme que no había podido satisfacer hasta ahora. Si hubiese tenido la potestad suficiente, le hubiese ordenado al chofer que se detuviera y me esperara a lo que le tomaba fotos a las paredes que más me gustaban. Pero así no es que funciona el mundo público.

- Nos vemos, mi’jo, que tenga buenas tardes.
- Igual usté, señora. Cuide sus pasos. – le dijo uno de los pasajeros a la abuela con quién mantuvo conversación mientras yo perdía los ojos en paredes jodidas con muchos colores.
- Amén. Cuide usté los suyos.

“Cuide sus pasos”. Me encantó.

Me bajé irremediablemente en Covadonga. Ya eran las tres de la tarde. El día se sentía como si no tuviese mucho tiempo, pero yo sentía lo contrario; tan cheesy como suene, me sentí libre y con ganas de lo minuscioso. Así, caminé por los muelles y encontré una tiendita media escondía llamada “Café Cola’o”. Yo, que soy una fleje cafeinómada declarada, entre por voluntad ajena y persuación obligada por la onda seductora aromática. Salí de allí feliz, con la taza de café más perfecta que he recibido en mucho tiempo: caliente sin pelar, color con cuerpo, consistencia cremosa justo en donde se une la parte líquida con la parte espumosa, y un diseñito de lo más cute en el tope.

Luego de caminar un poco, ver algunas tiendas que nunca había visto y coger más brochures turísticos que cualquier genuino extranjero, llegó mi hermano a hacerme compañía en lo que llegaba la hora del juego. Lo de los brochures sonará ridículo, pero a veces uno asume que uno vive aquí y anda sin enterarse de cosas chéveres que también se pueden encontrar. Como los jueves de mojitos a $3.50 en el Burén. Hacia allá fuimos encontrándonos con el Monseñor Roberto González. No reaccioné rápido (en realidad, no me atreví), pero hubiese estado cool habernos tomado una foto con él para regalarsela a papi y que sientiera que sus hijos no están tan adentrados por los caminos de la perdición… ;)

Subimos, bajamos, pasamos y volvimos para comer algo en La Mallorca antes de irnos. Aquel era el primer cubano que comía con sabor a clavos de pimienta y piña. Y para Sebastián, aquel era el peor pollo frito que había comido en su vida. Fue nuestra primera vez, pero no será la última: al menos yo prometo volver algún día y probar el Mallorca Burguer con carne hecha en la casa. No suena tan bien en mi cabeza, pero siento las ganas de tratarlo.

Entonces llegamos al Mets Pavillion. Era el primer juego de baloncesto que veía en muchísimos años, incluyendo aquellos en que Seba jugaba en Borinquen Gardens. Ya las reglas se me habían olvidado, pero no el entusiasmo irreprimible y el estrés emocionante. Quise mucho jugar baloncesto de nuevo. Aunque nunca pertenecí a una liga, la otra mitad de mi infancia la crecí con una porción considerable de varones que me enseñaron a jugar street hockey, baseball, handball, baloncesto, Nintendo64, PlayStation y a tirar gargajos mejor de lo que lo podía hacer la niña promedio. Pero precisamente, como la niña que al fin soy, salí del juego con un nuevo amor platónico: Ricardo Dalmau.

Si, googlié su nombre. La poca información que encontré lo convirtió en el próximo Mr. Dreamy. Estaba ready para suspirar con su nombre y docenas de pósters en el techo sobre mi cama hasta que una persona cercana a mí quien una vez lo conoció me dijo que está casado con hijos. Se me rayó el disco. Ya no lo quiero. Oh, but so gorgeous,…! Una razón más para volver a ver otro juego de basket contra los Cangrejeros. :)

Hoy también descubrí que hay una guagua que va hasta Piñones. Si alguien está dispuesto a reservar $2.25 para transporte público con par de pesos adicionales para pastelillos de jueyes, Medallas y muchas energías, be my guest. Esa es la próxima que me voy a zumbar.





• “¡Ooh, doña Soledad!”

