• Treehugger

n501666459_1004926_4760a

El árbol que se cayó sí tuvo testigo. El testigo fui yo.

Yo lo vi caerse.
Caminé hacia él.
Lo toqué y lo sentí.
Y sé que cayó, a pesar que más nadie lo vio.

Lo toqué con mis manos.
Sentí sus asperezas.
Toqué la hendidura,
y vi sus entrañas,  justo donde partió.

Le vi los anillos,
y después los conté.
Vi que tenía 127 años, y que era frondoso,
y que parecía hermoso,… y lo tenía en mis manos,
y cabía exactamente en el diámetro de mi abrazo,
mis dedos abrochando su circumferencia
rugosa y picante, incómoda y cruel,…

Pero así mismo me gustaba,
que me picara y me ardiera por todo un fin de semana,
para que no se me olvidara su nombre,
ni su olor, ni su textura,
ni la dulzura de su sábila.

Y no se me ha olvidado, no.

Para nada.

Anuncios

Publicado el agosto 25, 2009 en Mood, Personal, Vida y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: