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• Cuatro cosas que tienes que entender pa’ darte a respetar

Bueno es el pan y le comieron el culo dos veces.” – Desconocido

De un tiempo para acá, he escuchado a varias amistades mías que se han encontrado relacionadas a alguna persona que les drena lo mejor de ellos, y destapa lo peor a la vez. Todos son personas brillantes, pero el IQ no tiene nada que ver con asuntos como éste: en algún momento, a todos nos toca bregar con alguien a quien le cogemos algún tipo de cariño y, sin darnos cuenta, nos encontramos en una transición lenta, dolorosa y permisiva en la que, a son de suero, nos van perdiendo la consideración y venciendo nuestro poder racional sin que nos enteremos. Es cómico porque, si buscas los sinónimos de “desconsiderado”, encontrarás que uno de ellos es “irrespetuoso”. Así que podemos decir que, en la medida que se nos pierde la consideración, nos están faltando el respeto.

Pero en realidad no tiene nada de cómico. Al contrario, es totalmente agobiante demoralizador.

De hecho, puede pasar mucho tiempo sin que te des cuenta de cuánto daño te hace tener a esa persona cerca y, cuando por fin te das cuenta, puedes sentir mucha confusión. Te preguntas cómo rayos llegaste ahí, cómo permitiste que eso pasara, cómo no te diste cuenta antes e, incluso, te cuestionas qué tipo de persona eres ahora pues jamás hubieses esperado que una persona como tú se encontrara en esa posición. Es como si hubieses caído en las garras de una víbora (con manos) de la cual ahora no sabes cómo carajos zafarte.

Lo primero que tienes que saber es que no eres el primero, ni el único, ni el último a quién le pasa. Is not the fucking end of the world. Y lo segundo que tienes que saber es que sí, you can get the hell outta there. No es TAN difícil. Solo hay unas cosas que tienes que entender y tomar en cuenta: la intención, la interpretación, la responsabilidad y la acción.

• Intención

Comúnmente, podemos encontrarnos preguntándonos por qué una persona hace algo que nos afecta una y otra vez, cuál es su intención, si estará pichando pa’ loco o qué, si nos querrá provocar o joder, o tan siquiera si se dará cuenta de que lo que hace nos jode. Whatever.

Pongámoslo así: cada persona es un mundo, y cada cual tiene como fin encontrar su bienestar y felicidad. Es la verdad. Hay unos mundos que son empáticos con otros mundos y mantienen en cuenta cómo sus acciones impactan a los demás. Hay otros que, en lugar de mundos, parecen asterioides dando bandazos a lo loco sin consideración y sin mesura de lo que les rodea, but that doesn’t make them bad people. De hecho, a mí me gusta partir de la premisa que la humanidad, en esencia, es buena.

La cuestión es que, como el ser humano busca su felicidad y bienestar por naturaleza, si tú los haces sentir muy bien, te van a querer agarrar y tenerte cerca. Eso está cool, I mean,… Saber que tu presencia le brinda alegría a otra persona te hace sentir bien a ti también, y eso está genial. Ahora, cuando empezamos a dar de nosotros y ellos empiezan a chuparnos por ahí pa’ bajo, ahí es que la cosa se pone pelúa. ¿Lo harán sin querer o lo harán a propósito?

¿Sabes qué? Qué importa.

Hay sólo una cosa que te tiene que quedar bien clara de la intención de otros y es que JAMÁS vas a saber con 100% de seguridad cuál es exactamente, no importa si es adrede o no, ni lo que te diga la persona en cuestión. Jamás. Te pueden decir un embuste, te pueden decir la verdad, te pueden decir una verdad que en realidad es un embuste que se ha creído él/ella mism@, incluso, puedes tener una idea bastante cercana a la verdad, pero al final no va a importar. Nunca, NUNCA, vas a saber cuál es la intención 100% real por más que conozcas a una persona, e independientemente de si son intenciones buenas o malas, ello no les define su calidad como personas. Es necesario partir de esa premisa.

• Interpretación

Así como otros son un mundo, tú eres un mundo también compuesto de definiciones, complejos, emociones, perspectivas, experiencias, creencias, ego y otras 20 mierdas más. Eso significa que, para una misma situación, tú puedes asumir diferentes interpretaciones dependiendo del contexto en el que esté ubicado. Es así como, por ejemplo, si un extraño te dice “Qué guapa”, puedes pensar “ese cabrón me está ligando”, si te lo dice una buena amiga puedes pensar “me veo guapa sí, ¡yeah!”, si te lo dice una bicha que no te cae bien puedes pensar “que jodia sarcástica”, o si te lo dice un tipo que te gusta puedes pensar “OMG, ¿significa que está enamorado de mí?”.

La “intención de otros” está irónicamente ligada a “tu interpretación” en el sentido de que no siempre están alineadas, pero siempre surten un efecto. A lo mejor la intención del desconocido era meramente reconocer tu guapura para alagarte y tú lo cogiste como que el tipo es un bellaco y te ofendiste, o el tipo que te gusta te lo dijo porque le rapea a todas y ahora tú te ilusionaste pensando que tienes break y en verdad no. Who knows! Esa es la interpretación.

Lo tricky de la interpretación es que a veces, cuando se trata de “esa” persona cercana que apreciamos y nos perjudica, tendemos a justificar la posible intención: “es que no se da cuenta” o “es que él/ella es así” o “he/she doesn’t mean it” o “es que me da pena”. Más peligroso todavía es cuando te desahogas con terceros que te apoyan en esa justificación: “sí, es verdad, esa persona es buena, te lo estás cogiendo muy a pecho, no dejes que esas cosas te afecten, pichea”… You know what? Poetic Bullshit.

La justificación de las acciones de otros es una forma de interpretación que solo perpetúa y empeora un patrón de malos ratos. Si algo te hace sentir mal, te hace sentir mal y punto. Ese es el efecto que surte en ti sin importar las intenciones de la persona, ni su nobleza, ni cuánta pena te dé, ni si la persona vive en la-la land, o si malinterpretaste o no. Al final del día lo que importa es que, whatever that person is doing, te jode y está interfiriendo con tu felicidad y paz interior, y eso no es bueno para ti. Esa debe ser tu regla.

