• La Manzana de la Enseñanza

85784496¿Tú te acuerdas cuando estábamos en primer grado? A esa edad dejamos de ser chiquitines de kinder y empezábamos a ser niños grandes. Cambiamos las polos amarillas por polos baby-blú. Teníamos que coger cinco clases y tener una libreta por cada una. También teníamos que cargar con libros, y ahí fue que Misis Colón nos puso a estudiar nuestro primer texto: “¡A volar Chiringas!”. Sí, aquél que era color azulito, que tenía una ilustración de El Morro y encima tenía la foto de unos nenitos alegres en yeso (o plasticina blanca, nunca supe) corriendo con una chiringa que también era de yeso (o de plasticina blanca) y parecían como si se pudiesen tocar. Siempre me quedaba embelezada mirando esas figuritas en tridí mientras sobaba la portada y me preguntaba cómo rayos las habían metido ahí adentro.

A esa edad era que uno empezaba a aprender los oficios ocupacionales y lo que hacía cada cual. Uno iba estudiándolos y viendo cuál le gustaba más para tantear qué-yo-quiero-ser-cuando-sea-grande. A esa edad uno creía que los únicos oficios que existían era ser enfermero, cartero, bombero, artista, veterinario, doctor, maestro, astronauta, chofer, piloto, marinero y policía (y editor de video y trabajadora social porque eso era lo que hacían mis papás). A esa edad uno entendía que cada oficio estaba destinado a servir a la cultura, salud, bienestar y seguridad de nuestra sociedad, y todos servían como engranaje para hacer que la misma funcionara alegremente. Entonces Misis Colón nos hacía parar al frente de la clase a dar un mini-informe de qué-yo-quiero-ser-cuando-sea-grande y por qué. Me acuerdo que yo dije que quería ser astronauta y ella abrió los ojos:

– Wow, ¡vas a tener que estudiar muuuucho para eso!
– Sí, yo lo sé – le dije yo, pero en verdad no sabía de qué estaba hablando. Yo sólo quería flotar en el aire con un mameluco blanco bien cul y ver estrellas.

También recuerdo que a esa edad nos crearon terror por unos estíquers que se lamían y se pegaban a la piel pero que eran venenosos. Creo que fue la primera vez que me introdujeron al término “Un Extraño”. Mi mamá se eñangotaba y me miraba a los ojos mientras, con una calma llena de advertencia, me trataba de hacer entender:

– Nunca cojas dulces ni estíquers de Un Extraño, ¿tú sabes por qué? Hay personas malas que son existe, Alexandrita. Como Sin Corazón o como Skeletor… personas que les gusta hacerle daño y engañar a los niños. Así que si un día ves a Un Extraño que te llama, o te quiere regalar algo, o te quiere dar dulces o tocarte en tus partes privadas, busca a Misis Colón, o corre a la oficina, o busca a un policía, ¿entendiste?

“Un policía”. Eso fue exactamente en el 1989, 20 años atrás cuando ser policía significaba ser de los buenos o, más bien, cuando yo era demasiado chiquita para entender que eso no era necesariamente así. Y es bien loco porque “¡A volar chiringas!” me había enseñado eso, que los policías estaban para proteger, defender y servir: un policía era tu amigo. Y justo ayer la casa productora Rojo Chiringa (¡qué ironía!) definió una vez más lo que ya se lleva redefiniendo desde mucho, mucho, mucho antes que los uniformados atropellaran la Ave. Universidad hace una semana: un policía tiene una facilidad enorme de convertirse en tu rival, y lo peor, sin uno tan siquiera provocarlo.

Me pregunto cómo sería si realmente la policía fuese como en mis libros de primer grado, si realmente velaran por la seguridad y el bienestar de todos, si tomaran su poder y autoridad como herramientas que sirven para mantener la paz y el buen funcionamiento de nuestro país,… si funcionaran como ejemplo de integridad, buen juicio y justicia en lugar de estar haciéndonos víctimas del lado equivocado del crímen. Esto no era, no es, y nunca va a ser por más que se convierta en otra colorida tradición (pun intended) de nuestro ya adolorido país.

Antes lo pensábamos como algunas manzanas podridas. Ahora parece que lo que está podrido es hasta la madera de la caja. Siento muchísima lástima por aquellos policías íntegros que sí son amigos: yo sé que los hay. Siento mucha lástima también por aquellos que, guiados por ordenes de algún huelebicho, están dispuestos a acatarlas aunque por dentro sientan el “this is not right”: estoy segura que también los hay. Y siento mucho desprecio por todos aquellos que, solitos, deciden tomar su poder y hacer exactamente lo contrario a lo que está plazmado en el parcho de su hombro: Atormentar, Intimidar, Amenazar, Abusar, Engañar, Manipular, Ofender, Provocar, Golpear y Humillar al pueblo que una vez juraron proteger.

Ya que estamos en esas, ¿por qué no se hacen un parcho con esas palabras? ¿Porque son muchas y no caben? Vamos a hacer un parcho bien grande para la espalda, entonces, ¿no? Con big, bright, bold neon letters para que a nadie le quepa duda de qué ustedes van.

Abochórnense, corillo.


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Publicado el agosto 28, 2009 en Lecciones, Opinión, Valores y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Miss Lebronster, ¿cómo está? No sabía que tenías blog. Está muy bueno. Me gusta tu estilo. Sabemos que, desafortunadamente, hasta que el gobierno, que lo dudo mucho, haga algún tipo de screening para encontrar posibles manzanas podridas en la policía, eso no va a cambiar. Además que el primer screening debe empezar por los sargentos y capitanes, y a saber Dios, desde más arriba, por el superintendente y el gobernador. La rama ejecutiva, se han vuelto un chorro de maleantes intimidadores. La legislativa, un chorro de bobos que por decir que trabajan hacen leyes que no responden a las necesidades reales del pueblo. Y la judicial, que en su mayoría son gente ilustrada y decente, también tiene sus raíces que juegan y conspiran con las otras dos ramas y no por casualidad.

    Scare tactics, siempre es lo que aplica la policía, desde el que te da un ticket de parking hasta la fuerza de choque (que son los más H.P. y no es de Hector Pérez). Lo triste es que sí, como tú dices, hay buenos policías, pero hoy día son tan pocos que deberían hacer nuevos libros de primer grado para enseñarle a los niños la cruda realidad de la Policía de Puerto Rico (y toda su gran maquinaria obsoleta de gobierno).

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