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• Relato largo de cuentos breves en NY

Desde el día que él se fue, había quedado claro que no pasaría del verano hasta que nos volviésemos a ver. Yo no sabía con qué dinero lo iba a hacer, pero así estaba declarado. Por bendición, pude ahorrar unos chavitos con esfuerzo y, sin pensarlo mucho, compré un pasaje de ida. De ahí en adelante fue sólo conteo regresivo hasta que llegase el día.

Luego de la 1era noche...

Nuestro primer abrazo fue caliente con cojones, pero no de esa manera sexy. Una ola de calor coincidió con mi llegada, y nuestras pieles se fundieron con una capa de sudor entre cuerpo y cuerpo junto a un sol de más de 100 grados alumbrándonos por encima como si las 12 del mediodía fuesen para siempre. No supe cómo sentirme: estaba emocionada por verlo, por tocarlo, por besarlo y por apretarlo después de tanto tiempo… y, a la vez, se sentía como si fuésemos dos boxeadores en medio de un abrazo de tregua mezcla’o con fluidos corporales… ew.

Aquella primera noche salí a janguear con mi cuñada y su amiga mientras él trabajaba. Iríamos a este sitio bien nítido en el que tendrían Happy Hour a $4 la cerveza.

– ¡Eso es un palo en NY!

… ¿En serio? Oh my God! Extrané El Boricua, El Vidy’s, El Refugio, Nellylandia y todos esos chinchos donde una cerveza es cosa de a peso. Pero está bien: estamos en NY, que se joda.

Bebimos lo que pudimos en la última hora del Happy Hour hasta que la vejiga empezó a gritar. Las tres nos metimos a hacer fila en un espacio súper limitado con dos inodoros ocupados. Fue allí donde fui testigo de la hostilidad niuyorquina por primera vez cuando vino esta chica a colarse justo al frente mío sin ningún reparo.

– Pero… y esta tipa, ¡se coló con sendo guille! – dijo la amiga de mi cuñada en español mientras se lavaba las manos.
– ¡Sí, mano! Con descaro y tó, pero whatever. Que mee lo que tenga que mear, en verdad – dije yo con indiferencia.
– Qué cojones, que haga fila como nosotras, qué se cree – y nos echamos a reír con sarcasmo.
– My friend is using the bathroom, you know – se justificó conmigo la colona al darse la sospecha de que estábamos hablando de ella.
– Yeah, I figured – somehow, me había dado cuenta que ese era el caso.
– Yeah, ‘cause, you know, its very rude from you two to be talking in another language when there’s people that can’t understand what you’re sayin’.

… ¿EN ESAS? No pude creerlo. En la ciudad más mixta del mundo, alguien es capaz de exigirme en qué idioma tengo que hablar con mis compatriotas. Pero está bien. Tan solo la miré y le sonreí con tranquilidad:

– … I said it’s ok, you can go ahead and use it first.
– Tú eres muy buena, mano. Yo le hubiese dicho dos o tres pa’ rápido.

Lección #1: Pick your battles. Que no te jodan tu jangueo.

Dentro de un rato, el happy hour se acabó, las cervezas subieron a $6, la nicotina nos llamó, e hicimos un caballo para comprar cigarrillos a nada más y nada menos que $12 dólares la caja. Técnicamente, es más fácil pedir un cigarillo, ¿pero quién se atreve a pedirlo a esos precios? Poco después, ya yo estaba hecha por la noche, me montaron en un taxi y me fui. ¿Jangueo total de la noche? Casi $80.

Lección #2: Jangueo niuyorquino ¡CANCELADO!

Al otro día cogí mis cosas y me fui para un Starbucks a conectarme al internet. De un día para otro, los pasajes habían subido $10 más, por lo que debía comprar mi regreso antes de que fuese demasiado tarde. Había calculado el tiempo que podría pasar Fernando conmigo antes de que me fuera, así que escogí el día y lo compré. Fue entonces cuando se me ocurrió sacar cuentas de cuánto ya había gastado del presupuesto que había separado para el viaje, contra lo que me quedaba para el resto de los días justo después de haber sentenciado mi regreso a PR sin posibilidad factible de cambios,… y ahí fue que me horroricé.

Entré en pánico cuando vi que no me quedaba presupuesto suficiente para costearme “cómodamente” la estadía que acababa de planchar, y que la tentación de irme overbudget iba a ser desastrozamente iminente, ¡NOOO! Inmediatamente congelé mis cuentas bancarias para poder proteger mi regreso a PR, pagué mis cuentas del mes y me obligué a bregar con lo que tenía regañándome a mí misma como si fuera mi propia madre. O bregas con eso, o bregas con eso. Esa es la que hay.

Free MoMA Fridays!