• Responsabilidad

Cuando uno es iluminado por la revelación del self-respect, uno se arma del espíritu de Aretha y rápido nos ponemos en las de “Diablo, mano… es verdad. ¡Ese(a) jodio(a) cabrón(a) hijo(a) de la gran puta que me martirizó la vida, no voy a permitir que me joda más!”. Entonces, sacamos el dedo para apuntar como si la culpa viniese en forma de balas y pudiesemos tirotear a alguien a puro deo.

Siempre es más fácil y más rico para nuestro ego poder inculpar a otro. Sin embargo, antes de que estés ready pa’ llenarte de odio y rencor sabroso, vamos a hablar claro: para que alguien pueda joder a alguien, necesita a alguien que se deje joder. ¿Cuántas veces sonreíste y dijiste que sí aunque no querías? ¿Cuánto diste y diste y cediste esperando algo a cambio? ¿Cuántas veces te hicieron esa bromita que te sabe a mierda, pero pichaste pa’ loco y no pasó nada? …

¿Y quién carajo sabe lo que pasa por tu cabeza más que tú? Nadie.

Así mismo como tú jamás podrás saber con seguridad las intenciones de las personas que interactúan contigo, esas personas tampoco tienen una idea 100% concreta de cómo tú recibes e interpretas lo que ellos hacen. Tu responsabilidad raya en admitir cuánto espacio y permiso diste para que otros te jodan y/o se aprovechen de ti. Muchas veces, la culpa es nuestra completita con todo y Cheez Whiz por no haber abierto la boca al respecto ni haber trazado la línea. Está bien, somos humanos. Eso pasa y no hay nada de malo en admitirlo. De hecho, es hasta más sanador. Digamos que, después de jaltarnos comiendo rencor, asumir nuestra responsabilidad en el asunto es como tomar Pepto Bismol: hace que todo sea digerible y llegue al toilet más rápido para flushearlo y nunca más volverlo a ver.

Es cuestión de tener un balance, ser racional y, sobretodo, ser honestos con uno mismo cuando se trata de en dónde fallamos.

• Acción


Honestly, I hate that word. “Acción”. Ugh. Significa que hay que hacer algo al respecto, y eso es lo más dificil siempre,… a menos que tengas una motivación.

Usualmente, la motivación viene cuando comprendes racionalmente que, por tu bien, tienes que hacer algo al respecto de verdad. Otros pueden saberlo, pero sencillamente no están ready para hacerlo por la razón que sea. Está bien, es un proceso y hay unos que llegan ahí antes que otros. Otros (como yo) necesitan esa gota que les colme el vaso bien cabrón para sentir la pasión de decir “PA’L CARAJO CON ÉSTO” y entonces asumir posturas. En fin, cada cual lo maneja a su manera. Al final, tarde o temprano habrá que hacer ALGO si es que quieres parar de dar el culito y darte a respetar para que tu bien esté por delante, y solo tú puedes decidir qué es lo mejor que le conviene a tus circunstancias siendo honesto contigo mismo.

Lo cool de la acción es que, cuando lo logras y dejas todo detrás de ti, puedes mirar para atrás y decir con placer “Wow… ¡me zafé! ¡Lo logré! ¿Cómo rayos estuve tan sumergido ahí? ¿Cómo no lo vi antes?” y se siente cabrón. Te sientes grande. Te sientes libre. Te sientes en paz.

¿Qué es lo mejor que debes hacer? Qué se yo. Tal vez llamar a capítulo a la persona y cantárselas, tal vez hacerle frente a la situación y trazar las líneas. Tal vez cogerte unas merecidas vacaciones. O tal vez cortarlo de tu vida for good y ya. Whatever. Lo importante es que entiendas que “nobody really wants to hunt you down”, y que tú eres responsable de no dejar que nadie te joda.

En pocas palabras, cuando alguien haga algo que te joda, ten en mente que, aunque a lo mejor su intención no es afectarte, al final del día sí te afecta. Podrás pataletear y quejarte cuánto quieras al respecto, pero la responsabilidad entera de que ello siga continuando recaerá sobre ti hasta el momento en que hagas algo al respecto.

No me lo inventé yo. Son cosas de la vida.

El respeto… el respeto es lo más importante.” – Seba


  • Alexis – Ale… Definitivamente lo acabo d leer todo y todo lo q dices es muy cierto, me encanto!!! Mas la parte donde dice “cuando se desahogan con terceros” y solamente viendo su punto d vista los apoyan en su justificación y dan los consejos d lo q ellos como tal actuarían q no necesariamente va con el caso q vive esta persona. La verdad es q like all you writes!!! TQM :-)
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• Relato largo de cuentos breves en NY

Desde el día que él se fue, había quedado claro que no pasaría del verano hasta que nos volviésemos a ver. Yo no sabía con qué dinero lo iba a hacer, pero así estaba declarado. Por bendición, pude ahorrar unos chavitos con esfuerzo y, sin pensarlo mucho, compré un pasaje de ida. De ahí en adelante fue sólo conteo regresivo hasta que llegase el día.

Luego de la 1era noche...

Nuestro primer abrazo fue caliente con cojones, pero no de esa manera sexy. Una ola de calor coincidió con mi llegada, y nuestras pieles se fundieron con una capa de sudor entre cuerpo y cuerpo junto a un sol de más de 100 grados alumbrándonos por encima como si las 12 del mediodía fuesen para siempre. No supe cómo sentirme: estaba emocionada por verlo, por tocarlo, por besarlo y por apretarlo después de tanto tiempo… y, a la vez, se sentía como si fuésemos dos boxeadores en medio de un abrazo de tregua mezcla’o con fluidos corporales… ew.

Aquella primera noche salí a janguear con mi cuñada y su amiga mientras él trabajaba. Iríamos a este sitio bien nítido en el que tendrían Happy Hour a $4 la cerveza.

– ¡Eso es un palo en NY!

