• Alanis tenía razón…

A mis 23 años puedo darme el guille de ser una nena saludable. No caries, no visitas al médico (a menos que fuesen chequeos rutinarios), no operaciones, no padecimientos, no alergias, no bacterias, no hospitalizaciones, no condiciones, no fracturas, no puntos, no accidentes,…no nada de absolutafuckinmente nada. Durante todo ese tiempo tuve alguna tarjeta de plan médico que, más bien, parecía un bonito adorno en mi wallet. Entonces mi padre cambió de empleo, cambió de plan médico, cambió el papeleo y yo, justo hallándome recién graduada de la universidad, me quedé sin poder presentar evidencia de ser estudiante regular. Es en ese preciso gap impertinente que sucede la tragedia más inoportuna de mi vida:



EL ATAQUE DEL CANTITO DE CARNE QUE NO SIRVE PARA NADA

(…can you hear the sinister “da-da-da-DUM!!!”
in the backround?)

Eran las 1:13am del lunes. Había estado en las Fiestas de la Placita Roosevelt con Elliot, y lo que prometía ser una noche de habladuría chévere entre panas con par de beers, quedó interrumpida por un malestar repentino.

Abrí la puerta de mi carro. Mis quejas quedaban enmudecidas por las respiraciones profundas que hacía para disminuir las ganas que tenía de vomitar. No pude pararme derecha, pero corrí como pude a mi casa. Entré al baño y, con prisa, empecé a despojarme de la mitad de mi ropa. Mis medias, mis botas españolas, mis mahones y las alfombras del baño volaron hacia el pasillo (es que soy una prepa en esto de vomitar y pues,… hay que tomar precauciones en caso de que me falle la puntería). Me agaché mientras miraba la cueva en el fondo de la bacineta. “…Rayos…”, dije con dolor pensando en esos segundos lentos que estaba viviendo con ese dolor tan intenso, esas náuseas tan inminentes y ese miedo de no saber qué carajos hacer. Me pasó por la mente lo que tal vez podrían pensar mis papas si los levantaba: que Alexandra a lo mejor está ebria pq estaba jangueando en las fiestas de la Placita Roosevelt, que se dió más Medallas de lo normal y por eso ahora tiene ganas de chonkear. Qué bonito, ¿ah? Pero no, no hay break de que piensen eso; estoy demasiado sobria. Así que qué se joda. Me paré como pude, los desperté, y entre los dos, buscaron algún remedio para aliviar el dolor…

Dáte palmadas en el abdomen,…
Quédate agachada y trata de vomitar…
¿Quieres una cucharada de Mylanta, a ver?…
Acuéstate de lado…
Masajéate el estómago…
Trata de ir al baño…
Acuéstate del otro lado a ver,…

“…No se me ocurre otra forma de que se le quite el dolor, Edgar.”

Ante el desconcierto de mis padres, supuse que yo era la única que sabía qué hacer (por aquello de que la única que sentía era yo), so lancé una idea que hacía un rato se estaba cocinando en mi cabeza. “Llama algún número,… que se yo,… al 911 y pregunta cuáles son los síntomas de apendicitis,…”. Me retorcía en el suelo, me agachaba, trataba de pararme, gateaba en el piso y, aunque no lloraba, el gemido y la cara desfigurada no se hacían menos. “Pues,… no hay de otra. Vamos a llevarte al hospital”.

“La chica no tiene plan médico…” le advirtió mi padre a la mujer detrás de la ventanilla de la Sala de Emergencias.
“Pues serían $250 dólares”, le contestó la enfermera mientras mi madre esperaba conmigo a lo lejos.

Mi madre me acariciaba el pelo, tal como si fuese una medicina apaciguante.
“Hay gente que llega a emergencias con dolores bien malos y resulta ser un gas”, me contó. “¿Tu te imaginas que lo tuyo sea un peo atravesa’o? ¿Y nosotros pagando $250 por ello?”
“Pues,…” me esforcé en decir, “…será el peo más caro de nuestras vidas, entonces”, logré balbucear antes de que nos destornilláramos de la risa, lo cual me dió más dolor todavía. Supongo que es una habilidad que tengo, el poder reírme mucho en momentos perros.

Y así, luego de que me espetaran un suero, de que me sacaran sangre, de que me tocaran el abdomen mil veces, de que me hicieran veinte preguntas, de que me movieran la pierna derecha de un lado a otro, de que me preguntaran si había alguna posibilidad de embarazo (y de que mi madre me amenazara con “más vale que estés diciendo la verdad, pq sino, te cojo aquí mismo por el cuello y te lo aprieto así bien duro…”), después de que me hicieran rayos X, de que vomitara oficialmente por primera vez en 14 años, de que me dieran morfina, de que se dieran cuenta de que podía tratarse de apendicitis y de que allí no habían cirujanos para operar, de que me montaran a una ambulancia y me trasladaran al Hospital de la UPR de Carolina, de que me hicieran firmar diez papeles, de que me examinaran seis doctores diferentes, de que vomitara dos veces más, de que me sacaran sangre de nuevo, de que me inyectaran una nalga, de que me hicieran un sonograma, de que especularan por enésima vez que “podría tratarse de apendicitis” y me hicieran esperar 19 horas con dolor, hambre, frío, resequedad en los labios y sabor amargo en la boca, alguien fue iluminado finalmente por luz Divina y palabras glorificadas:

“Cámbiate de ropa que vas a entrar a sala de operaciones ahora”.

Thank Lord Baby Jesus!

