Archivo de la categoría: Valores

• Parábola Canina

Este fin de semana ha sido un tanto interesante. Desde que Lucas llegó a casa, lo hemos inundado de cariño y atención. Aún así, ha sido evidente que Lucas desea un par.

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Cada vez que lo llevamos a caminar por la urbanización, instintivamente busca amigos, se le paran un poquito sus orejas pesadas cuando espotea a un can, y mueve su rabo con locura cuando está suelto y tiene la libertad de hostigar a uno como él. El otro día, incluso, tuve que meterme en casa de un vecino no muy cercano para sacar a Lucas de su sala y pedirle disculpas por el comportamiento imprudente de mi Golden Retriever de 30 libras de peso y 3 meses y medio de edad.

El día se le dió el pasado viernes cuando, después de tanto tiempo, Seba por fin trajo a Lola, una Beagle que con frecuencia cuidamos y que nos motivó a adquirir un perro propio por primera vez, a que pasara el fin de semana con nosotros. Lucas la recibió con una alegría incontrolable. Brincó, ladró, busco juego, persiguió y olfateó insistentemente jurando que ahora habría alguien que lo entendería y que le brindaría alegría y diversión,… alguien quien sería su par por, al menos, los próximos 4 días. Lucas estaba imposiblemente emocionado.

Sin embargo, Lola no se sentía igual. Lola había estado antes aquí. Lola ya conocía la dinámica de esta casa. Ya ella había probado los muebles, había ganado la simpatía de muchos aquí, había logrado meterse a mi mamá en un bolsillo y hacernos darle el voto de confianza para que siguiera viniendo a nuestro hogar. Así que Lola puso patas en esta casa pensando que, como en otras ocasiones, ella podría restregarse en su comodidad, echarse fresco y salirse con la suya con sus ojos tristes, su encanto persuasivo y su manipulación innata.

Los verdaderos colores de Lola no tardaron en verse. Ante la bulla y alegría incordiante de Lucas, no aguantó presión y le lanzó el primer gruñido hostil que pasmó a Lucas por unos segundos. Lucas ciertamente no se lo esperaba, pero no se desanimaba: pronto volvía a buscarle la vuelta con alegría y bulla esperanzado que Lola finalmente simpatizara con él. Pero Lola empezó a beberse su agua, a comerse su comida y a intentar robarle la atención de su propia familia. ¿Qué se creía Lola?

Qué se creía Lucas, parecía decir Lola. Tal parecía como si ella estuviese bien consciente de sus orígenes sabiendo que toda la vida ha sido una “spoilen brat” que estaba sobrepeso porque su ama adinerada le permite comer lo que ella quiera, la deja dormir en su majestuosa cama  dentro de un apartamento lujoso con paredes de cristal que dan vista al mar y la lleva cada dos semanas al grooming para que la peinen, la masajeen y le pinten las uñas. A sus 12 años ni siquiera quiso cuidar ni amamantar a las crías que una vez dió a luz, ¿y ahora este cachorro de vida ordinaria y común se le pegaba celebrando su llegada como si ella fuese a hacerle caso? Nacarile.

Lucas, tan inocente y buenazo, pronto vio las cosas como eran. Poco a poco, con cada gruñido que le traicionaba, empezó a darse cuenta que esta nueva bola de pelos realmente no estaba interesada en él. Al contrario, lo ignoraba y lo atacaba si pretendía acercársele. Y aunque de momento Lucas se sintió confundido, pronto se dio cuenta que no podía dejársela montar por otro que tenía las patas más pequeñas que las suyas. A lo mejor él era más joven y menos experimentado, pero era más grande y más fuerte, y en un frente a frente, podría aprender a ponerla en su sitio si quisiese.

Así que Lucas espabiló y cuando Lola se comía su comida, el se comía la de ella. Si ella se bebía su agua, pues el también se terminaba la de ella. Si ella buscaba el cariño de alguno de nosotros, el se metía en el medio reclamando lo suyo. Y si a ella se le encrispaba el lomo con coraje, el también podía hacer lo mismo y ladrar más duro. Después de todo, el es un cachorro que aún tiene mucho por crecer.

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“You can never underestimate the stupidity of the general public.” – Scott Adams

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P.D. – Lola y Lucas no han llegado a agredirse y se mantienen en términos pacíficos.