… ¿En serio? Oh my God! Extrané El Boricua, El Vidy’s, El Refugio, Nellylandia y todos esos chinchos donde una cerveza es cosa de a peso. Pero está bien: estamos en NY, que se joda.

Bebimos lo que pudimos en la última hora del Happy Hour hasta que la vejiga empezó a gritar. Las tres nos metimos a hacer fila en un espacio súper limitado con dos inodoros ocupados. Fue allí donde fui testigo de la hostilidad niuyorquina por primera vez cuando vino esta chica a colarse justo al frente mío sin ningún reparo.

– Pero… y esta tipa, ¡se coló con sendo guille! – dijo la amiga de mi cuñada en español mientras se lavaba las manos.
– ¡Sí, mano! Con descaro y tó, pero whatever. Que mee lo que tenga que mear, en verdad – dije yo con indiferencia.
– Qué cojones, que haga fila como nosotras, qué se cree – y nos echamos a reír con sarcasmo.
– My friend is using the bathroom, you know – se justificó conmigo la colona al darse la sospecha de que estábamos hablando de ella.
– Yeah, I figured – somehow, me había dado cuenta que ese era el caso.
– Yeah, ‘cause, you know, its very rude from you two to be talking in another language when there’s people that can’t understand what you’re sayin’.

… ¿EN ESAS? No pude creerlo. En la ciudad más mixta del mundo, alguien es capaz de exigirme en qué idioma tengo que hablar con mis compatriotas. Pero está bien. Tan solo la miré y le sonreí con tranquilidad:

– … I said it’s ok, you can go ahead and use it first.
– Tú eres muy buena, mano. Yo le hubiese dicho dos o tres pa’ rápido.

Lección #1: Pick your battles. Que no te jodan tu jangueo.

Dentro de un rato, el happy hour se acabó, las cervezas subieron a $6, la nicotina nos llamó, e hicimos un caballo para comprar cigarrillos a nada más y nada menos que $12 dólares la caja. Técnicamente, es más fácil pedir un cigarillo, ¿pero quién se atreve a pedirlo a esos precios? Poco después, ya yo estaba hecha por la noche, me montaron en un taxi y me fui. ¿Jangueo total de la noche? Casi $80.

Lección #2: Jangueo niuyorquino ¡CANCELADO!

Al otro día cogí mis cosas y me fui para un Starbucks a conectarme al internet. De un día para otro, los pasajes habían subido $10 más, por lo que debía comprar mi regreso antes de que fuese demasiado tarde. Había calculado el tiempo que podría pasar Fernando conmigo antes de que me fuera, así que escogí el día y lo compré. Fue entonces cuando se me ocurrió sacar cuentas de cuánto ya había gastado del presupuesto que había separado para el viaje, contra lo que me quedaba para el resto de los días justo después de haber sentenciado mi regreso a PR sin posibilidad factible de cambios,… y ahí fue que me horroricé.

Entré en pánico cuando vi que no me quedaba presupuesto suficiente para costearme “cómodamente” la estadía que acababa de planchar, y que la tentación de irme overbudget iba a ser desastrozamente iminente, ¡NOOO! Inmediatamente congelé mis cuentas bancarias para poder proteger mi regreso a PR, pagué mis cuentas del mes y me obligué a bregar con lo que tenía regañándome a mí misma como si fuera mi propia madre. O bregas con eso, o bregas con eso. Esa es la que hay.

Free MoMA Fridays!

Fernando me consoló: “Don’t worry, mi amor. Eso te da. It’s doable”. Y después de hacer un poco de research, vi que tenía razón. Resulta que en New York hay tantas cosas para hacer y ver, que es realmente fácil encontrar actividades interesantísimas a poco o ningún costo. Tendría que olvidarme del shopping, de musicales, y de todos esos splurging binges que tuve la primera vez que fui a NY. Así fue que, de turista, pasé a ser una chica visitando a su novio y probando el diario vivir de un nuyorican on a budget.

El iPhone fue mi mejor amigo. Un día antes buscaba por internet qué eventos chéveres habrían al siguiente día de gratis, y durante el día googleaba los mejores sitios económicos dependiendo de mi ubicación. Así fue que descubrí las dos pizzas con refresco a $2.75 de 2Bros, el falafel sandwich con Ice Tea por $3.95 de Amir’s, el arroz y pollo árabe por $6.00 de los Halal Guy’s, el bagel breakfast con espresso a $6.00 de Machiatto, o el súper bagel tamaño BigMac por $5.00 de Delí & Bagel. No fue, sin embargo, hasta que encontré las Presidentes 40oz a $3.50 en el colmado dominicano de la esquina, o el botellón de cerveza artesanal de 64oz a $10 de Bierkraft que supe que realmente estaba gozando.

Lección #3: ¡NY on a budget es bien posible!

Hubo otros días que sencillamente chequeábamos nuestras respectivas cocinas y nos juntábamos en casa de algún amigo a cocinar alguna cena. Fue así que una noche llegamos a Harlem y conocí a Pepe y a su novia finlandesa. Aquella noche abrimos una de esas ricas Presidentes junto a un vino bien nítido mientras ellos le metían mano a la cocina y nosotras le metíamos a la cháchara y la bebelata para orgullo pleno de nuestros abuelos. Ya al final de la noche, luego de par de birras y de comer el arroz con habichuelas y bistec encebolla’o más rico de mi vida, tenía demasiado sueño y pica’era como para seguir viendo el stand-up de Tracy Morgan. A lo lejos, escuchaba la voz de Fernando tratando de despertarme:

– Ven, Ale, vamos a coger un taxi.
– ¿Un taxi? No, un taxi no. ¿Pa’ que? Si tenemos el metro. – le dije con toda mi somnolencia.
– Chica,… vamos a tomar un taxi, dale. Hazme caso.
– Pero es que no entiendo, Fernando. Un taxi nos va a salir caro, estamos lejitos. Fuck that. Let’s just take the subway.
– Ale… un taxi, por Dios. Mira la hora que es. – insistía él, sin querer darme mucha explicación.
– ¿Pero por qué no el subway?
– ¿Tú quieres el subway? Ok, lo que tú digas. Vamos a coger el subway, entonces. – se resignó él con ese tonito cínico que decía “después no digas que no te lo advertí”.

