• Del “mucho gusto” al “click” (o alrevés) y todo lo demás

Vi un canto de la entrevista que le hicieron a Isabel Arraiza, la chica de los 15 acentos internacionales, en el programa “Buenas Noches con Silverio” por el canal 13. Esa nena está guillá. Ha cogido una fama fulminante de buenas a primeras en tan sólo cuatro meses. Tan así que, no sólo ha estado en el 13, sino también en “No Te Duermas”, Primera Hora y Fidelity 95.7FM. Si no fuese por YouTube, tal vez nadie sabría quién es ella, ni la habilidad peculiar que tiene, ni tuviese medio millón de views en su “Monólogo Idiomático”. Eso me hizo pensar en un tema el cual he discutido anteriormente con amigos míos…

“Si no fuera por YouTube,…” o MySpace, o Facebook, etc.

El caso de Isabel es particular debido al inusual e impresionante talento que tiene, pero hoy día no es muy difícil ser conocido gracias a la internet, incluso, sin pretender o querer serlo. Y cuando digo “ser conocido” me refiero a algo tan sencillo como reconocer a alguien en la calle que sabes que nunca habías visto en persona, pero sí muchas veces por internet. Fue así, por ejemplo, como conocí a ASLAN cuando Pedrito nos presentó:

“Un placer, yo soy Alexandra.”
“Yo Kike. A ti como que te he visto antes…”
“Pues,… no sé, ¿dónde?”
“¿Cuál es tu nombre en MySpace?”
“Culito de Pan…”
“¡Ja! Yo quién tu eres.”
“¿Y cuál es el tuyo?”
“ASLAN…”
“¡Ahh, yo quién tu eres también!!”.

Naturalmente, los tres nos echamos a reír ante el cómico papel social que juega MySpace en nuestras vidas, irremediablemente. La verdad, la dínamica que desata es bien nítida y divertida. Como esa experiencia he tenido otras parecidas, todas igual de cómicas. Pero si nos sentamos a pensarlo bien, ¿no es como que un tanto freaky?

Whatever happened to shaking hands and “nice to meet you”?

Estamos hablando de que algo tan simple como el orden natural de interacción social se ve totalmente trastocado por el internet, a veces, sin tu tan siquiera saberlo. De momento el proceso de que te presenten a alguien y parta una interacción comenzando desde cero, cambia a que ahora tengamos que asumir la posibilidad de que el otro sepa un poco más sobre uno de lo que uno se imagina.

Incluso, hasta ese mismo proceso de que te presenten a alguien, hablen un rato, se den cuenta que son personas cool con potencial de panismo y cambien contactos para seguir jangueando, cambia a otro proceso reversado de conocer a alguien virtualmente para que eventualmente surja la curiosidad de conocerse en persona basado en que, aparentemente, la persona parece ser súper cool. Pero de Internet a la vida real pueden haber veinte cosas que hagan que ese encuentro sea, o más cool de lo imaginado, o un total desastre sin rescate que valga pues, no importa cuánto sepa el uno sobre el otro, siguen siendo desconocidos expuestos a las arbitriaridades del cosmos. Es una apuesta latente y forzada que me he zumbado un par de veces (gracias a Dios, sacando panas que hoy por hoy son súper amigos míos), pero realmente no sigue la dinámica lógica ni la fluidez natural a la cual la mayoría de nosotros estamos acostumbrados.

Cuando algo se cuela inevitablemente por la grieta

Lo más impresionante es que ni siquiera hay que llegar a interactuar cibernéticamente con alguien para que sepan quién eres. Basta con tener un poco de acceso a tu profile o el profile de un amigo tuyo para así saber algo de ti. No digo esto en nota trágica ni de preocupación. No creo que exista algo de qué preocuparse cuando la seguridad cibernética está bastante desarrollada como para que todos controlemos lo que querramos que la gente sepa o no sepa sobre nosotros: el que no lo controla es porque no quiere o porque no se ha tomado la molestia en aprender a manejar sus opciones de privacidad. De todas formas, para mí sigue siendo raro reconocer a alguien en la calle y estar a punto de ir a saludarle justo cuando recibo a tiempo una alerta mental diciéndome “Stop! No le conoces, solo le has visto miles de veces en las fotos de Eleuterio”.

Y eso es cuando me acuerdo. Malo es cuando la cara me es ultra familiar y empieza el vómito mental: “¿De dónde siento que le conozco? ¿Me lo habrán presentado? ¿Habremos hablado alguna vez? ¿Me mira así porque me conoce o porque me reconoció? ¿O acaso es que sin querer le estoy mirando demasiado y parezco psycho? ¿Será que sencillamente le he visto demasiadas veces en Facebook o MySpace? ¿UPR? ¿UHS? ¿Trabajo? ¿Pana de pana? ¿Mutual Friends? ¿Top Friends? ¿Tagged photos? ¿Friend Request? ¿What??”.

En conclusión

Es intrigantemente fucked up.

Siempre está el que se atreve a preguntar. Yo, ante la duda, prefiero quedar como bicha y no saludar por si acaso, no vaya a ser que pase una vergüenza y me den por algaro. Si me presentan y siento el aire de confianza, lo comento. Pero ante todo, fluyo. Fluyo como si no fuese conmigo dejando que las cosas vayan cayéndo por su propio peso según el orden que la ciencia, el cosmos, Krishna, el destino o el Espíritu Santo lo dicten. Es así como mejor he manejado la inesquivable intromisión del Internet en mi vida personal.

De cualquier forma, podemos decir que, oficialmente, la magia social solamente se hace cada vez más interesante.

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Publicado el mayo 4, 2008 en Opinión, Personal, Vida y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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