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• Electroshock pa’ corregir tu psiquis: Alternative Ending.

Pues mi mamá me dijo una vez que gay es una enfermedad de algo malo que le pasa a alguien en su vida.” – Niño que no sabe nada

81859703(continuación…)

Yo – No, niño que no sabe nada. ¿Tú sabes que a los nenes les gustan las nenas y a las nenas los nenes? Pues hay nenes que le gustan los nenes, y nenas que le gustan las nenas.
Niño que no sabe nada
– Pues esos nenes y nenas están enfermos.
Niño grande – Nene, todos somos unos enfermos, JAJAJA.
Niña pequeña – ¿Cómo que todos somos unos enfermos?
Yo – Niño grande, shh, deja de decir esas cosas.
Niño que sabe mucho – Misi, gay es cuando dos hombres tienen relaciones sexuales con sus penes porque no les gustan las vaginas, ¿verdad?
Niña de 8 años – ¡¡MISI, este nene dijo “pene” y “vagina”!!
Niño que no sabe nada – Pero eso no puede ser porque dos nenes y dos nenas no pueden hacer bebés.
Yo – Pues no, no se puede, pero…
Niño grande – Pues que los adopten. ¿Misi, verdad que los gays pueden adoptar?
Yo – Viste, se puede, pero…
Niño que sabe mucho – Misi, se puede en algunos sitios solamente. Pero aquí en Puerto Rico todavía es difícil por cosas como la 99.
Niño que no sabe nada – Oh, no, porque sino se enferman lo niños también.
Yo – Niño, ¡¿pero qué tu dices!? ¿Por qué mejor no sigues imitando a Michael Jackson?
Niño de 6 años – ¡Michael Jackzon ez patoooo!
Niño que no sabe nada – O no, ¡y yo no soy pato tampoco porque a mí no me ha pasado nada malo en mi vida!
Yo – (bajito) Sí. Tu madre, pero tú no lo sabes todavía…
Niño que no sabe nada – ¿Qué tú dijiste, misi?
Yo – Nada, que ser gay no tiene que ver con que algo malo pase. Lo gays son personas felices como tú y como yo.
Niña de 10 años – Misi, mi tía es gay y ella tiene una esposa y son felices.
Niña de 8 años – ¡Los gays no van al cielo!
Yo – Eso no es así. Papa Dios ama a todos sus hijos y también dice que hay que amar a todos como a uno mismo.
Niña de 7 años – Misi, mi papá dice que Papa Dios es como Santa Claus: no existe.
Niña de 5 años – ¿…Qué? Misi, ¿Santa Claus no existe…?
Niño grande – No, nena. Son tus papás. Pero no empieces a llorar.
Niño de 10 años – Misi, pero, no entiendo,… si un pipí va dentro de una vagina, ¿dónde el hombre pone el pipí a otro hombre?
Niño de 9 años – ¡En el CUUUU-
Yo – ¡CORILLO, SE ACABÓ! Siéntense ahora mismo…
Niña de 5 años – ¡Yo quiero a Santa Claus y a mi mamá…!
Niño grande – (bajito) Llora, nena, lloraaaaaa, jajaja.
Niña grande – Déjala, nene, no la hagas llorar. No te preocupes, niñita. Ahora es más mejor porque ahora sabes que puedes buscar los regalos por la casa y jugarlos antes de Navidad.
Luc – OK, sooo… We’re ready for the kids now. Let’s bring them calmly and carefully to the set.
Yo – Copy that, sir,…But I won’t promise you anything.

Ver: Electroschock pa’ corregir tu psiquis

• Electroshock pa’ corregir tu psiquis

Hoy me encontraba con un grupo de 20 niños entre las edades de 6 y 11 años. Mientras yo esperaba y ellos se divertían, uno de ellos me tocó la cintura insistentemente tratando de llamar mi atención:

– Misi, ¿verdad que wei es una enfermedad de algo malo que le pasa a alguien?
– ¿Ahh? – Realmente no entendí lo que me dijo.
– Es que ella me dijo “gay” y yo le dije que no soy gay – y señaló a una niña que sonreía con cara de perdón y de sospecha.

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– ¿Gay? – dije yo.
– Sí. ¿Verdad que eso es una enfermedad?
– Pues,… ¿por qué mejor no le preguntas eso a tu mamá? – respondí impulsivamente. Después de Jose Enrique, entendí que existen niños muy inteligentes que no se conforman con una contestación superficial y terminan complicando el tema haciendo preguntas que requieren constestaciones muy delicadas al tratarse de un niño que no es hijo de uno.  En un segundo, maquiné que era mejor referirlo a su madre y que ella le contestara en la manera/extensión que más le parecia apropiada.

– Pues mi mamá me dijo una vez que gay es una enfermedad de algo malo que le pasa a alguien en su vida.

Hubo un silencio en el que ambos nos quedamos mirando, él, esperando confirmación, y yo, empezando a sufrir un ténue infarto cerebral. No pude atreverme pensar en más nada:

– ¡…Ok, ya, chiquillos, vamos a sentarnos toítos! Ehh,… ¿Quién quiere refrescooo?
– ¡YOOOO! – dijo la mitad.

… Me pregunto si debí haberle clarificado semejante idiotez…

A que el nene sale gay.

Ver: José Enrique y José Enrique, pt. 2


  • Gabriel – cómo va ser ke suceda eso en esta época moderna? blah
  • Maria Isabel – Me da lástima porque aparentemente su madre tiene una enfermedad (stupidity, ignorance) y se la puede contagiar al pobre nene ……
  • Karelma – “A que el nene sale gay”… OK, ahi me dió risa, sorry…

• La Manzana de la Enseñanza

85784496¿Tú te acuerdas cuando estábamos en primer grado? A esa edad dejamos de ser chiquitines de kinder y empezábamos a ser niños grandes. Cambiamos las polos amarillas por polos baby-blú. Teníamos que coger cinco clases y tener una libreta por cada una. También teníamos que cargar con libros, y ahí fue que Misis Colón nos puso a estudiar nuestro primer texto: “¡A volar Chiringas!”. Sí, aquél que era color azulito, que tenía una ilustración de El Morro y encima tenía la foto de unos nenitos alegres en yeso (o plasticina blanca, nunca supe) corriendo con una chiringa que también era de yeso (o de plasticina blanca) y parecían como si se pudiesen tocar. Siempre me quedaba embelezada mirando esas figuritas en tridí mientras sobaba la portada y me preguntaba cómo rayos las habían metido ahí adentro.

A esa edad era que uno empezaba a aprender los oficios ocupacionales y lo que hacía cada cual. Uno iba estudiándolos y viendo cuál le gustaba más para tantear qué-yo-quiero-ser-cuando-sea-grande. A esa edad uno creía que los únicos oficios que existían era ser enfermero, cartero, bombero, artista, veterinario, doctor, maestro, astronauta, chofer, piloto, marinero y policía (y editor de video y trabajadora social porque eso era lo que hacían mis papás). A esa edad uno entendía que cada oficio estaba destinado a servir a la cultura, salud, bienestar y seguridad de nuestra sociedad, y todos servían como engranaje para hacer que la misma funcionara alegremente. Entonces Misis Colón nos hacía parar al frente de la clase a dar un mini-informe de qué-yo-quiero-ser-cuando-sea-grande y por qué. Me acuerdo que yo dije que quería ser astronauta y ella abrió los ojos:

– Wow, ¡vas a tener que estudiar muuuucho para eso!
– Sí, yo lo sé – le dije yo, pero en verdad no sabía de qué estaba hablando. Yo sólo quería flotar en el aire con un mameluco blanco bien cul y ver estrellas.

También recuerdo que a esa edad nos crearon terror por unos estíquers que se lamían y se pegaban a la piel pero que eran venenosos. Creo que fue la primera vez que me introdujeron al término “Un Extraño”. Mi mamá se eñangotaba y me miraba a los ojos mientras, con una calma llena de advertencia, me trataba de hacer entender:

– Nunca cojas dulces ni estíquers de Un Extraño, ¿tú sabes por qué? Hay personas malas que son existe, Alexandrita. Como Sin Corazón o como Skeletor… personas que les gusta hacerle daño y engañar a los niños. Así que si un día ves a Un Extraño que te llama, o te quiere regalar algo, o te quiere dar dulces o tocarte en tus partes privadas, busca a Misis Colón, o corre a la oficina, o busca a un policía, ¿entendiste?

“Un policía”. Eso fue exactamente en el 1989, 20 años atrás cuando ser policía significaba ser de los buenos o, más bien, cuando yo era demasiado chiquita para entender que eso no era necesariamente así. Y es bien loco porque “¡A volar chiringas!” me había enseñado eso, que los policías estaban para proteger, defender y servir: un policía era tu amigo. Y justo ayer la casa productora Rojo Chiringa (¡qué ironía!) definió una vez más lo que ya se lleva redefiniendo desde mucho, mucho, mucho antes que los uniformados atropellaran la Ave. Universidad hace una semana: un policía tiene una facilidad enorme de convertirse en tu rival, y lo peor, sin uno tan siquiera provocarlo.

Me pregunto cómo sería si realmente la policía fuese como en mis libros de primer grado, si realmente velaran por la seguridad y el bienestar de todos, si tomaran su poder y autoridad como herramientas que sirven para mantener la paz y el buen funcionamiento de nuestro país,… si funcionaran como ejemplo de integridad, buen juicio y justicia en lugar de estar haciéndonos víctimas del lado equivocado del crímen. Esto no era, no es, y nunca va a ser por más que se convierta en otra colorida tradición (pun intended) de nuestro ya adolorido país.

Antes lo pensábamos como algunas manzanas podridas. Ahora parece que lo que está podrido es hasta la madera de la caja. Siento muchísima lástima por aquellos policías íntegros que sí son amigos: yo sé que los hay. Siento mucha lástima también por aquellos que, guiados por ordenes de algún huelebicho, están dispuestos a acatarlas aunque por dentro sientan el “this is not right”: estoy segura que también los hay. Y siento mucho desprecio por todos aquellos que, solitos, deciden tomar su poder y hacer exactamente lo contrario a lo que está plazmado en el parcho de su hombro: Atormentar, Intimidar, Amenazar, Abusar, Engañar, Manipular, Ofender, Provocar, Golpear y Humillar al pueblo que una vez juraron proteger.

Ya que estamos en esas, ¿por qué no se hacen un parcho con esas palabras? ¿Porque son muchas y no caben? Vamos a hacer un parcho bien grande para la espalda, entonces, ¿no? Con big, bright, bold neon letters para que a nadie le quepa duda de qué ustedes van.

Abochórnense, corillo.


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• ¡Vaya, Mamita…!

Uno de mis conflictos internos más latentes ha sido la aparente inabilidad de poder clasificar mis ideologías en un lado u otro. Según mi familia, tengo tendecias liberales. Según la sociedad, soy conservadora. Según los cercanos, a veces creo en cosas que se contradicen y no hacen sentido (¿cómo que no hace sentido?), como creer en Dios y en los aliens, o creer en la heterosexualidad como el único orden natural de vida a la vez que tengo un corillo de panas gays bien close. Tal vez podría continuar con ejemplos, pero me niego a sufrir una crisis existencial cuando apenas comienzo este post.

En fin, que me parece que el mundo evoluciona mucho y es estimulante tratar de comprender las cosas que suceden desde una justa perspectiva. Pero hay algo que no puedo entender aún. Me refiero al reguero de géneros que se ha desatado apartir de dos cosas tan naturales como lo es el ser hombre y ser mujer. Ya ni Facebook se atreve mucho a bregar con la cuestión por miedo a ofender a alguien que tenga vagina pero se sienta hombre, o una persona que se haya cambiado de sexo dos veces y no pueda decir que es una cosa u otra.

No sé cómo se siente estar atrapado en un cuerpo con género equivocado pues nací mujer, me siento mujer y me encanta ser mujer, así que no tendré el atrevimiento de decir que puedo entenderlo. Sí comprendo que todos tenemos un deseo intrínseco de encontrar nuestra propia felicidad. Pero a diferencia de muchos órdenes que han sido establecidos por el hombre durante siglos y que ahora se han ido refutando a velocidad apresurada (esclavitud, matrimonio, derechos, etc.), el género sexual no es impuesto por nadie, sino que nacemos con ello. Y a pesar de que creo que la homosexualidad no es algo que se escoge sino que se nace (o al menos muchos de los casos), pienso que una cosa es tener una preferencia sexual y otra es alterar el cuerpo propio y luego pretender negar su origen. No quiero sonar intolerante o irrespetuosa pues respeto a todo ser humano sin distinción alguna, pero me parece que jugar con la naturaleza humana es como atentar contra un órden natural (llámelo “divino”, “universal”, “cósmico” o como guste).

Y como si no fuese lo suficientemente confusa la cuestión, ¿ahora resulta que los hombres también pueden parir? No me refiero a Thomas Beatie, quien recientemente dió a luz una niña, sino a Lee Mingwei.

Me topé con su historia por internet hace no mucho apesar de que tiene dos años ya, so probablemente ya ustedes la saben. Pongo en duda su veracidad pues en YouTube se puede encontrar un video uplodeado en Septiembre 2006 en la que él alega que tiene 4 meses de embarazo, lo cual significaría que debe haber dado a luz no más tarde de Febrero o Marzo de 2007. Si me preguntan a mí, me parece que esa historia está como para haber hecho más ruido que Dolly, la oveja clonada, pero yo no he escuchado nada en los medios…

Independientemente de si es una historia real o es todo un truco, sí existe un procedimiento (¿teórico o práctico?) de cómo llevar a cabo un embarazo masculino. En palabras mascadas para su digestión, se parte del hecho de que, si una mujer puede tener un embarazo fuera del útero (embarazo ectópico), entonces el mismo no es indispensable para gestar un feto, por lo que un hombre podría quedar embarazado también. Con la ayuda de buenas dosis de hormonas, se puede preparar el cuerpo masculino para hacerlo receptivo a una implantación de embrio y se puede realizar una inseminación artificial en una membrana particular de la cavidad abdominal. Una vez haya ocurrido la implantación, el cuerpo puede abandonar las hormonas artificiales para que el embrio provea las suyas propias una vez se apodere del cuerpo, desarrollándose así la gestación de una criatura.

¿Suena sencillo? El peligro yace en que, como cualquier masa de tejido creciente (o como cualquier embarazo ectópico, for that matter), el feto y/o la placenta pueden perforar y/o adherirse a cualquier órgano interno del padre “madre” al no haber un saco (ahem, ¿útero?) que lo protega y aisle su entorno, lo cual corresponde un riesgo alto para la criatura, más aún para el hombre que lo gesta, quien puede morir desangrado durante la cesárea o antes de la misma. En pocas palabras, es un procedimiento muy, muy, muy peligroso.

Muchos dirán que cualquier procedimiento quirúrgico es muy arriesgado en sus etapas de experimentación y que las mismas son necesarias para poder perfeccionar procedimientos médicos que pueden ser de gran ventaja en el futuro,… que si no fuera por ello, hoy no tendríamos muchas de las técnicas medicinales que día a día salvan vidas. De acuerdo. Pero no sé, a mi cada cosa con su cuestión. Hay cosas que las mujeres, por más que tratemos, nunca vamos a sentir como lo sienten los hombres y viceversa, y creo que tales ventajas/desventajas deben ser respetadas/apreciadas como un don único de cada género, hombre y mujer. Si fuera feminista, estaría hasta encojoná: después de tantos años de supremacía masculina y de toda la lucha femenina por la equidad de derechos, ¿un hombre viene a quitarnos la única cosa que nosotras tenemos y que ellos no pueden tener? ¿el don femenino por naturaleza? ¿lo que nos hace más fuerte que ellos? ¿lo que nos hace las mujeres que somos? ¡Co-Jo-Nes! Pero no soy feminista así que no me encojonaré.

De todas formas, sigo pensando que ya está bien de estar traqueteando con la vida, de estar jugando a ser Dios, de estar tirando y halando nuestra identidad, lo que somos, lo que nos hace, lo que podemos y no podemos, y de buscar la forma de poder lo que biológicamente no se podría. Ahora somos hombres con tetas, mujeres con penes, she-mans, he-shes, it-he-she’s, everything, nothing, o a lo mejor aún no estamos seguros y preferimos reservárnoslo… ¿por qué dejarlo sencillo si podemos complicarlo mucho, mucho, mucho más?

Aproveche: éste es el momento ideal para cuestionar la existencia tangible o ilusoria de su órgano sexual, y Facebook se lo respetará.

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