Estación 75th W

Así que tomamos el subway. Mientras esperábamos a que llegara el próximo tren, un señor se nos acercó. Asumí que era negro hasta que abrío la boca y salió un español perfecto. Resulta que era de Honduras, y Fernando le contó que eramos puertorriqueños. Ahí estuvieron ellos hablando de nuestros respectivos países, de Latinoamérica y de otras cosas que no sé porque me quedé semi-dormida tan pronto nos sentamos dentro del tren.

En un momento dado, abrí los ojos mientras aquellos hablaban amenamente, y ví este chamaco que entró a nuestro vagón mientras el tren estaba en movimiento. Con flow de ganster y una cerveza en mano, se nos acercó un poco en la suya, casi con cara de querer buscarse un problema pero ni pa’ tanto. En esas, al señor hondureño se le ocurre invitarlo a la conversación muy cándidamente:

– And you? Are you puertorican?

Bingo: le hicieron la noche.

– I’m not puertorican, motherfucker. I’m black, OK??

Uff, aquí fue. Aquí me jodí. Aquí nos jodimos. Pa’l carajo se fueron el sueño y la borrachera. Solos los tres, encerrados en un vagón del tren, nos hemos topado con un hijueputa que, sin querer, lo acaban de insultar preguntándole si es puertorriqueño. Ya podía escuchar a Fernando. Ya sabía todo lo que me iba a decir si sobrevivíamos to whatever was gonna go down in that moment.

– Whychu’ callin’ me puertorican, bitch? Do I look puertorican to you, motherfucker?? Do I? Huh!? I’m black, bitch. Black! I can break your face for that shit, you know, motherfucker…

El tipo siguió por ahí pa’ bajo fronteando de ser el más negro y el más que le iba a partir la cara al señor por llamarlo puertorriqueño, mientras el señor, callado, trataba de evitar problemas justificando en la menor cantidad de palabras posibles que “he didn’t mean no wrong”. Mis nalgas permanecían tiesas mientras tocaba la espalda de Fernando dejándole saber mi estado de alerta, terror y culpa, aparentemente demasiado obvias incluso para el Black:

– Hey, sweetie, nice to meet you. Don’t be scared, you know, I’m not a bad person. It’s just that I ain’t letting nobody call me puertorican, cuz I’m not a fucking puertorican! I’m black and I deserve to be respected! Nice to meet you, too, bro. I’m not a bad person, but ait’t lettin’ nobody disrespect me – supongo que no le tuvimos cara de “foquin pororicans”… ¡y que ni se entere, que nos mata!

– Ehh,… hehe. Uhm, it’s ok, don’t worry about it, I mean, it’s cool… just,… don’t… don’t mind him… please… – le dije yo luego de corresponder su handshake, a ver si lograba que se tranquilizara un poco. No funcionó.

– So, watchu’ got in the bag, motherfucker? – aquí fue, aquí lo va a asaltar en nuestra cara, se van a enredar a los puños, el cabrón va a sacar un cuchillo, ésto se va a llenar de sangre, nosotros no vamos a poder hacer un carajo, y ésto se jodió en este tren que no acaba de llegar a la próxima estación, puñeta. El hondureño, callado aún, agarró su bulto y, estirando su brazo, se lo ofreció como bienviniendo que el tipo buscara entre sus escasas pertenencias y tomara lo que quisiera con tal que lo dejara quieto. Hubo un momento de silencio incómodo en el que todos estuvimos tiesos mirándonos y, de momento, el Black sale con lo menos que yo esperaba en este mundo:

– Yo’, I’m just fuckin’ witchu. We good man, a’ight? We good! Yeah, man, just playin’ witchu…

… ¿Tú me estás jodiendo? ¿Tú me estás diciendo que este cabrón nos tuvo cinco minutos con el corazón en la boca y el culo apreta’o, y estaba TRIPEANDO? ¿En serio? ¿En serio de que ahora le está dando la mano y tó? ¿EN SERIO? Digo, qué alivio, en verdad,… ¡pero qué huelebicho! Dejé de escuchar el resto cuando al fin se abrieron las puertas, nos despedimos de nuestros dos nuevos “panitas” de tren, y Fernando comenzó su speech de dos horas:

– ¿Tú ves? ¿¿Tú ves?? Por no hacerme caso. Te dije que cogieramos un taxi. Yo sabía que ésto iba a pasar, pero como tú te vas de culo y nunca me quieres escuchar y blablabla yada-yada-yada…

Y para acabar de completar, nos montamos en el próximo tren para rapidito encontrarnos con un:

– Shut up, motherfucker! Shut the fuck up! SHUT THE FUCK UP! I’ma bust yo’ ass right now if you don’t shut the fuck up, motherfucker!

… Of course, como no. Como si no bastara con aquel susto. Y como si ya Fernando no me hubiese regañado suficiente por la noche.

Lección #4: De vez en cuando, simplemente toma un foquin taxi. Por tu bien.

Ya empezaba a verlo. New York como turista era una cosa, pero como residente era otra. Es como una galleta en la cara llena de malicia, de cuero duro que se engrosa a fuerza de cantazos, de aprender a moverse y a esquivar esas cosas que aparecen cuando no las ves venir,… and it can get quite overwhealming, incluso con lo más sencillo.

Por ejemplo...

Un domingo quise irme al South Ferry mientras Fernando estaba en el estudio. Ya le había cogido el swing a la complejidad del subway. Hubiese sido la cosa más simple del mundo si no hubiese sido porque, cuando entré al tren, vi que me habían cambiado los muñequitos: aquel tren iba a saltar varias paradas, una de esas, la que yo necesitaba. Está bien. Me bajé en la próxima más cercana y caminé un rato hasta que decidí tomar otro tren para ir al sur. Ese también le habían cambiado la ruta y terminé en otro punto de un Mid-Manhattan atestado de gente que me dificultaba el caminar, incluso pensar en hacia dónde quería ir o qué quería hacer. “No, no, no, I just wanna get out of here, de seguro si voy al sur estará más tranquilo y allí me como algo. Let’s just try one more time hasta la próxima estación”…

Conseguí de nuevo la línea 1 que iba Downtown y me dejaría exactamente donde quería. El tren parecía acabado de llegar, por lo que algunos nos montamos con prisa antes de que cerraran las puertas y partiera. Para nuestra sorpresa, el operador del tren estaba adentro mirando con cara apestada, como si le quisiera partir la cara a alguien.

-… Are you going Uptown? – nos preguntó con una voz lenta, arrogante y grave.
– No – le respondimos nosotros pensando que eso era lo que precisamente él querría escuchar, partiendo de la premisa que afuera decía que el tren iba Downtown.
– … Well, then GET OFF MY TRAIN. THIS TRAIN IS GOING UPTOWN, NOT DOWNTOWN!

… Me quedé mirándolo con incredulidad por unos breves segundos antes de salir totalmente insultada del tren, poniéndome las gafas sobre los ojos en un intento vano de suprimir mi frustración, encojonamiento y cansancio, pero las lágrimas y un pal de pucheritas de puppy se me salieron anyway. Justo cuando había alcanzado la acera, Fernando me llamó:

– ¿Cómo estás?
– ¡ESTOY HARTA! – dije con toda la carga más changa de mi ser.
– ¿Pero por qué??
– Mano, puñeta, llevo horas tratando de llegar al South Ferry he caminado con cojones y cada vez que me monto en un puto tren me cambian la ruta y tengo que estar foquin adivinando dónde estoy y hay tanta foquin gente y esto es un revolú que no entiendo y tiene que venir este mamabicho a salir con la bichería de que el tren va uptown y no downtown pero es como que ¡HELLO, PENDEJO, AHÍ AFUERA DICE DOWNTOWN, NO TIENES QUE SER TAN HOSTIL! ¡y yo lo único que quiero es llegar al fuckin South Ferry y no puedo y me duele la cabeza y tengo hambre y no se ni dónde puñeta estoy! … ¡No te rías, Cookie!
– Pero, mi amor, jajajaja… yo te dije que en los wikenes el subway es una mierda por todos los cambios que hacen para las remodelaciones – me dijo con pena. – No te pongas así, Cookita. ¿Quieres encontrarte conmigo y nos vamos a comer algo?

Lección #5: Cuando la ciudad se ponga too much, no te pongas triste: cómete un canto’e pizza.

Esta vez nos fuimos al otro lado de la calle por aquello de variar. 2Bros tiene una pizza super rica que nos fascinaba, pero los cabrones no te dejan cambiar la soda por agua, y no hay nada más malo en este mundo que tomarse una soda tibia. Este otro sitio tenía la misma oferta de dos pizzas con bebida por $2.75 y, para mi fortuna, ¡la bebida podía ser una botella de agua! Para Fernando, en cambio, no había nada mejor que bajarse un buen canto de pizza con refresco, así que pidió lo suyo:

2Bros cheesy pizza!

– Agh, pero qué mierda, aquí también venden las sodas tibias, loco, que’s la que hay…
– Pues, mi amor, pídete una botella de agua como yo, es mejor. Qué se yo.
– Na, que me de un vaso con hielo, mano. A ver… Excuse me? ¿Tendrás un vaso con hielo que me puedas dar, por favor?
– Nosotro’ no tenemo’ eso. – le dijo ella con un acento latino bien agringa’o.
– Pues,… na, está cool, me la tomo así entonces. ¿Y el queso parmesano, dónde está?
– Nosotro’ no tenemo’ eso tampoco.
– … ¿No tienen queso parmesano pa’ las pizzas tampoco?
– Oie, pero tú como que ‘ta pidiendo mucho por un slice of pizza for a dahllar, huh?
– Eh… ¿Ok?

Lección #6: … Si algo funciona, ¿a veces es mejor no cambiarlo?

¡Y pa’ colmo, la pizza ni estaba tan buena!

Dos días después, por fin llegué al South Ferry sin problemas. Por algún momento pensé coger el Staten Island Ferry, pero creo que fue precisamente en el momento que compré la taza de café más mala que había probado hasta el momento que renuncié a las ganas y me fui. Ya yo había estado allí en el 2009, por lo que la magia de la novedad de “ver” ya estaba saciada, así que caminé de regreso al subway con mis earphones puertos y, en esas, me cruce con 3 oficiales posteados en una esquina dentro de la estación.

– Hey, lady,… Hey! Stop for a moment, please – el oficial tuvo que hacerme señas con las manos al verme tan envuelta escuchando música.
– Uhm,… Sorry? – bien confundida.
– We’re doing a random search among the public. Can you please put your bag on the table?
– Eh,… sure…? – ¿Acaso tenía cara de delincuente? ¿De problemática? ¿Seguro que era “random”? ¿O ésto era una cuestión racista? ¿Será porque ellos también tienen una pendejá con los puertorriqueños? … No importa, obedecí y puse mi cartera en la mesa con todo y la confusión.

– But… what are you looking for, exactly?
– Oh, we’re not gonna open your bag, we’re just looking for traces of explosives or anything that might put people in danger. You know, just keeping you safe.
– Oh! Ok. Well, you know, I don’t even live here, actually. I’m just visiting – decidí montarle conversación mientras el otro oficial le pasaba un wipe a mi cartera. Me pareció cool.
– Really? Where are you from?
– Puerto Rico. – sonreí.
– Oh, nice! Well, now you have a story to tell, right? Hahaha!
– Of course, hahaha! – con mi risa falsa – Can I take a picture?
– … Eh… I don’t know about that
– … I’m kidding.
– Ah! Haha! Well, we’re done. You can take your bag now, ma’am. Have a good time!

Lección #6: No jodas con figuras que reciben photo ops en Time Square.

Seguí mi camino hacia el tren con mis earphones espeta’os en los tímpanos nuevamente y mis gafas protegiéndome de cualquier “Watchu’ looking at?”. Aún después de todo, el subway me resultaba cómodo. Lo único que en ningún momento pude superar realmente es la incomodidad de los beggars dentro del tren. No me refiero a esos que están con un cartel en una esquina, o los que tocan música o cantan y piden chavos. Me refiero a los que entran y dan su discurso a to’a boca provocando que todos en el vagón se pongan incómodos y hagan silencio:

– I don’t have a home. I don’t have a job. That’s a BAD “cambeenation”.

El resto es poesía de autopena junto a un presentimiento de que probablemente esa persona podría estar mejor si al menos intentara trabajar,… pero es solo un presentimiento. Quién sabe cuál es la realidad de éste tipo, o cuánta veracidad tiene el cuento que está declamando. Después de todo, NY es una ciudad enorme y estúpidamente cara, y cada cual tiene sus rollos. A lo mejor sí ha tratado de trabajar y de echar pa’lante. A lo mejor nadie le había dado el break… y quién sabe, a lo mejor algún ser querido mío podría estar en su posición algún día. Entonces uno empieza a sentirse medio culpable porque una parte mía quisiera darle algo, pero la realidad del caso es que todos los días aparecen 20 personas que piden chavos mientras que uno mismo está bregando con lo suyo, con joderse trabajando para echar pa’lante y pagar el costo de la vida, y si fuera por la pena, los deambulantes dejarían a uno en quiebra… y sigues pensando toda esa musaraña con el badtrip de la culpa juiciosa y la incomodidad de que el tipo siga contando la historia de su vida hablando bien duro cuando de repente:

– Your donantions are also welcome over the internet. Feel free to do so at givemeyourdamnmoney dot com.

Lección #7: … Pa’l carajo la caridad.

¡No me dejes ir...!

Pestañé y ya había llegado el 8 de agosto, mi último día allí. Si la peor parte de tener una relación a larga distancia te va a patear en algún momento, lo hará inevitablemente en el aeropuerto, sí. No sé bien cómo llegué a PR de nuevo. Por mí, aún estuviese abrazando a Fernando, diciéndole que lo amo y pescando cualquier excusa para tener más tiempo juntos: acompáñame al baño,  ven a lo que tomo agua, vamos a comprar el ticket, siéntate en lo que me como un bagel, abrázame un ratito más… ¡AAA!

Con todo lo bueno, todo lo malo y todo lo increíble,  mis 18 días por allá fueron un buen canto bien mixea’o del encanto de pertenecer un rato a la Gran Manzana. Juntarme con mis buenos amigos de hace años nunca deja de carecer precio. Celebrar un año del día que conocí a la persona que amo, y actually poder celebrarlo con él, es una bendición. Reunirme con personas nítidas a hacer una cena, conocernos y pasarla bien es una inyección de buena vibra. Y tener una oportunidad de tumbarme de espaldas a la grama cada 10 bloques y poder mirar el cielo desde un canto de tierra donde virtualmente todo es posible es prometedor. Posible-bueno. Posible-malo. Pero posible al fin…

Quién sabe.

S.Y.S.


Samuel, Alexis, Mariana, Melissa, Odalis, Diego, Steve, Nicole, Amlys and Marisel like this post.

  • Odalis – Siempre leo tus Post-Baked. Me gustan, tienes una lectora fiel :)
  • Fernando – Viste q cabron quedo? Sin importar lo largo
  • Karina – Your stories are the awesomest!…:)
  • Karymar – Me gustó! Muy auténtico!!! Me reí pal jeje Exito chica!
  • Viviana – Acho, me hiciste reír. Ya no me siento mal por mi último día badtripeoso, ni por la gente que me dijo mierda. A ti te fue peor, jeje.
  • Alexandra – Gracias a todos, y gracias, Odalis, por ser fiel a pesar de mi crasa inconsistencia, jejeje :)

• TamTam!

Para los que no están familiarizados con el término, “troll” se refiere a una persona que postea mensajes controversiales en foros de internet con el mero propósito de provocar conflicto y argumento. Eso fue exactamente lo que resultó ser en el caso de tamtampamela, mejor conocida como la bicha fanática religiosa que generó una ola de antipatía cuando postió un video en el cual mostraba regocijo por el reciente terremoto de Japón, el cual ella atribuía a una manifestación de la grandeza de Dios como contestación a sus oraciones y su ayuno para la erradicación del ateísmo del planeta Tierra.

De hecho, Pamela llevaba más de un año haciendo videos en los que posaba como una religiosa-racista insensible y sin cerebro en miras de ser contratada como personalidad de internet por una compañía llamada LaughAloneTV, algo similar a las que pertenecen Chris Crocker o iJustine. Todo se fue a la mierda cuando se cagó al filtrarse su información personal y comenzar a recibir pizza en su casa. Cute!, hasta el día en que algún fanático loco de verdad se aparezca en su casa y realmente quiera joderla. Luego de eso, publicó un video en el admitía que todo era un relajo de parte suya y, poco después, cerró su cuenta de youtube. Así que, el que no vio la joyita de canal con sus 41 videos disparatados, se lo perdió.

A cualquiera le da churrita si, de la nada, comienzan a recibir pizza en su casa. Pero bueno, ese es el tipo de cosas que pueden pasar cuando se juega con el dolor ajeno. Por un lado, qué bueno que todo haya sido una broma, pero por otro lado, ¡una broma de PÉSIMO gusto! ofendiendo, no solo a ateos, sino a cristianos también. Cuando se lo enseñé a Gabi, le dije que no sabía si era broma o era en serio, pero que esperaba que realmente no existiera gente con ideas tan tergiversadas y peligrosas como las que ella mostraba. Lo cabrón de todo es que, con toda probabilidad, sí existan. En uno de los videos, Pamela hacía referencia hacia el comentario de Pat Robertson de que el terremoto de Haití fue consecuencia de un pacto que hizo este país con el diablo,… Pat Robertson no estaba tripeando, and that dude’s got followers.

Too crazy to be true? Apparently not crazy enough for some, hm.