Fernando me consoló: “Don’t worry, mi amor. Eso te da. It’s doable”. Y después de hacer un poco de research, vi que tenía razón. Resulta que en New York hay tantas cosas para hacer y ver, que es realmente fácil encontrar actividades interesantísimas a poco o ningún costo. Tendría que olvidarme del shopping, de musicales, y de todos esos splurging binges que tuve la primera vez que fui a NY. Así fue que, de turista, pasé a ser una chica visitando a su novio y probando el diario vivir de un nuyorican on a budget.

El iPhone fue mi mejor amigo. Un día antes buscaba por internet qué eventos chéveres habrían al siguiente día de gratis, y durante el día googleaba los mejores sitios económicos dependiendo de mi ubicación. Así fue que descubrí las dos pizzas con refresco a $2.75 de 2Bros, el falafel sandwich con Ice Tea por $3.95 de Amir’s, el arroz y pollo árabe por $6.00 de los Halal Guy’s, el bagel breakfast con espresso a $6.00 de Machiatto, o el súper bagel tamaño BigMac por $5.00 de Delí & Bagel. No fue, sin embargo, hasta que encontré las Presidentes 40oz a $3.50 en el colmado dominicano de la esquina, o el botellón de cerveza artesanal de 64oz a $10 de Bierkraft que supe que realmente estaba gozando.

Lección #3: ¡NY on a budget es bien posible!

Hubo otros días que sencillamente chequeábamos nuestras respectivas cocinas y nos juntábamos en casa de algún amigo a cocinar alguna cena. Fue así que una noche llegamos a Harlem y conocí a Pepe y a su novia finlandesa. Aquella noche abrimos una de esas ricas Presidentes junto a un vino bien nítido mientras ellos le metían mano a la cocina y nosotras le metíamos a la cháchara y la bebelata para orgullo pleno de nuestros abuelos. Ya al final de la noche, luego de par de birras y de comer el arroz con habichuelas y bistec encebolla’o más rico de mi vida, tenía demasiado sueño y pica’era como para seguir viendo el stand-up de Tracy Morgan. A lo lejos, escuchaba la voz de Fernando tratando de despertarme:

– Ven, Ale, vamos a coger un taxi.
– ¿Un taxi? No, un taxi no. ¿Pa’ que? Si tenemos el metro. – le dije con toda mi somnolencia.
– Chica,… vamos a tomar un taxi, dale. Hazme caso.
– Pero es que no entiendo, Fernando. Un taxi nos va a salir caro, estamos lejitos. Fuck that. Let’s just take the subway.
– Ale… un taxi, por Dios. Mira la hora que es. – insistía él, sin querer darme mucha explicación.
– ¿Pero por qué no el subway?
– ¿Tú quieres el subway? Ok, lo que tú digas. Vamos a coger el subway, entonces. – se resignó él con ese tonito cínico que decía “después no digas que no te lo advertí”.

Estación 75th W

Así que tomamos el subway. Mientras esperábamos a que llegara el próximo tren, un señor se nos acercó. Asumí que era negro hasta que abrío la boca y salió un español perfecto. Resulta que era de Honduras, y Fernando le contó que eramos puertorriqueños. Ahí estuvieron ellos hablando de nuestros respectivos países, de Latinoamérica y de otras cosas que no sé porque me quedé semi-dormida tan pronto nos sentamos dentro del tren.

En un momento dado, abrí los ojos mientras aquellos hablaban amenamente, y ví este chamaco que entró a nuestro vagón mientras el tren estaba en movimiento. Con flow de ganster y una cerveza en mano, se nos acercó un poco en la suya, casi con cara de querer buscarse un problema pero ni pa’ tanto. En esas, al señor hondureño se le ocurre invitarlo a la conversación muy cándidamente:

– And you? Are you puertorican?

Bingo: le hicieron la noche.

– I’m not puertorican, motherfucker. I’m black, OK??

Uff, aquí fue. Aquí me jodí. Aquí nos jodimos. Pa’l carajo se fueron el sueño y la borrachera. Solos los tres, encerrados en un vagón del tren, nos hemos topado con un hijueputa que, sin querer, lo acaban de insultar preguntándole si es puertorriqueño. Ya podía escuchar a Fernando. Ya sabía todo lo que me iba a decir si sobrevivíamos to whatever was gonna go down in that moment.

– Whychu’ callin’ me puertorican, bitch? Do I look puertorican to you, motherfucker?? Do I? Huh!? I’m black, bitch. Black! I can break your face for that shit, you know, motherfucker…

El tipo siguió por ahí pa’ bajo fronteando de ser el más negro y el más que le iba a partir la cara al señor por llamarlo puertorriqueño, mientras el señor, callado, trataba de evitar problemas justificando en la menor cantidad de palabras posibles que “he didn’t mean no wrong”. Mis nalgas permanecían tiesas mientras tocaba la espalda de Fernando dejándole saber mi estado de alerta, terror y culpa, aparentemente demasiado obvias incluso para el Black:

– Hey, sweetie, nice to meet you. Don’t be scared, you know, I’m not a bad person. It’s just that I ain’t letting nobody call me puertorican, cuz I’m not a fucking puertorican! I’m black and I deserve to be respected! Nice to meet you, too, bro. I’m not a bad person, but ait’t lettin’ nobody disrespect me – supongo que no le tuvimos cara de “foquin pororicans”… ¡y que ni se entere, que nos mata!

– Ehh,… hehe. Uhm, it’s ok, don’t worry about it, I mean, it’s cool… just,… don’t… don’t mind him… please… – le dije yo luego de corresponder su handshake, a ver si lograba que se tranquilizara un poco. No funcionó.

– So, watchu’ got in the bag, motherfucker? – aquí fue, aquí lo va a asaltar en nuestra cara, se van a enredar a los puños, el cabrón va a sacar un cuchillo, ésto se va a llenar de sangre, nosotros no vamos a poder hacer un carajo, y ésto se jodió en este tren que no acaba de llegar a la próxima estación, puñeta. El hondureño, callado aún, agarró su bulto y, estirando su brazo, se lo ofreció como bienviniendo que el tipo buscara entre sus escasas pertenencias y tomara lo que quisiera con tal que lo dejara quieto. Hubo un momento de silencio incómodo en el que todos estuvimos tiesos mirándonos y, de momento, el Black sale con lo menos que yo esperaba en este mundo:

– Yo’, I’m just fuckin’ witchu. We good man, a’ight? We good! Yeah, man, just playin’ witchu…

… ¿Tú me estás jodiendo? ¿Tú me estás diciendo que este cabrón nos tuvo cinco minutos con el corazón en la boca y el culo apreta’o, y estaba TRIPEANDO? ¿En serio? ¿En serio de que ahora le está dando la mano y tó? ¿EN SERIO? Digo, qué alivio, en verdad,… ¡pero qué huelebicho! Dejé de escuchar el resto cuando al fin se abrieron las puertas, nos despedimos de nuestros dos nuevos “panitas” de tren, y Fernando comenzó su speech de dos horas:

– ¿Tú ves? ¿¿Tú ves?? Por no hacerme caso. Te dije que cogieramos un taxi. Yo sabía que ésto iba a pasar, pero como tú te vas de culo y nunca me quieres escuchar y blablabla yada-yada-yada…

Y para acabar de completar, nos montamos en el próximo tren para rapidito encontrarnos con un:

– Shut up, motherfucker! Shut the fuck up! SHUT THE FUCK UP! I’ma bust yo’ ass right now if you don’t shut the fuck up, motherfucker!

… Of course, como no. Como si no bastara con aquel susto. Y como si ya Fernando no me hubiese regañado suficiente por la noche.

Lección #4: De vez en cuando, simplemente toma un foquin taxi. Por tu bien.

Ya empezaba a verlo. New York como turista era una cosa, pero como residente era otra. Es como una galleta en la cara llena de malicia, de cuero duro que se engrosa a fuerza de cantazos, de aprender a moverse y a esquivar esas cosas que aparecen cuando no las ves venir,… and it can get quite overwhealming, incluso con lo más sencillo.

Por ejemplo...

Un domingo quise irme al South Ferry mientras Fernando estaba en el estudio. Ya le había cogido el swing a la complejidad del subway. Hubiese sido la cosa más simple del mundo si no hubiese sido porque, cuando entré al tren, vi que me habían cambiado los muñequitos: aquel tren iba a saltar varias paradas, una de esas, la que yo necesitaba. Está bien. Me bajé en la próxima más cercana y caminé un rato hasta que decidí tomar otro tren para ir al sur. Ese también le habían cambiado la ruta y terminé en otro punto de un Mid-Manhattan atestado de gente que me dificultaba el caminar, incluso pensar en hacia dónde quería ir o qué quería hacer. “No, no, no, I just wanna get out of here, de seguro si voy al sur estará más tranquilo y allí me como algo. Let’s just try one more time hasta la próxima estación”…

Conseguí de nuevo la línea 1 que iba Downtown y me dejaría exactamente donde quería. El tren parecía acabado de llegar, por lo que algunos nos montamos con prisa antes de que cerraran las puertas y partiera. Para nuestra sorpresa, el operador del tren estaba adentro mirando con cara apestada, como si le quisiera partir la cara a alguien.

-… Are you going Uptown? – nos preguntó con una voz lenta, arrogante y grave.
– No – le respondimos nosotros pensando que eso era lo que precisamente él querría escuchar, partiendo de la premisa que afuera decía que el tren iba Downtown.
– … Well, then GET OFF MY TRAIN. THIS TRAIN IS GOING UPTOWN, NOT DOWNTOWN!

… Me quedé mirándolo con incredulidad por unos breves segundos antes de salir totalmente insultada del tren, poniéndome las gafas sobre los ojos en un intento vano de suprimir mi frustración, encojonamiento y cansancio, pero las lágrimas y un pal de pucheritas de puppy se me salieron anyway. Justo cuando había alcanzado la acera, Fernando me llamó:

– ¿Cómo estás?
– ¡ESTOY HARTA! – dije con toda la carga más changa de mi ser.
– ¿Pero por qué??
– Mano, puñeta, llevo horas tratando de llegar al South Ferry he caminado con cojones y cada vez que me monto en un puto tren me cambian la ruta y tengo que estar foquin adivinando dónde estoy y hay tanta foquin gente y esto es un revolú que no entiendo y tiene que venir este mamabicho a salir con la bichería de que el tren va uptown y no downtown pero es como que ¡HELLO, PENDEJO, AHÍ AFUERA DICE DOWNTOWN, NO TIENES QUE SER TAN HOSTIL! ¡y yo lo único que quiero es llegar al fuckin South Ferry y no puedo y me duele la cabeza y tengo hambre y no se ni dónde puñeta estoy! … ¡No te rías, Cookie!
– Pero, mi amor, jajajaja… yo te dije que en los wikenes el subway es una mierda por todos los cambios que hacen para las remodelaciones – me dijo con pena. – No te pongas así, Cookita. ¿Quieres encontrarte conmigo y nos vamos a comer algo?

Lección #5: Cuando la ciudad se ponga too much, no te pongas triste: cómete un canto’e pizza.

Esta vez nos fuimos al otro lado de la calle por aquello de variar. 2Bros tiene una pizza super rica que nos fascinaba, pero los cabrones no te dejan cambiar la soda por agua, y no hay nada más malo en este mundo que tomarse una soda tibia. Este otro sitio tenía la misma oferta de dos pizzas con bebida por $2.75 y, para mi fortuna, ¡la bebida podía ser una botella de agua! Para Fernando, en cambio, no había nada mejor que bajarse un buen canto de pizza con refresco, así que pidió lo suyo:

2Bros cheesy pizza!

– Agh, pero qué mierda, aquí también venden las sodas tibias, loco, que’s la que hay…
– Pues, mi amor, pídete una botella de agua como yo, es mejor. Qué se yo.
– Na, que me de un vaso con hielo, mano. A ver… Excuse me? ¿Tendrás un vaso con hielo que me puedas dar, por favor?
– Nosotro’ no tenemo’ eso. – le dijo ella con un acento latino bien agringa’o.
– Pues,… na, está cool, me la tomo así entonces. ¿Y el queso parmesano, dónde está?
– Nosotro’ no tenemo’ eso tampoco.
– … ¿No tienen queso parmesano pa’ las pizzas tampoco?
– Oie, pero tú como que ‘ta pidiendo mucho por un slice of pizza for a dahllar, huh?
– Eh… ¿Ok?

Lección #6: … Si algo funciona, ¿a veces es mejor no cambiarlo?

¡Y pa’ colmo, la pizza ni estaba tan buena!

Dos días después, por fin llegué al South Ferry sin problemas. Por algún momento pensé coger el Staten Island Ferry, pero creo que fue precisamente en el momento que compré la taza de café más mala que había probado hasta el momento que renuncié a las ganas y me fui. Ya yo había estado allí en el 2009, por lo que la magia de la novedad de “ver” ya estaba saciada, así que caminé de regreso al subway con mis earphones puertos y, en esas, me cruce con 3 oficiales posteados en una esquina dentro de la estación.

– Hey, lady,… Hey! Stop for a moment, please – el oficial tuvo que hacerme señas con las manos al verme tan envuelta escuchando música.
– Uhm,… Sorry? – bien confundida.
– We’re doing a random search among the public. Can you please put your bag on the table?
– Eh,… sure…? – ¿Acaso tenía cara de delincuente? ¿De problemática? ¿Seguro que era “random”? ¿O ésto era una cuestión racista? ¿Será porque ellos también tienen una pendejá con los puertorriqueños? … No importa, obedecí y puse mi cartera en la mesa con todo y la confusión.

– But… what are you looking for, exactly?
– Oh, we’re not gonna open your bag, we’re just looking for traces of explosives or anything that might put people in danger. You know, just keeping you safe.
– Oh! Ok. Well, you know, I don’t even live here, actually. I’m just visiting – decidí montarle conversación mientras el otro oficial le pasaba un wipe a mi cartera. Me pareció cool.
– Really? Where are you from?
– Puerto Rico. – sonreí.
– Oh, nice! Well, now you have a story to tell, right? Hahaha!
– Of course, hahaha! – con mi risa falsa – Can I take a picture?
– … Eh… I don’t know about that
– … I’m kidding.
– Ah! Haha! Well, we’re done. You can take your bag now, ma’am. Have a good time!

Lección #6: No jodas con figuras que reciben photo ops en Time Square.

Seguí mi camino hacia el tren con mis earphones espeta’os en los tímpanos nuevamente y mis gafas protegiéndome de cualquier “Watchu’ looking at?”. Aún después de todo, el subway me resultaba cómodo. Lo único que en ningún momento pude superar realmente es la incomodidad de los beggars dentro del tren. No me refiero a esos que están con un cartel en una esquina, o los que tocan música o cantan y piden chavos. Me refiero a los que entran y dan su discurso a to’a boca provocando que todos en el vagón se pongan incómodos y hagan silencio:

– I don’t have a home. I don’t have a job. That’s a BAD “cambeenation”.

El resto es poesía de autopena junto a un presentimiento de que probablemente esa persona podría estar mejor si al menos intentara trabajar,… pero es solo un presentimiento. Quién sabe cuál es la realidad de éste tipo, o cuánta veracidad tiene el cuento que está declamando. Después de todo, NY es una ciudad enorme y estúpidamente cara, y cada cual tiene sus rollos. A lo mejor sí ha tratado de trabajar y de echar pa’lante. A lo mejor nadie le había dado el break… y quién sabe, a lo mejor algún ser querido mío podría estar en su posición algún día. Entonces uno empieza a sentirse medio culpable porque una parte mía quisiera darle algo, pero la realidad del caso es que todos los días aparecen 20 personas que piden chavos mientras que uno mismo está bregando con lo suyo, con joderse trabajando para echar pa’lante y pagar el costo de la vida, y si fuera por la pena, los deambulantes dejarían a uno en quiebra… y sigues pensando toda esa musaraña con el badtrip de la culpa juiciosa y la incomodidad de que el tipo siga contando la historia de su vida hablando bien duro cuando de repente:

– Your donantions are also welcome over the internet. Feel free to do so at givemeyourdamnmoney dot com.

Lección #7: … Pa’l carajo la caridad.

¡No me dejes ir...!

Pestañé y ya había llegado el 8 de agosto, mi último día allí. Si la peor parte de tener una relación a larga distancia te va a patear en algún momento, lo hará inevitablemente en el aeropuerto, sí. No sé bien cómo llegué a PR de nuevo. Por mí, aún estuviese abrazando a Fernando, diciéndole que lo amo y pescando cualquier excusa para tener más tiempo juntos: acompáñame al baño,  ven a lo que tomo agua, vamos a comprar el ticket, siéntate en lo que me como un bagel, abrázame un ratito más… ¡AAA!

Con todo lo bueno, todo lo malo y todo lo increíble,  mis 18 días por allá fueron un buen canto bien mixea’o del encanto de pertenecer un rato a la Gran Manzana. Juntarme con mis buenos amigos de hace años nunca deja de carecer precio. Celebrar un año del día que conocí a la persona que amo, y actually poder celebrarlo con él, es una bendición. Reunirme con personas nítidas a hacer una cena, conocernos y pasarla bien es una inyección de buena vibra. Y tener una oportunidad de tumbarme de espaldas a la grama cada 10 bloques y poder mirar el cielo desde un canto de tierra donde virtualmente todo es posible es prometedor. Posible-bueno. Posible-malo. Pero posible al fin…

Quién sabe.

S.Y.S.


Samuel, Alexis, Mariana, Melissa, Odalis, Diego, Steve, Nicole, Amlys and Marisel like this post.

  • Odalis – Siempre leo tus Post-Baked. Me gustan, tienes una lectora fiel :)
  • Fernando – Viste q cabron quedo? Sin importar lo largo
  • Karina – Your stories are the awesomest!…:)
  • Karymar – Me gustó! Muy auténtico!!! Me reí pal jeje Exito chica!
  • Viviana – Acho, me hiciste reír. Ya no me siento mal por mi último día badtripeoso, ni por la gente que me dijo mierda. A ti te fue peor, jeje.
  • Alexandra – Gracias a todos, y gracias, Odalis, por ser fiel a pesar de mi crasa inconsistencia, jejeje :)
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• Bien empuja’o

No pude escaparlos de mi vista con ese chinita neon. Me atrajo como magnético levítico. Los tuve que tomar en mis manos y mirarlos con los ojos bien abiertos. Lo dije en voz alta: “¡Me enamoré!”

– Alexandra… que zapatos MÁS feos, por Dios.

Mi madre se fue con cara de horror. La señora de al lado miraba con esta vibra que te da a sentir que, justo antes de que tú llegaras, ya ella había visto el objeto de tu obsesión y había pensado “diablo, que cosa más fea, puñeta. Quién se pondría semenjante ridiculez, joi-joi-joi”. Y ahí los agarraste tú.

– Mira, mami, ¡están en especial!
– Yo no confío en los especiales de JCPenney.

Le di un fucktit. Ahí decía que estaban a $42 dólares, más un 25%, o sea que me saldrían a $30pico… ¡Nada mal! Pedí los zapatos, me los medí, modelé en el espejo, me ligué, caminé con ellos, me sentí bien cool y les pedí el sí.

– Me los llevo.
– ¿Algo más que necesites, amiga? ¿Tienes la tarjeta de JCPenney?
– No, gracias, no me interesa. Cualquier cosa, mi madre tiene una.
– Ahh bueno, pues. Serían $45.74 el total.
– Wait… ¿qué?
– $45.74
– Pero… ¿¿no tenían 25% de descuento??
– Sí. El precio mostrado ya incluye el 25%. Estas sandalias están a $57 dólares, precio original.
– O… ¿k? Um… Ok, whatever.

Sí, whatever, porque ya me las había puesto, ya las había modelado, ya me sentía que sin ellas no podría ser cool el resto de mi vida, y ya les había pedido que se casaran conmigo. Y así, con el swipe de mi tarjeta, pagué la clavá que me montaron sin pena, con una sonrisa “y sin Vaselina”.

– Te dije que no confiaras en los especiales de JCPenney.

Está bien, está bien. Pero, ¿y por qué a la Vaselina siempre hay que achacarle popularmente una connotación sexual?…

… Hace dos semanas, cuando celebré mi cumpleaños en mi casa, Freddie llegó y, para mi sorpresa, inmediatamente me pidió que le enseñara mi cuarto.

– … ¿En serio?
– Sí, sí, ¡dale, quiero ver tu cuarto!

No esperaba que alguien me fuese a hacer tal petición, pero dale, al menos estaba presentable.

Tan pronto prendí la luz, lo vi ahí a plena vista: un enorme pote de Vaselina de 13oz que un día apareció en mi casa y del cual me adueñé. Me preparé mentalmente pa’ que me la montara bien duro por la mala fama que tiene tal pote, pero, o no lo vió, o se hizo de la vista larga, o me la montó a mis espaldas. Anyway: gracias, Freddie.

… Recuerdo que me enamoré de la Vaselina cuando me partí dos dientes en 6to grado. Tuve que ir al dentista para que me los arreglara, obviamente. La dentista se dio cuenta que tenía los labios ultra resecos (cosa de la que he padecido toda mi vida) después que me estiró la boca con un aparato bien algaro para poder bregar dentro de ella, así que tuvo el detalle de pasarme un poco de Vaselina como si fuese lipgloss y, voilá: mis labios se humectaron en un par de minutos, y los pellejitos se zafaron como tela fina posada en mis labios. ¡Remedio Santo! Vaselina, desde entonces, ha sido mi miracle chapstick amado. Mi vida no fue igual.

Aún así, ¿por qué se sentía como algo que tenía que mantener oculto, o incluso, como un potencial avergonzante cuando Freddie entró a mi cuarto? WTF, ¡ES SOLO CHAPSTICK!

Días después me topé con este video…

¿Beauty secret? Me quedé pegá con ese beauty secret, sobretodo teniendo un pote tan grande el cual yo suelo usar solamente como un largo e interminable chapstick…

Pues lo googlié, y te voy a decir algo: es foquin hora de que sepas que la Vaselina tiene muchísimos más usos aparte de la noción de que es para que te m***n el b****o por el c*** sin que te duela:

Mira pa’llá. ¿Y sabes qué es lo más cabrón? Que después que compré los zapatos, me decidí a escribir ésto, y, cuando busqué la foto de las sandalias para postearla en este blogpost, vi que en JCPenney Online están exactamente las mismas a $20 pesos incluyendo shipping… ¡OOOUUCH!

Uso #51: ponértelo de sobito después de una buena foquin clavá de un especial desconfiable de JCPenney.

¡Reinvindicación para Vaselina!

P.S. – Uso #52: pásate Vaselina en la orilla de tu pelo, orejas, nuca, frente y cualquier parte necesaria antes de que te pintes el pelo para evitar mancharte la piel. Lo acabo de hacer ¡y es un PALO!


Johana, Viviana, Mariana and Omar like this.

  • Omar – Lo que necesitaba leer antes de dormir. Eres otra cosa.

• La Gaveta

Exacto. Estaba haciendo resaque en el folder de “Drafts” y me di cuenta que tenía varios escritos sin terminar, muchos de ellos pura mierda que eché al zafacón. Éste, sin embargo, me trajo recuerdos de lo que no pudo ser este año:

Foto de Mayra Rivera

“Yo en verdad no sé qué es lo que tienen los momentos como aquel a esas horas de la oscuridad de la noche en otro medio de la nada. Hacía una brisa suave y fría, no había luz, las estrellas estaban explotás, la luna estaba encendía y el chocolate caliente de MoFo tenía el queso derretido en el fondo. ¿Qué es cada una de esas cosas en sí misma sino sólo una cosa y ya? La brisa es brisa, las estrellas son estrellas, la luna es un planeta, el chocolate es chocolate y el queso derretido es un blob de queso derretido, más ná. Pero parada en aquel terreno tan amplio y verde, caminé hasta el medio del campo con una mano caliente aferrada a un vaso de chocolate y la otra fría rascándome una nalga, mientras miraba hacia la noche y pensaba: ‘Qué bien. Hacía tiempo necesitaba ésto’. Aquello se sentía genial.”

Una corta memoria dedicada a ese corillo de noviembre jayuyense. :)


Cristina and Alex like this.

  • Mayra – Este año fue la luna llena en el medio del campo. Y síp, pensamos en ti también :)
  • Alex – Si pensamos en tí mija! Así es tocaya todo es tan simple, pero con una capacidad increíble de conectar a uno con la realidad. Gracias por La Gaveta!!!

• Word, bro.

Nunca he hecho un research, pero sé que mucho ha de haberse escrito sobre la Palabra: la Palabra escrita, la Palabra verbal, la Palabra pensada. Me está curioso porque la Palabra es algo que usamos todos los días. Hablamos bonito, hablamos normal, hablamos feo, hablamos gufia’o, hablamos aburrido, hablamos a lo loco, hablamos en serio, hablamos mierda, hablamos todo.

Ayer me di cuenta que tal vez, la mayor parte de mi vida no he sabido lo que he hablado. Y no lo he sabido porque, incluso, en todas las ocasiones que he hablado de corazón, he hablado sin la consciencia del poder de la Palabra.

No me voy a poner a definir el poder de la Palabra porque empecé este blogpost diciendo que “nunca he hecho un research” de ello y esa es la verdad. Tampoco voy a ponerme a definirlo porque, en el segundo párrafo de este blogpost, establecí que fue ayer que lo descubrí, pero ¿sabes qué? Creo que la diferencia raya en la consciencia de que la Palabra no es un par de letras juntas, sino significado, energía, pensamiento y consciencia de la Palabra misma.

Siento que, muchas veces, he escuchado y escuchado palabras, las repito pa’ lante creyendo entenderlas, o las descarto cuando no las entiendo, o las evito cuando las repiten demasiado y me harto, o las cambio para no decir lo mismo, o las digo porque me gusta pronunciarlas y pego a disparar por ahí pa’ bajo sin tener consciencia de que la Palabra es más que “un par de letras juntas,”… y hablando a lo loco, cuántos disparates habré dicho en mi vida.

Pienso en cuántas veces he hablado lo que pienso en lugar de pensar lo que hablo, cuántas veces he alineado la palabra con el pensamiento, y cuántas mil veces más fallaré en hacerlo. No fue hasta que lo viví que realmente pude tener la realización de cuánto poder puede tener “un par de letras juntas”, para bien y para mal, aunque sea sólo en el pensamiento, y todas las repercusiones, buenas y malas, que puede generar. Lo único que puedo decir es que, cuando uno entiende (y, desde la humildad, admito que aún no lo entiendo a cabalidad) el significado real de una palabra y la alinea con la energía y el pensamiento, wow,… el propósito cambia y se hace bien fuerte. Está cabrón.

245 blogposts con 23,192 visitas, 157,680,000 palabras a razón de 16,000 palabras habladas al día, y 788,400,000 pensamientos a razón de 80,000 pensamientos al día en mis 27 años… Creo que me queda rato por entender.


Paola and Diego like this.

• ¡Cómo no!

El otro día me levanté encabroná. Bien encabroná. Tal vez sólo me levanté con el pie izquierdo de la cama. Probablemente era la carga de pensamientos del día anterior, pero definitivamente, a medida que pasó la mañana, me encabroné más.

Necesité urgentemente alguien con quién descargarme, alguien que me preguntara “¿Cómo estás?” para yo poder responder “BIEN ENCABRONÁ”. Sobretodo, alguien que no me dijera nada, sino que me prestara un rato de silencio para yo poder echar mi gran vómito emocional, mi martirio en toda su potencia.

Hice tres llamadas necesarias esa mañana. ¿El Primero? No, no, él no va a entender. ¿La Segunda? Chacho, ni pa’l carajo, esa ni me va a escuchar. ¿La Tercera? Coño, la Tercera me brega, esa sí que va a entenderme…

– ¿Hello?
– ¿Tercera?, es Alex, ¿Cómo estás?
– Dímelo.

(¿”Dímelo”? ¡¿No me vas a decir “¿Bien y tú?” pa’ yo poder decirte que ESTOY ENCABRONÁ?! ¡¡¡AAAAAAAAAA, MARRAYO PALTAHHHH!!!…)

…¿Sabes qué? Nevermind.

Mientras tanto, mi coraje se seguía cocinando, y a pocos minutos mi teléfono sonó:

– Hey, Cookie, ¿cómo estás?
– ¿Bien y tú?
– Bien… – dije yo…

Era mi jevo, Fernando. Por alguna razón, me lo reprimí. Ver su nombre parpadeando en mi teléfono mi dio un leve sentimiento de comfort. De momento no se sintió adecuado, no era la persona y, además, él no tenía nada que ver con mi encabronamiento. Tampoco iba a entender, y vaya manera de empezar la mañana recibiendo la descarga de una persona encabroná al otro lado del teléfono aunque no sea contigo. Ay, pero fuck it, LO NECESITO:

– ¿Sabes qué, Cookie? En verdad estoy BIEN ENCABRONÁ – y ahí comenzó mi vómito apasionado.

Estaba encabroná porque, por enésima vez en mi vida, me encontraba envuelta en una situación en la que no quería estar desde un principio, pero me tomó la más mínima persuación de alguien para decir “sí” voluntariamente, para luego cagarme en la madre de la hora en que dije “sí”.

Soy una Yes-Man. Es irónico porque, según aquellos que me quieren mucho, puedo ser bastante egoísta. Sin embargo, incongruentemente, soy una Yes-Man. Muchas veces (no siempre), ejercer la palabra “No” me cuesta trabajo: ¿Y si dejo pasar la oportunidad? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si luego me cuentan y digo “qué mierda, me lo perdí”? ¿Y si me miran mal? ¿Y si el otro se encojona conmigo? ¿Y si el otro piensa que no doy el grado por haber dicho “No”? Luego de una racha de preguntas similar a esa, termino diciendo cualquier variante del “Yes”: Dale. Ok. Sí. Cuenta conmigo. Vamu’encima. Seguro. YES. Y luego me cago en la madre de mi propio “Yes”.

Así seguí mi tantrum apasionado con Fernando en el teléfono, con toda mi frustración de la vida, somehow, echándole la culpa al que me convenció, a la situación, al malestar, a las circunstancias porque, te voy a decir una cosa, qué rico se siente poder apuntar el dedo. Sin embargo, para mi propia dicha (en sentido real y en sentido sarcástico), soy una persona bastante racional:

– Lo más cabrón es que, al final, the only person I’ve really got to blame is myself for saying “Yes”…
– Sí, y en verdad me gustaría poder decirte cómo solucionar esta situación, pero no puedes hacer nada porque nadie te obligó. Tú la elegiste.

…Wow. Yo la elegí.
…Más nadie.
Yo solita.
Yo lo elegí.
… Qué clase de galleta en la cara.

Es bien loco cuando uno pone las cosas en su justa perspectiva. Para mí, un “Yes” es un “Yes”, algo que, tal vez, yo le doy a otra persona… ¡un “Yes”! Pero cuando empaté que un “Yes” es una elección mía, ¡diablo…!: yo lo dije, así que yo lo elegí, y cuando yo elijo algo es porque lo prefiero, porque yo lo quiero. Así que un “Yes” básicamente es un “Quiero”… ¿¿Y cuántas veces de esas que he dicho “Yes” realmente he “Querido”??

Ahí entendí mi gran issue con el “Yes”… el “Yes” y el “Quiero”. De ahí desprendo un bolón de cosas: los retos, los sacrificios, las oportunidades, los crecimientos, los arrepentimientos, las maldiciones bendiciones, las pataletas, los corajes, las gratitudes, los trabajos, los prove-myself, los resultados y todo lo demás, bueno y malo, que me tira y me hala sin mucho remedio confligiéndose entre ellos mismos. Me encabrona como me encanta, me inquieta como me complace, y así mismo como no puedo conciliar ningún acuerdo entre ambos polos en un happy-medium, reconozco que continuaré siendo una Yes-Man, para mi dicha o tragedia, con amor y con odio, después que no sea para que me cuenten ni para pensar “diablo, ni lo traté” …

Y si alguien tiene el know-how para llevarlo bien y en excelencia, por favor,… hágame el favor.


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  • Diego – ¿me gusta? YES
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