2 05 2008

Aproveché que estaba en casa de Tamara para preguntarle qué era la que había con su hermana y Singelringen pues he visto que ella es la creadora del grupo en Facebook y de vez en cuando recibo mensajes de su parte promocionando la sortija. Pues resulta que sí, ella está bien involucrada con el mercadeo del producto. Cuando me preguntó si quería ver la sortija, le dije que sí, y claro que no perdí tiempo en ponérmela. ;)

De primera impresión, me decepcioné un poco porque pensé que, dentro de su sencillez, iba a ser un tanto impresionante. Tal vez es como el caso de los cristales Swarovski, que se ven cabrones en las vitrinas, claro, porque tienen 20 luces encima estratégicamente ubicadas para que la luz atraviese todas sus dimensiones y exalte su brillo y colores prismáticos mientras gira en slow motion sobre un torno eléctrico para que se te pierdan los ojos babeándote con su esplendor. Sácalo de ese escenario y será un mero canto de cristal con alguna forma estúpida como un oso, un perro o un sapo sin ninguna gracia aparente fuera del trágico costo que tiene. Probablemente los chinos tengan un equivalente que se vea igual y esté hecho de sal solidificada…

… No sé de lo que estoy hablando, en verdad, pero los chinos son la changa.

Aún así, admito que me la puse y quise quedármela. Tiene un no-sé-qué encantador que abre la posibilidad a que pueda sucumbir a ella. Y si en el interín me ayuda a conseguirme un jevo, pues bienvenido sea el dichoso aro de plata y acrílico. Y si no fuese así, la sortija se ve muy bien en mi mano de todas formas, a que sí. :)

Ver: • Otro accesorio para capitalizar conceptos

P.S.- Sé que mi anular está violeta. Es lo que pasa cuando te tiñes el pelo y resulta que los guantes están rotos. En la mano derecha también se me manchó el índice y el corazón, pero si en algún momento badtripié, se me pasó rápido al realizar que me serán útiles la próxima vez que vaya a un bar y diga “Dame dos Medallas, por favor”. ;)

P.S.S.- “Doña Soledad”, una de mis canciones favoritas de Lissette en el álbum “Caricatura” (1984, aunque Internet diga equivocadamente 1990). No encontré la letra en la breve búsqueda que hice para complementar este post (jejeje), así que se me ocurrió buscar en YouTube. Tampoco encontré nada, pero encontré ésto que me pareció de lo más mono… ;)

P.S.S.- También sé que “P.S.” en español se traduce a “P.D.” (PostData). El que me conoce sabe que yo tiendo a meterle buenas dosis de inglés a mi español, así que, cuando digo “P.S.”, lo digo con toda la intención de que suene como “pí-es”. Es más, me voy a inventar mi propia abreviación de postinformación. Suspiro. ¿Qué sería de un blog si no fuese por la Licencia Poética. :)





• Las fotos del 18…

21 04 2008

Pues aquí están las fotos de mi brevísimo cumpleaños. En casa ya no celebramos cumpleaños en grande, pero el bizcocho para soplar la vela nunca falta. Eso es lindo. Lo que no es lindo es la foto que papi siempre quiere tomar. Todos siempre salimos feos, tira’os, con ropa de estar en casa, y siempre es en la misma esquina de la mesa con un color diferente en la pared año tras año.

Este año se lo dije: “Papi, una foto no. Estas fotos siempre quedan patéticas y no las usamos para absolutamente nada. O sea,…”.

“Bueno, de aquí a 25 años cuando te des cuenta que no tienes ninguna foto de tus 25 años, te vas a acordar de mi”, me dijo él.

Así que sucumbí a la charrería y me divertí con ella.

Para que vean que no les miento.

La primogénita

Mi cara de foto charra

Es muy dif�cil poner cara de charra

Sooopla!

El suculento bizcocho que me trajo Nani :)





• Viernes Santo

22 03 2008

Sí.
Yo trabajé el Viernes Santo.
“Qué situación más triste la tuya”.
Ya me lo dijeron.
No need to say it again.

Necesitaba inspiración para microfilmar (ya que es nuestra tarea “favorita”), así que me despejé en mis 15 de break. El que me tenga en Facebook ya debe haberlas visto en el álbum mezclado de la serie de Pepas titulado “Ajonjolí” (JA!! Me mato yo misma.). Gracias a Lorna, Cristina y Pedrito por los comments. Ustedes molan. :)

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Llevando la contraria Vista desde el Garet Spot

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Coming In

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Microfilming (…)

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Seniority

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Jenny and Gabitrón, preparando applications. Ese bonche de ahí lo hice yo. Le gané a Gabs.

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Corrí para ésta. Pero así suelo sentarme ahí comoquiera. :)





• Perfume bueno viene en frasco pequeño

8 08 2006

Hace poco compré un libro que me llamó la atención en Border’s llamado “100 formas para auto-motivarse”. Me pareció un libro bastante práctico a partir de la hojeada que le di, y, en efecto, así ha sido por lo que ya he leído.

El primero de los ejercicios se titula “Imagínese que está en su lecho de muerte”. De momento, me chocó mucho el título pq no entendía cómo carajo se suponía que imaginarme tal cosa me fuese a motivar de alguna manera. Pero en fin, lo leí, hice el ejercicio por escrito y, tal como lo advirtió el mismo autor, se me aguaron los ojos al escribir las últimas palabras que deseaba decirle a cada persona que considero importante en mi vida.

Entre tazas de café de Cookies&Co., le comenté a mi madre un poco sobre ese ejercicio. Ella, curiosa al fin (y “de tal palo”, para variar), me preguntó cuáles serían esas palabras que le diría a ella, a mi padre y a las demás personas en las cuales pensé.

- Y a Nani, ¿qué le dirías? – curioseó ella sobre mi hermana.

- ¿A Nani? Le diría que, si tuviera alguna forma mágica de lograrlo, me encantaría que la gente pudiera ver cuán preciosa es por dentro y por fuera.

Ella, sin duda, estuvo de acuerdo con mi opinión.

Me tardé un poco en darme cuenta que esa forma mágica (y digo “mágica” sólo por darle alguna probabilidad irreal a la aparente inexistencia de un método factible para cumplir con dicho propósito) realmente no era tan mágica na’ y mucho menos imposible. Y aunque no sé cuánta gente lee las cosas que escribo (lo cual realmente no me preocupa), descifré que, técnicamente, si cualquier persona en este mundo tiene acceso a estas letras empixeladas, entonces éste es el método “ideal” que estaba buscando para decirle al mundo:

… ¡que Little Nani es una de las nenas más hermosa que podrás conocer en la vida!

Me gusta decir que ella es una tumbita preciada, le puedes decir virtualmente CUALQUIER cosa en este mundo y, si le añades un por-favor-no-se-lo-digas-a-nadie, tenlo por SEGURO que no lo hará, así le rueguen, le chantajeen o se busque algún malrato por ello. Creo que es la persona más fiel que conozco. Sus palabras son calladas y breves, su tono de voz es bajo y tímido, pero detrás de ese silencio hay muchísimas cosas por decir, una mente sabia dentro de la inocencia, y mucha madurez para la edad que tiene, ¡incluso para su corta estatura, jajaja! A veces me sorprende (y hasta me avergüenzo de mí misma), al verla a ella tan selfless y bondadosa, tan leal y dada para con los demás. Verla a ella es casi como ver las cosas que carezco y que yo quisiera tener,… la transparencia silenciosa, el espíritu compasivo tan sereno y noble, pero tan intenso y lleno de emociones apasionadas que solo ella conoce. Si eres afortunado, tendrás el privilegio de mirar directamente a uno de los pares de ojos más lindos que habrás visto en tu vida. Es irónico el hecho de que haya sido un “oops” no esperado, y sin embargo, ella es uno de los regalos más lindos y espontáneos que Dios nos haya podido dar.

Quisiera que Nani lo supiera (ya que no hablo con ella muy frecuentemente y, mucho menos, me atrevo a decirle estas cosas de frente,… me da pachó, jajajaja!),… que la admiro y la envidio por tener lo que yo no tengo, que con ella aprendo a tratar de ser mejor persona, que es un ser muy grandioso, que tiene el poder de lograr cualquier cosa en este mundo si tan solo se lo propusiera, y que vale muchísimo más de lo que ella podría imaginarse. Sobretodo, quiero que sepa que me siento bien orgullosa de ella.

Ojalá y muchas personas fuesen como ella es. Con más Nanis en el mundo las cosas serían mejores. Eres súper linda, súper bella,… más que bella, ¡eres preciosa! Crece, aprende, atrévete, grita, sin nunca dejar de ser la gran little Nani.

Este blog va para ti, canto’e fuckin’ midget.
¡Te quiero mucho, lil sis!