• “Para la buena salud de tu…”

Hace un rato, mientras iba de camino a Loíza, iba pensando y guiando mientras mi brazo izquierdo se apoyaba sobre el borde de la ventana de mi puerta. Somehow, mi mano cayó en mi sobaco derecho al descubierto sin darme cuenta, y yo, que siempre ando con los dedos encima de mis labios resecos, hice lo innato: puse mis dedos en la boca. Porque soy una mujer limpia, inmediatamente sentí el asco del desodorante. ¡PUÑEEETA! No sé ni cómo describir el sabor ni la sensación. Es algo que sencillamente está mal en varios niveles. Como cuando cae perfume en la lengua.

Realmente no sé cómo hay gente que se come cosas tan raras como papel de toilet, o tinta de magic markers, o la misma tiza que usan para enseñarte cosas en la pizarra de la escuela. Hay gente que come hasta mierda también. Pero no mierda de la metáfora. Mierda de verdad. Debe haber gente que coma cosas aún más raras, aunque, francamente, creo que no hay nada más raro que comer mierda.

Alguna vez en mi vida trabajé en Old Navy. Fue en medio de aquella “alguna vez” que llegó la nueva sección de ropa de maternidad. Nos habían reunido a un grupo de nenas en el breakroom para orientarnos al respecto y, mientras esperábamos a que comenzara el training, nos pusimos a hablar.

Por alguna razón, habían muchas preñás o paridas en Old Navy. Muy conforme al tema, aquellas se pusieron a hablar de las manías de preñás que experimentaron durante sus embarazos. De todas, jamás se me va a olvidar la que dijo la muchacha que estaba sentada justo arla’o mío:

– Ay, cuando yo estaba preñá, le cogí tanto asco a la pasta que me lavaba la boca con jabón.

(Silencio).

Yo la miré. La miré seriamente.

– Pero… ¿qué jabón?
– Jabón. Jabón de barra. De esos pa’ bañarse – contestó ella tranquilamente.
– Pero… ¿jabón como Protex? ¿Safeguard?
– Sí, de esos. ¡Ayyy, mija, TRANQUILAMENTE, con un guilleeee! Así me lavaba yo la boca “FELISSSSS” – dijo ella como quien tiene los cojones bien puestos. La más hijae’puta porque se lavaba la boca con jabón. Pues sabes qué, tremenda hijae’puta de verdad, porque yo…

… yo, varios meses después, me fui de wikén a la casa de Paquito en Palmas Del Mar. Nos quedamos un corillito a dormir una noche con nuestros motetes y toda la cuestión. Sin embargo, al otro día vi que entre mis motetes la pasta de dientes no estaba. Cada cual dormía en un cuarto con sus motetes, motetes entre los que yo no iba a rebuscar ni despertaría a nadie. “¡PUÑEEETA!”, y mi boca con una peste del carajo, aftertaste de vino, cigarrillos, tostitos, french onion y aliento mañanero.

Volví al baño a mirarme al espejo. “¡PUÑEEETA!”, pensé de nuevo con el asco en mi boca añorando pasta de dientes… Entonces miré la jabonera.

Allí estaba el jabón, el Protex. El gran Protex casi con un aura angelical con toda la intención tentadora que me imagino tenía la manzana de Edén, sólo que aquella habría de verse totalmente seductora, mientras la barra de Protex parecía más como una vieja prostituta mellá bailando en la esquina con la lengua por fuera meneando su gistro a ver si alguien le mete mano.

Jura’o que yo no quería, pero me acordé de aquella chica que tan tranquilamente lo hizo por meses…

… Coño, no debía ser taaan malo, o sea…

… No, carajo, Ale, no.

Pero el jabón me seguía bailando, bien faja’o, porque sabía que yo no podía con el malsabor mañanero…

… ¿Y si lo haaaaaaago…?

… Dios mío, Ale, what’s wrong with you, estás algarete, échate agua en la cara, zúmbate una galleta, aquella tipa fue bien puerca, por Dios.

¿Y Prótex? En pleno culipandeo como si yo no tuviera otra opción.

Ok, ok,… ¿cuán malo podría ser, en verdá? Yo tengo babilla, yo tengo babilla. Era solo cuestión de coger mi cepillo de dientes con firmeza, mojarlo en agua sin temor, pasar las cerdas circularmente raspando el jabón, mirarme con furia al espejo, exclamar “YES, I CAN”, y meterme el cepillo enjabona’o a la boca como si no existiera mañana. That’s it.

… And there it was, el cepillo en mi boca. Intenté cepillarme la boca con jabón, pero en lugar de lavar mi aliento, lavé y escupí mi dignidad en el lavamanos desagüe abajo mientras lágrimas salían por mis ojos.

¡PUÑEEETA! ¿¿Qué hice?? Me violé a mi misma, a mis hermosos dientes, mi preciada boca, mi tierna lengua. Qué. Carajos. Hice. No me podía mirar a mis propios ojos. Mi cabeza se suspendía sobre el counter con vergüenza y culpa, sin moral y sin orgullo.

El sabor asqueroso de aquella base en mi lengua, rancio, cortante, agrio, químico, podrido, habría de quedarse en mi lengua por un rato eterno. Agonicé por todas aquellas antiguas generaciones que pasaron por las despiadadas manos de adultos y abuelos que, sin pena, lavaron todas aquellas bocas malhabladas mientras yo, por voluntad propia, había escogido sucumbir a la posibilidad de una boca limpia no matter what.

Sí, lo hice. Fui una puerca yo también. De la forma más irónica del mundo. Pido perdón. Y ya no pretendo que nunca pasó.

Bendito seas, morning breath.


Diego, Naíma, Gaily, Alex, Rocío, Freddie, Keyla, Jacinto and Abel like this.

  • Emmanuel – lmao!!!
  • José – Love it!!!!!
  • Laura – o sea de que no puedo parar de reirme!!! LOL!!!
  • Viviana – Te debes cuatro lavas de boca con jabón por los cuatro “puñetas” ;)
  • Evelyn– protex es lo que hay! lol
  • Alex – jajajajajaja
  • Freddie – Jajajajajaja te guillas !!!! Lo unico q me hacia falta mientras lo leia era una medallita en la mano pa sentirme en total escuchado la historia. Jajajaja love u girl !!!
  • Eumir – jajajajajaja love it
  • Gerónimo – funny
  • Melaniehttp://www.elnuevodia.com/soyadictaacomerjabon-884140.html
  • Alex Lebronster – Wooooooow… Y un tipo comenta: “QUE LOQUERA A MI MUJER LE DIO TAMBIEN LAS MIMSMAS GANAS CUANDO ESTABA EMBARAZADA. MAMI QUE TENDRA EL JABON DIGANME PARA ABRIRR UN PUNTO JA JA”
  • Melanie – y yo q pensaba q mi perra estaba algarete por comer piedras! Me pregunto si cuando van a defecar al tirarse un peo salen burbujitas. Ok el mental picture que acabo de tener no era necesario

• Pichaera Puertorriqueña

El wikén pasado tuve el placer de conocer a tres extranjeros en mi estadía junto a mis amigos en Culebra. Con nosotros andaba un amigo mexicano quien lleva varios meses residiendo en la isla a diferencia de nuestros nuevos panas de wikén. Hablar sobre Puerto Rico fue casi inevitable. El intento de comprender la puertorriqueñidad destacaba sobre cualquier otro tema, and let me tell ya: ver mi puertorriqueñidad a través de los ojos de un extranjero es otra cosa. Creo que aprendí más de mi cultura con estos cuatro individuos que con todos los años de educación que he tenido.

El aspecto que más que resaltó por su incomprensibilidad es la que el mexicano Mauricio* denominó como “pichaera puertorriqueña”. Mauricio lo explica así:

“Los puertorriqueños nunca te van a decir que no. Los vas a ver, vas a compartir con ellos, te van a caer bien porque son bien chulos ellos, se te va a ocurrir que sería una buena idea quedar en janguear otro día, ellos te van a decir que sí, que qué nítido, que vamos a hacerlo y toda la cuestión, y cuando los vas a llamar deciden que no pueden, o que tienen algún otro compromiso que habían olvidado, o sencillamente ni te contestan el teléfono. Entonces te vas a quedar rascándote la cabeza preguntándote ¿pero qué pasó?, si el puertorriqueño en cuestión te había dicho de plano que sí, que vamo’allá y toda la cuestión. Pues. Así es la pichaera puertorriqueña, mi pana.”

Jenaro*, el argentino que lleva dos semanas viviendo en la isla, no podía creerlo. Mientras escuchaba eso, Carmen, Manolo y yo nos meábamos de la risa simplemente porque era todo cierto. “¿¿Pero vos por qué hacés eso??”. Yo ni sabía cómo contestarle. Me acordé de cuánta gente el padre colombiano Ricardo ofendió al rechazar invitaciones que algunos feligreses le hacían para cenar en sus hogares sólo porque a él genuinamente no le apetecía esa tradición de aceptar invitaciones a comer en casas ajenas. Igual me acordé de la también amiga colombiana de Luis que se molestaba con él cuando él decía que iba a llegar a las 7:00pm y llegaba a la hora puertorriqueña, o simplemente se rajaba. De momento me pareció que nuestra conducta era estúpidamente ilógica…

– Pero sabes – intervine – Ok, es cierto: los puertorriqueños pichamos bien cabrón. Pero lo que pasa es que entre nosotros mismos nos entendemos. Lo hacemos, nos encontramos a la gente, diablo men, sí, que chulería, vamos a vernos pronto, te voy a llamar y toda la cuestión,… pero la mayoría de las veces los dos sabemos que nada va a pasar o que pasará más tarde, fluímos y estamos tranquilos con eso. ¡Nos entendemos y pichamos!

El pobre Jenaro tenía cara de atribulado y, aún cofundido, miró al profeta Mauricio sabiendo que él comprendería mucho más de lo que un mismo puertorriqueño sumido en su propia puertorriqueñidad podría entender.

– Pos fíjate, yo creo que se debe a algo que tiene el puertorriqueño de agradar, de ser simpático, de hacerte sentir bien. No lo hacen de mala onda, en serio que no. Tal vez hasta te dicen que sí porque realmente les gustaría. Pero igual sienten que podrían ofenderte si dicen que no, así que prefieren darte un sí un tanto ambiguo de todas formas.

Ahí estaba. Eso era. Esa era LA explicación. Una explicación notada, estudiada, digerida y concluida por un mexicano con algunos meses de residencia en la isla.

– O sea que si ahorita estabamos hablando de ir todos juntos a la playa Tamarindo mañana, y ustedes los boricuas dijeron “Ahh, sí, sí, dale, vamos”, ¿en realidad quisieron decir que ni se van a aparecer por ahí? – dijo el ché Tomás. Tuve ganas de ser sincera y decirle “¡un carajo!”, pero por un momento decidí tener iniciativa a la apertura y (supongo que telepáticamente) dijimos “No, en serio, dale: vamos mañana para allá”.

Y en realidad eso hicimos. Fuimos los boricuas junto a nuestro profeta mexicano a la playa. Los otros tres extranjeros, sin embargo, nunca se aparecieron, todo por un malentendido que descubrimos más tarde cuando nos re-encontramos todos casualmente en el muelle. “Y yo que le había dicho a Jenaro ‘¿lo ves que no vinieron? Es cierto lo que decía el mexicano: pichaera puertorriqueña'”. ¡Pobre Rodrigo*!

¿Pero sabes qué? Pobre nada. El ser humano es un animal de adaptación, y la adaptación no pierde tiempo. Tan así que, esa misma noche, descubrimos el posible nacimiento de un nuevo fenómeno: la pichaera argentina… ¡Lo malo bien que se aprende en seguida!


Fernando, Diego, Juli, Carmen, Yaira and Ahmed like this.

  • Yaira – Me encanta!
  • Naíma – jajajaj !!! :) genial!
  • Diego – jajajaja, difícil adaptarse a eso…
  • Fernando – A mi me costo mucho entenderlo cuando llegue hace 14 anios la verdad
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