• “A la azotea, por favor.”

El otro día tuve una mañana particular, de esas mañanas que son un poco morroñosas pero comoquiera se tiene buena disposición. Mientras bebía una taza de café frente al televisor antes de salir a trabajar, pensé de momento (y sin razón) en mi vida y mi estado de salud el cual, aunque está en buena condición, podría “pasarme la factura” eventualmente si continúo con el estilo de vida que llevo.

Sin querer, verbalicé el pensamiento:

– Dios mío, tengo que hacer tantos arreglos en mi vida…
– ¿A qué te refieres? – preguntó mi madre mientras pintaba una columna del comedor con brocha en mano.
– A todos los malos hábitos que tengo.
– ¿Como cuáles?
– Pues,… como el insomnio, el beber mucho café, la fumaera, la alimentación algarete,…

Ella sabía a lo que me refería. Ella misma se preocupa más por esas cosas que yo.

– Viste, sí, yo creo que tu andas como que descuidaíta.
– Lo sé, lo sé – le contesté como quien pichea mientras empezaba a arrepentirme de haber pensado en voz alta.
– Y fíjate lo linda que se ha puesto Margarita*, o sea…

( … ¿Margarita?)

– Ehh,… ¿qué tiene que ver Margarita?
– Pues chica, que ella era súper fea. Tú te acuerdas, ¿no? Y mira lo linda que se ha puesto.
– Pero,… ¿de qué tú hablas?
– Nada. Que si ella pudo, a ti te sería un mamey.

( ¿Ahh?? … ‘Pérate, ‘pérate, ‘pérate…)

– … Este… ¿Acaso tú me estás diciendo fea? – le pregunté, bien incrédula yo.
– No, eso no fue lo que quise decir. Estoy diciendo que, ya que estás hablando de hacer arreglos, sería bueno que te arreglaras un poco más.

( … WHAT?! No puedo creer ésto.)

– … Te estoy hablando de hacer arreglos de SA-LUD.
– Pues. Yo te estoy hablando más o menos de lo mismo – insistía en justificarse.
– No. Tú me estás diciendo fea.
– Yo no te estoy diciendo fea. ¡Si tú eres mi hija y eres lo que más adoro!
– Me dijiste fea – y me negué a darle la sonrisa que me estaba tratando de sacar.
– No, yo no te dije eso. Digo que si Margarita se puso tan linda con lo fea que era ella –
– Me estás comparando con Margarita – la interrumpí. – Eso a mí no me suena a otra cosa más que me estás diciendo fea.
– ¡ALE! ¡Que no te estoy diciendo eso! Solo quiero decir que,… ¡pues…!
– No puedo creer que me estés comparando con Margarita.
– Otras veces has estado más linda, tú lo sabes…

(¡JAA! ¡Ésto es el colmo!)

– Diablo, mami,… parece mentira. Te guillas.
– ¿Qué hice??
– No puedo creer que yo te exprese mi preocupación por mi salud, que debería dejar de fumar, alimentarme mejor, ejercitarme, o sea, cosas realmente importantes, y tú me salgas con una frivolidad como esa, ¡y encima comparándome con Margarita!! Que by the way, si con algo yo me siento bastante cómoda es con mi apariencia.
– Pero si no te recortases más el pelo…
– ¡El pelo crece!! ¡Déjalo ser! ¡A mi me gusta así! Además, el pelo es una cosa. Decirme fea es otra.
– No te dije fea.
– Me dijiste fea.
– No te dije fea.
– Me dijiste fea.
– No te dije fea, Alexandra, por Dios. Solo te dije que podrías arreglarte más.
– “Fea”.
– ¡Ay, Alexandra…! ¡Es una mañana brillante! Y estoy pintando esta pared de “bright yellow”. ¡Good morning, Sunshine! Yo me siento feliz.
– Y tú acabas de hacer mi mañana gris.
– ¡Claro que no! No lo tomes así…
– Mi madre me dijo fea…
– ¿Vas a seguir?
– … en vez de decirme “Coño, Ale, sí, deberías hacer par de arreglillos. Qué bueno. Ay, sí, deja de fumar. Pompéate”. Pero noooo, no, no. Tiene que decirme que podría verme mejor.
– Ay, Señor,… dame paz, dame paz, dame paz,…

(Tick-tock, tick-tock, tick-tock…)

– … Me voy.
– ¿No te vas a despedir de mí?
– Me dijiste fea.
– Bueno, al menos puedes darme las gracias por el desayuno, coño…
– . . .
– ¿Yo no valgo ná en ésta casa?
– Gracias – agradecí sin despegar los dientes.
– De nada. ¡Te quiero, mi nena!
– No vengas. Ya me dijiste fea. Esto va a tomar mucho tiempo de reflexión, perdón y recuperación.
– Ay, Diosssss mío…. ¡QUE NO TE DIJE FEA!
– Ya el daño está hecho.
– Tu sabes más que eso.
– Lo único que sé es que mi madre me dijo que si Margarita pudo, yo también puedo.
– No jeringues más, es lo que tienes que hacer.

Ahora, tan solo por joder, quisiera tirarme un “Britney” y teñir el centímetro de pelo que me quede de color azul, su color favorito, pa’ que me diga “fea” con razón fundamentada y pa’ que enyoye de verdad (¡jajaja!).

Dedicado a mi madre, quien a veces me lleva por el camino de la amargura paralelo al de la felicidad.
¡Yo también te quiero!

*Nombre fue cambiado para proteger la identidad de la persona.
… Y para que no se entere de nuestra honesta opinión, claro está. :)

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Publicado el junio 13, 2008 en Familia y Amigos, Humor, Personal y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Como ya te he dicho… creo que eres un genio y tienes muchas posibilidades en el mundo de la escritura.

  1. Pingback: • ¡Ay, chúz! « Post-Baked

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