• ¡Vaya, Mamita…!

Uno de mis conflictos internos más latentes ha sido la aparente inabilidad de poder clasificar mis ideologías en un lado u otro. Según mi familia, tengo tendecias liberales. Según la sociedad, soy conservadora. Según los cercanos, a veces creo en cosas que se contradicen y no hacen sentido (¿cómo que no hace sentido?), como creer en Dios y en los aliens, o creer en la heterosexualidad como el único orden natural de vida a la vez que tengo un corillo de panas gays bien close. Tal vez podría continuar con ejemplos, pero me niego a sufrir una crisis existencial cuando apenas comienzo este post.

En fin, que me parece que el mundo evoluciona mucho y es estimulante tratar de comprender las cosas que suceden desde una justa perspectiva. Pero hay algo que no puedo entender aún. Me refiero al reguero de géneros que se ha desatado apartir de dos cosas tan naturales como lo es el ser hombre y ser mujer. Ya ni Facebook se atreve mucho a bregar con la cuestión por miedo a ofender a alguien que tenga vagina pero se sienta hombre, o una persona que se haya cambiado de sexo dos veces y no pueda decir que es una cosa u otra.

No sé cómo se siente estar atrapado en un cuerpo con género equivocado pues nací mujer, me siento mujer y me encanta ser mujer, así que no tendré el atrevimiento de decir que puedo entenderlo. Sí comprendo que todos tenemos un deseo intrínseco de encontrar nuestra propia felicidad. Pero a diferencia de muchos órdenes que han sido establecidos por el hombre durante siglos y que ahora se han ido refutando a velocidad apresurada (esclavitud, matrimonio, derechos, etc.), el género sexual no es impuesto por nadie, sino que nacemos con ello. Y a pesar de que creo que la homosexualidad no es algo que se escoge sino que se nace (o al menos muchos de los casos), pienso que una cosa es tener una preferencia sexual y otra es alterar el cuerpo propio y luego pretender negar su origen. No quiero sonar intolerante o irrespetuosa pues respeto a todo ser humano sin distinción alguna, pero me parece que jugar con la naturaleza humana es como atentar contra un órden natural (llámelo “divino”, “universal”, “cósmico” o como guste).

Y como si no fuese lo suficientemente confusa la cuestión, ¿ahora resulta que los hombres también pueden parir? No me refiero a Thomas Beatie, quien recientemente dió a luz una niña, sino a Lee Mingwei.

Me topé con su historia por internet hace no mucho apesar de que tiene dos años ya, so probablemente ya ustedes la saben. Pongo en duda su veracidad pues en YouTube se puede encontrar un video uplodeado en Septiembre 2006 en la que él alega que tiene 4 meses de embarazo, lo cual significaría que debe haber dado a luz no más tarde de Febrero o Marzo de 2007. Si me preguntan a mí, me parece que esa historia está como para haber hecho más ruido que Dolly, la oveja clonada, pero yo no he escuchado nada en los medios…

Independientemente de si es una historia real o es todo un truco, sí existe un procedimiento (¿teórico o práctico?) de cómo llevar a cabo un embarazo masculino. En palabras mascadas para su digestión, se parte del hecho de que, si una mujer puede tener un embarazo fuera del útero (embarazo ectópico), entonces el mismo no es indispensable para gestar un feto, por lo que un hombre podría quedar embarazado también. Con la ayuda de buenas dosis de hormonas, se puede preparar el cuerpo masculino para hacerlo receptivo a una implantación de embrio y se puede realizar una inseminación artificial en una membrana particular de la cavidad abdominal. Una vez haya ocurrido la implantación, el cuerpo puede abandonar las hormonas artificiales para que el embrio provea las suyas propias una vez se apodere del cuerpo, desarrollándose así la gestación de una criatura.

¿Suena sencillo? El peligro yace en que, como cualquier masa de tejido creciente (o como cualquier embarazo ectópico, for that matter), el feto y/o la placenta pueden perforar y/o adherirse a cualquier órgano interno del padre “madre” al no haber un saco (ahem, ¿útero?) que lo protega y aisle su entorno, lo cual corresponde un riesgo alto para la criatura, más aún para el hombre que lo gesta, quien puede morir desangrado durante la cesárea o antes de la misma. En pocas palabras, es un procedimiento muy, muy, muy peligroso.

Muchos dirán que cualquier procedimiento quirúrgico es muy arriesgado en sus etapas de experimentación y que las mismas son necesarias para poder perfeccionar procedimientos médicos que pueden ser de gran ventaja en el futuro,… que si no fuera por ello, hoy no tendríamos muchas de las técnicas medicinales que día a día salvan vidas. De acuerdo. Pero no sé, a mi cada cosa con su cuestión. Hay cosas que las mujeres, por más que tratemos, nunca vamos a sentir como lo sienten los hombres y viceversa, y creo que tales ventajas/desventajas deben ser respetadas/apreciadas como un don único de cada género, hombre y mujer. Si fuera feminista, estaría hasta encojoná: después de tantos años de supremacía masculina y de toda la lucha femenina por la equidad de derechos, ¿un hombre viene a quitarnos la única cosa que nosotras tenemos y que ellos no pueden tener? ¿el don femenino por naturaleza? ¿lo que nos hace más fuerte que ellos? ¿lo que nos hace las mujeres que somos? ¡Co-Jo-Nes! Pero no soy feminista así que no me encojonaré.

De todas formas, sigo pensando que ya está bien de estar traqueteando con la vida, de estar jugando a ser Dios, de estar tirando y halando nuestra identidad, lo que somos, lo que nos hace, lo que podemos y no podemos, y de buscar la forma de poder lo que biológicamente no se podría. Ahora somos hombres con tetas, mujeres con penes, she-mans, he-shes, it-he-she’s, everything, nothing, o a lo mejor aún no estamos seguros y preferimos reservárnoslo… ¿por qué dejarlo sencillo si podemos complicarlo mucho, mucho, mucho más?

Aproveche: éste es el momento ideal para cuestionar la existencia tangible o ilusoria de su órgano sexual, y Facebook se lo respetará.

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Publicado el julio 4, 2008 en Opinión, Valores, Vida y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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