• Trepando Paredes

Estas últimas tres semanas han sido muy agotantes para mi. Me habían llamado del lugar donde hice práctica para que los ayudara en algunas cosas antes de un evento importante que organizan todos los años. A la vez, corría con mi part-time (marrdito), lo cual, en resumen, implicaba trabajar lunes a viernes desde las 9a.m. hasta las 11p.m. saliendo de un trabajo para correr al otro. A son de café, resistí el agotamiento físico que conllevaba ese empuje, mas no me pesaba hacerlo en lo absoluto pues siempre es bueno aprovechar experiencias como esa y más si me mantienen ocupada buena parte del tiempo. Pero hubo algo durante ese tiempo que fue diferente. No fue el hecho de aprovechar una pequeña y breve oportunidad para formar parte de algo. Tampoco fue el dinero extra. Fue algo muy sublime y muy personal, barely noticeable, pero ciertamente un poco “mágico” para mi, solamente pq es emocionante cada vez que uno descubre algo nuevo para uno mismo.

Confieso: I’m not much of a phone person. Los que me conocen saben que yo no llamo a muchos. Con mucha emoción, recibo cualquier llamada que me hacen mis amistades o familiares, pero dependiendo del mood, llamar puede resultarme medio “ladilloso” (o pesado, en buen venezolano). De los 600min que cubren los $55 mensuales que pago, no uso ni la mitad contando las llamadas recibidas y noches/fines de semana gratis. Y por ese mismo desencaje que tengo con el tal aparato del cual muchos no conciben despegarse, suelo olvidar mi teléfono en mi casa, en mi carro, bajo mi almohada, o en el bolsillo de algún mahón.

Típico: los panas suelen quejarse de que “¡te llamo y tu siempre con la pichaera!”. Mis padres, por su lado, piensan que lo hago a propósito para complicarles la existencia. Mi voicemail tampoco es tan útil a estas alturas en que, poco a poco, conocidos han ido realizando que dejar un mensaje no es garantía de que devuelva la llamada. Pero eso no es por mala fé. Es una mala suma entre el despiste y el procastinaje: olvido las cosas que debo hacer dejándolas mejor para después.

Si eso es con la gente que quiero, entonces se puede deducir que hacer una llamada para alguna diligencia es tarea mala para mi, sobre todo pq a veces puede provocarme una cierta incomodidad que me espacea y me hace decir cosas con sentido medio raro. Es ahí donde entra mi naturaleza de “pensar bien las cosas antes de actuar”, por lo que a veces me hallo a mí misma pensando bien en lo que voy a preguntar o decir antes de marcar un número de oficina o algo por el estilo. And still, a veces termino sonando como una misma idiota de todas formas.

Actually, no es tan drástico como puede sonar,…
…pero solo quiero que captes la idea de
que no me gusta mucho hacer llamadas.

So, cuando me dijeron en la agencia que tenía que llamar a 15-20 compañías para exigirles que entregaran unos listados importantes,… ya podrás imaginarte como me sentí. ¿Yo? ¿Una mocosa regañando por teléfono a sabe-Dios-qué-ejecutivos-o-profesionales? ¿Encima de mis issues telefónicos? Uyy. Para colmo, no tenía una idea muy buena sobre lo que yo tenía que pedir o las cosas que debía decir si me hacían alguna pregunta en especifico. Además, yo, inocente-palomita-Alexandra, ¿de dónde iba a sacar los ovarios y la actitud para exigir documentos por teléfono? No era como que estaba por frikiarme, pero sí sentía la incomodidad y la inseguridad de “cómo-carajos-voy-a-hacer-esto-bien-sin-sonar-como-una-perfecta-tonta”.

Sin embargo, eso de “hacer las cosas sin pensarlo mucho” tenía que ser útil de alguna forma. Así que le picheé a mi psyche, agarré el teléfono, marqué los números y esperé.

Primera llamada: gagueé.

Segunda llamada: hice mejor sentido cuando lo tuve que repetir.

Tercera llamada: el hombre al otro lado de la línea dijo “Tu eres bastante joven, ¿verdad? Tu voz suena así”…

…Excelente. El tipo se acaba de dar cuenta
de que está hablando con una chamaquita
por teléfono. There goes my credibility.

No sé cuántos cafés me di en el interín o cuántas veces inhalé profundo, pero somehow lo hice. Una vez terminé la lista, me dieron otra. Esta vez con más de 30 números a llamar. “Mierda, I don’t really like doing this,…!”, pero comoquiera le metí mano al teléfono pq prefiero mortificarme antes de que piensen que no estoy dando lo mejor por hacer un buen trabajo, aunque sea una estupidez como ésta.

Sin embargo, para mi leve sorpresa, con cada llamada que hacía iba entendiendo mejor la cuestión. Digo, así es todo, ¿no? Le coges el swing mientras más veces lo hagas. Pero pronto vi que estaba haciendo más llamadas por minuto que hacía un rato y que las palabras fluían mucho mejor que durante la mañana. Empecé a pensar que no era tan difícil como yo había creído, que era solo cuestión de meter el dedo y decir las cosas como son sin mucho self-consciousness, y qué se joda. Un rato después, la persona que me encomendó la tarea me dijo con sorpresa: “Nena, yo no sé qué tu estás haciendo, ¡pero todo el mundo está mandando los listados como loco…!”

Entonces comencé a comprender que aquello era una complicación mental mía sin sentido y que, lejos de tener que intimidarme, aquel teléfono servía como un medio para yo asumir el poder que me diese la gana usando tan solo mi voz. Estupidísimo y misceláneo como es, me sentí como un Pókemon en un second stage de evolución. En adelante, agarré aquel teléfono como la tremenda bichota que no soy y regañé al que tuviera que ser regañado, o vacilé con el que me montara conversación,… o con el que ya yo hubiese llamado suficientes veces como para que me reconociera la voz. En poco tiempo, todos los documentos que faltaban empezaron a fluir a través de emails, llamadas, mensajeros y empleados enviados. Todas las compañías empezaron a responder mis ultimátums como si nadie se los hubiese pedido antes.

Y bueno, since this is my blog, no pido permiso para citar a un tipo que antes he citado:

26. Corra hacia su temor

El secreto mejor guardado del mundo es que del otro lado de su temor se encuentra algo seguro y benéfico esperándolo a usted. Si atraviesa aunque sea la línea del temor, aumentará la confianza que tiene en su habilidad de crear vida.

El general George Patton dijo: “El temor mata a más personas que la muerte”. La muerte nos mata, pero una sola vez, y ni siquiera nos enteramos. Pero el temor nos mata una y otra vez, suavemente algunas veces y brutalmente en otras. Pero si seguimos tratando de evitar nuestros temores, estos nos cazarán como perros persistentes. Lo peor que podemos hacer es cerrar los ojos y pretender que no existen.

(…) Emerson dijo en una ocasión: “La parte más grande del valor es haberlo hecho antes” (…) El temor de hacerlo solo se puede curar haciéndolo. (…)”

El torrente que tenemos después de correr a través de la cascada del temor es el sentimiento más energizante del mundo. Si alguna vez se encuentra desmotivado, encuentre algo que tema hacer y hágalo, y vea lo que sucede.”

-Steve Chandler en “100 Formas de Automotivarse”

¡Y es que es así! Es simple, and still uno lo resiste. Mientras estuve trabajando en aquel lugar, pude “trazar un highlighter” en alguno de esos miedos pequeños e inútiles que hay detrás de mi cabeza. Poco a poco me di cuenta que no necesariamente son miedos. Más que nada, son límites fabricados por la timidez, por no atreverme a hacer cosas simples que realmente no cuestan nada,… cosas que, a la vez, privan a uno de pequeñas (o grandes) experiencias pompeadoras. O sea que, cuento largo hecho corto, poner límites imaginarios termina funcionando en detrimento real propio. Asumo yo (y digo “asumir” pq estoy en proceso de ponerlo a prueba) que, de tal actitud, entonces se podría sacar un crecimiento personal bien chévere. Y si no se crece, al menos se saca el “sentimiento más energizante del mundo”, como dice Chandler. Eso sí lo he experimentado. And that alone makes it really worth it.

Lo que empezó con un teléfono con el cual decidí desechar un issue pendejo, terminó convirtiéndose en un reto personal de, por un momento, trepar las paredes que delimitan mi comfort zone de pocos riesgos y de seguridad no retada para salir y atreverme a hacer algunas cosas que normalmente (y pendejamente) no me atrevería a hacer con mucha facilidad. Siempre es bueno salirse de uno mismo y verse desde afuera para darnos las galletas emocionales y sacudia’s que nos hacen falta.

Es difícil hacerle cambios drásticos a una personalidad a la cual ya se está acostumbrado, pero escribo esto a manera de “reminder” en un intento de constatarme que las barreras de mi cabeza serán tan apretadas como yo se las permita ser y para recordarme que la voluntad es un estado mental auto-establecido, no una “condición” incambiable. Mientras no hay necesidad ni deber en competir con nadie, la única persona con quien sí se debe procurar competir es con uno mismo. Y no se trata solo de eso, sino también de ganar sus propias batallas internas, que es lo importante, ¿no?

Entretanto, si a ti te sirve de algo también, pues, súper cool.

Anuncios

Publicado el enero 31, 2007 en Lecciones, Personal, Publicado en MySpace, Vida y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: