• ¡Después de convulsionar…!

El otro día subí fotos viejísimas a Facebook. Jamás hubiera imaginado la cantidad de notificaciones que iba a generar ese álbum (sobre 150) ni la clase de pavera que iríamos a sufrir por dos horas, las lágrimas, los infartos, las contorsiones de cuerpo, las manos en la boca tratando de amortiguar el ruido, y los aplausos cuando ya era inevitable.

No tengo ninguna duda de que tanto la infancia de Seba y de Nani (aunque la de ella fue un poco diferente por haber llegado más tarde) como la mía, fue de las mejores. Y gran parte de ello se lo debemos a gente linda y buena que al día de hoy siguen siendo nuestra “familia” en cariño y espíritu. Mis mejores memorias de…:

Los Ravelo (Esteban, Lolyn, Alaina y Clari): los bubble-baths, el boombox turquesa de Alaina, “Amor Prohibido, murmuran por las calles” y la sala prestada para sentarnos a ver “Maripily” por SuperSiete. Los sandungueos ripiau’s de Esteban, o cuando se sentaba con una cerveza en la mano y le pedía a papi: “Compadre,… póngame el CD de Luis Miguel”.

Los De Jesús (Rubén, Eva, Valeria, Andrea y Evita): las cejas de Eva (gracias a su mirada tan vigilante, aprendí a intimidar con las cejas, ¡jajaja!), la cajetilla de Rubén en el hombro y sus espejuelos, los otros bubble-baths, la LENGUA DEL TENNIS!!, las compras en el súper, Winnie the Pooh, el Atari, La Familia Katrasca, y los videos de CamCorder,… wow. Se guillaban.

Los Flores-Watts (Eduardo, Ivy, Erick y Yeira): la risa de Ivy,… incomparable. El Nintendo, el Tetris, y Erick resolviéndonos cuando le cogíamos miedo a Koopa en las últimas tablas de SuperMario 1, 2, y 3. Las vueltas de Yeira que se pasaba bailando por todo el pasillo, el chichón de Erick cuando se metió contra la pared corriendo la patineta de Seba, y los Pop-Tarts de Uva que no he vuelto a ver.

Y más del resto del Piso Nueve: Las corridas en el pasillo, los big-wheels, los patines y las Magic Nursery Babies. Las peleas con Loyda por no querer ser mi role-model, los tripeos que me montaban por yo haber estado enamorá de Carlos (¡todavía es la hora en que me la montan y yo aún no lo recuerdo…!), y las reuniones de las mujeres en algún apartamento pa’ beber café y contarse lo último. Doña Tutti huyéndole a las cámaras, abuela Benny complaciéndonos con esquimalitos y dulces, y Noelia peleando con nosotros porque hacíamos demasiado ruido. Los parties que empezaban con un rolo y una paila de pintura, seguido por otro rolo y una neverita llena de cervezas, seguido por otro rolo y un boom-box cocolo, seguido de otro rolo y munchies, terminando con manchas de pintura en los brazos, sandungueo frente a los elevadores y mujeres parloteando en sillas marca Rubbermaid. Los campings en Combate y los que hacíamos en la grama-patio detrás del edificio “A” cuando no queríamos zumbarnos la longa. Los campamentos de verano, el Bautismo masivo donde todo el mundo apadrinó a todo el mundo, los intercambios de juguetes en el día de Santa Claus, los sleep-overs y los inventos y chismes inevitables entre una colorá, una prieta y una rubia: el combo de girlies ideal pa to’s los sabores y actitudes.

jibarito

Escribo este post a manera de agradecimiento, semblanza, elogio o como le quieran llamar. Mi más desprendida gratitud por esos seis años tan ricos y tripiosos en Los Robles y por los años que vinieron después hasta el sol de hoy…

Tienen un canto Culebrón vitalicio garantizado. :)

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Publicado el marzo 30, 2008 en Familia y Amigos y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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