Entre sedantes, dolor y sueño, me quité mi ropa como pude y me puse la bata de papel. Dos o tres veces salí de trance con alguna voz diferente llamándome. ¿Señorita Cruz? Necesito que firme este papel. Aquí se habla sobre blablablablabla no me importa, no puedo oír nada, ahí tienes la firma así se trate de vender mi alma arr diablo con tal de que se me quite el dolor. Aún no sé si mis ojos estaban desorbitados por el cansancio sonámbulo de los sedantes o si se trataba del pasme de saber que en breves minutos pasaría por una experiencia totalmente desconocida. Esto de tener a “Alexandra Cruz” y “operación quirúrgica” en una misma oración como que no es lo mío.

Allí me pasearon en camilla por los pasillos, mi suero guindando de un stand, mis padres caminando a mi lado como en las películas. Mi padre ponía una mano sobre mí mientras susurraba unas cosas ininteligibles que sabía parte de alguna oración a Dios, y mi madre me besaba una mano mientras me aseguraba que todo iba a salir bien y que, dentro de poco, terminaría ese dolor tan nasty que tanto rato llevaba aguantando. Y así, me despedí de ellos, me entraron a sala y me informaron el proceso mientras temblaba de frío (¿o de miedo?). Me inyectaron un sedante y pestañeé una vez para no volver a abrir los ojos hasta dos horas después, encontrando un parcho blanco en mi abdomen que apareció allí por arte de magia… un poco más arriba de lo que pensé, actually, ya que el doctor me había asegurado que la herida sería bajita para que el panty me la cubriera. Y digo,… ¡a menos de que yo use panties de vieja…! Jesus Christ…

Un enfermero se apareció por la madrugada en el cuarto donde pasaba la noche:
“Mi amor, ¿cómo te sientes?”, me dijo con un entusiasmo homosexualmente encantador.
“…Ehhhhh…” me quejé yo.
“¿Quieres que te traiga más morfina?”
“¡Sííí, pol favooool….!”, le dije con gratitud.
“Ay, nena, usted imagínese que yo soy un jugo de Suiza Fruit: ¡Usted PIDA POR ESA BOCAAA!!”.

He’s the best. I’m blessed.

Mientras “Suiza Fruit” abría mi suero e introducía el ardiente shot que bajaba por mis venas, me acordé de una melodía noventosa que empezó a aparecer en mi sien como un fade-in radial… An old man, turned 98,…He won the lottery, and died the next day,….dadada, da, da-raa, da-ra-ray,… Well, life has a funny way of sneaking up on you when you think everything’s okay and everything’s going right…

…Yo sabía. Yo sabía que detrás de esas palabras tenía que haber algún sentido, alguna razón, alguna sabiduría atractiva que me sedujera a ser fiel oyente de Jagged Little Pill, aquel famoso primer álbum de Alanis Morissette, ese de cuando era una rockera rebelde, una mujer despechada y llena de rencor que gritaba “You-You-You Oughta Know!!” y que danzaba sobre tarima en un reguero de pelo detrás del cual escondía su cara y su mirada retante (o dolida, tal vez) por aparentemente haber crecido en un mundo demasiado oprimido y limitado. Eso fue mucho antes de que se pusiera a darle gracias a India, a salir desnuda en televisión, a recogerse el pelo con su rostro iluminado, antes de que su voz se convirtiera en un melodioso waltz poposo que muchos terminaron rechazando…

No me gusta tanto irme en filosofías sobre “la-vida-es” pq,… qué se yo, la vida es para cada cual un cuento individual. Es mucho y es nada. Es tanto y es poco. Es blanca y negra. Reducirla a una oración me parece una patada en los huevos que no surte el golpe que uno desea. Como que se queda a mitad. Pero no puedo dejar escapar un momento tan fuckin’ irónico como este para cuestionarme ¿pq carajos a la vida le da con explotarme el apéndice justo cuando no tengo plan médico?? ¿Pq no me hizo eso durante los 23 años en que SI estaba cubierta por Triple S, Humana, Cosvi y Cruz Azul…puñeta…? ¿Y pq a mí, que soy la niña saludable??

Ese es mi lema de hoy: “la vida te explota el apéndice en la cara cuando menos lo esperas. Así que cuídese mientras el Plan Médico lo cubre.”

Coño.

Other than that, debo decir que esto fue una experiencia muy excitante para mí. Claro, eso es ahora pq no siento dolor. El ride en la ambulancia, la morfina tan deliciosa, la anestesia espinal que realmente mata cualquier sensación en las piernas (¡me da cosquillas el solo acordarme!), las trillitas en la camilla, los masajes del aparato del sonograma, el enfermero gay que casi me causa una hernia con sus comentarios tan cabrones, y sobre todo, la pulsera SÚPER COOL de paciente de hospital que voy a añadir a mi colección de pulseras irrelevantes,….¡wowww! Y la herida en mi abdomen, ni se diga: now I’m a real Bad-Ass, baby, ¡Jajajaja! (…ok.)

So, sufrir un rato fue interesante y divertido después de todo.

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P.D.- Quiero no-terminar este blog sin antes darle las gracias a Elliot por estar pendiente y visitarme a mi casa, a Héctor y Hernán por haberme visitado al hospital después de que me dieron de alta, a Karina, Mari y Tamara por ser amigas y haberse sorprendido cuando lo supieron (¡jajajaja!), a Lys por llamarme y preocuparse, y a Fran por molestarse conmigo por no haberse enterado antes.

Gracias por el cariño.

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Publicado el noviembre 25, 2006 en Familia y Amigos, Lecciones, Publicado en MySpace, Vida y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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