• ¡Cómo no!

El otro día me levanté encabroná. Bien encabroná. Tal vez sólo me levanté con el pie izquierdo de la cama. Probablemente era la carga de pensamientos del día anterior, pero definitivamente, a medida que pasó la mañana, me encabroné más.

Necesité urgentemente alguien con quién descargarme, alguien que me preguntara “¿Cómo estás?” para yo poder responder “BIEN ENCABRONÁ”. Sobretodo, alguien que no me dijera nada, sino que me prestara un rato de silencio para yo poder echar mi gran vómito emocional, mi martirio en toda su potencia.

Hice tres llamadas necesarias esa mañana. ¿El Primero? No, no, él no va a entender. ¿La Segunda? Chacho, ni pa’l carajo, esa ni me va a escuchar. ¿La Tercera? Coño, la Tercera me brega, esa sí que va a entenderme…

– ¿Hello?
– ¿Tercera?, es Alex, ¿Cómo estás?
– Dímelo.

(¿”Dímelo”? ¡¿No me vas a decir “¿Bien y tú?” pa’ yo poder decirte que ESTOY ENCABRONÁ?! ¡¡¡AAAAAAAAAA, MARRAYO PALTAHHHH!!!…)

…¿Sabes qué? Nevermind.

Mientras tanto, mi coraje se seguía cocinando, y a pocos minutos mi teléfono sonó:

– Hey, Cookie, ¿cómo estás?
– ¿Bien y tú?
– Bien… – dije yo…

Era mi jevo, Fernando. Por alguna razón, me lo reprimí. Ver su nombre parpadeando en mi teléfono mi dio un leve sentimiento de comfort. De momento no se sintió adecuado, no era la persona y, además, él no tenía nada que ver con mi encabronamiento. Tampoco iba a entender, y vaya manera de empezar la mañana recibiendo la descarga de una persona encabroná al otro lado del teléfono aunque no sea contigo. Ay, pero fuck it, LO NECESITO:

– ¿Sabes qué, Cookie? En verdad estoy BIEN ENCABRONÁ – y ahí comenzó mi vómito apasionado.

Estaba encabroná porque, por enésima vez en mi vida, me encontraba envuelta en una situación en la que no quería estar desde un principio, pero me tomó la más mínima persuación de alguien para decir “sí” voluntariamente, para luego cagarme en la madre de la hora en que dije “sí”.

Soy una Yes-Man. Es irónico porque, según aquellos que me quieren mucho, puedo ser bastante egoísta. Sin embargo, incongruentemente, soy una Yes-Man. Muchas veces (no siempre), ejercer la palabra “No” me cuesta trabajo: ¿Y si dejo pasar la oportunidad? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si luego me cuentan y digo “qué mierda, me lo perdí”? ¿Y si me miran mal? ¿Y si el otro se encojona conmigo? ¿Y si el otro piensa que no doy el grado por haber dicho “No”? Luego de una racha de preguntas similar a esa, termino diciendo cualquier variante del “Yes”: Dale. Ok. Sí. Cuenta conmigo. Vamu’encima. Seguro. YES. Y luego me cago en la madre de mi propio “Yes”.

Así seguí mi tantrum apasionado con Fernando en el teléfono, con toda mi frustración de la vida, somehow, echándole la culpa al que me convenció, a la situación, al malestar, a las circunstancias porque, te voy a decir una cosa, qué rico se siente poder apuntar el dedo. Sin embargo, para mi propia dicha (en sentido real y en sentido sarcástico), soy una persona bastante racional:

– Lo más cabrón es que, al final, the only person I’ve really got to blame is myself for saying “Yes”…
– Sí, y en verdad me gustaría poder decirte cómo solucionar esta situación, pero no puedes hacer nada porque nadie te obligó. Tú la elegiste.

…Wow. Yo la elegí.
…Más nadie.
Yo solita.
Yo lo elegí.
… Qué clase de galleta en la cara.

Es bien loco cuando uno pone las cosas en su justa perspectiva. Para mí, un “Yes” es un “Yes”, algo que, tal vez, yo le doy a otra persona… ¡un “Yes”! Pero cuando empaté que un “Yes” es una elección mía, ¡diablo…!: yo lo dije, así que yo lo elegí, y cuando yo elijo algo es porque lo prefiero, porque yo lo quiero. Así que un “Yes” básicamente es un “Quiero”… ¿¿Y cuántas veces de esas que he dicho “Yes” realmente he “Querido”??

Ahí entendí mi gran issue con el “Yes”… el “Yes” y el “Quiero”. De ahí desprendo un bolón de cosas: los retos, los sacrificios, las oportunidades, los crecimientos, los arrepentimientos, las maldiciones bendiciones, las pataletas, los corajes, las gratitudes, los trabajos, los prove-myself, los resultados y todo lo demás, bueno y malo, que me tira y me hala sin mucho remedio confligiéndose entre ellos mismos. Me encabrona como me encanta, me inquieta como me complace, y así mismo como no puedo conciliar ningún acuerdo entre ambos polos en un happy-medium, reconozco que continuaré siendo una Yes-Man, para mi dicha o tragedia, con amor y con odio, después que no sea para que me cuenten ni para pensar “diablo, ni lo traté” …

Y si alguien tiene el know-how para llevarlo bien y en excelencia, por favor,… hágame el favor.


Fernando, Maria Alejandra, Vanessa, Paola and Maika like this post.

  • Diego – ¿me gusta? YES
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Publicado el noviembre 1, 2010 en Humor, Lecciones, Personal, Vida y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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