Archivo de la categoría: Vida

• “Para la buena salud de tu…”

Hace un rato, mientras iba de camino a Loíza, iba pensando y guiando mientras mi brazo izquierdo se apoyaba sobre el borde de la ventana de mi puerta. Somehow, mi mano cayó en mi sobaco derecho al descubierto sin darme cuenta, y yo, que siempre ando con los dedos encima de mis labios resecos, hice lo innato: puse mis dedos en la boca. Porque soy una mujer limpia, inmediatamente sentí el asco del desodorante. ¡PUÑEEETA! No sé ni cómo describir el sabor ni la sensación. Es algo que sencillamente está mal en varios niveles. Como cuando cae perfume en la lengua.

Realmente no sé cómo hay gente que se come cosas tan raras como papel de toilet, o tinta de magic markers, o la misma tiza que usan para enseñarte cosas en la pizarra de la escuela. Hay gente que come hasta mierda también. Pero no mierda de la metáfora. Mierda de verdad. Debe haber gente que coma cosas aún más raras, aunque, francamente, creo que no hay nada más raro que comer mierda.

Alguna vez en mi vida trabajé en Old Navy. Fue en medio de aquella “alguna vez” que llegó la nueva sección de ropa de maternidad. Nos habían reunido a un grupo de nenas en el breakroom para orientarnos al respecto y, mientras esperábamos a que comenzara el training, nos pusimos a hablar.

Por alguna razón, habían muchas preñás o paridas en Old Navy. Muy conforme al tema, aquellas se pusieron a hablar de las manías de preñás que experimentaron durante sus embarazos. De todas, jamás se me va a olvidar la que dijo la muchacha que estaba sentada justo arla’o mío:

– Ay, cuando yo estaba preñá, le cogí tanto asco a la pasta que me lavaba la boca con jabón.

(Silencio).

Yo la miré. La miré seriamente.

– Pero… ¿qué jabón?
– Jabón. Jabón de barra. De esos pa’ bañarse – contestó ella tranquilamente.
– Pero… ¿jabón como Protex? ¿Safeguard?
– Sí, de esos. ¡Ayyy, mija, TRANQUILAMENTE, con un guilleeee! Así me lavaba yo la boca “FELISSSSS” – dijo ella como quien tiene los cojones bien puestos. La más hijae’puta porque se lavaba la boca con jabón. Pues sabes qué, tremenda hijae’puta de verdad, porque yo…

… yo, varios meses después, me fui de wikén a la casa de Paquito en Palmas Del Mar. Nos quedamos un corillito a dormir una noche con nuestros motetes y toda la cuestión. Sin embargo, al otro día vi que entre mis motetes la pasta de dientes no estaba. Cada cual dormía en un cuarto con sus motetes, motetes entre los que yo no iba a rebuscar ni despertaría a nadie. “¡PUÑEEETA!”, y mi boca con una peste del carajo, aftertaste de vino, cigarrillos, tostitos, french onion y aliento mañanero.

Volví al baño a mirarme al espejo. “¡PUÑEEETA!”, pensé de nuevo con el asco en mi boca añorando pasta de dientes… Entonces miré la jabonera.

Allí estaba el jabón, el Protex. El gran Protex casi con un aura angelical con toda la intención tentadora que me imagino tenía la manzana de Edén, sólo que aquella habría de verse totalmente seductora, mientras la barra de Protex parecía más como una vieja prostituta mellá bailando en la esquina con la lengua por fuera meneando su gistro a ver si alguien le mete mano.

Jura’o que yo no quería, pero me acordé de aquella chica que tan tranquilamente lo hizo por meses…

… Coño, no debía ser taaan malo, o sea…

… No, carajo, Ale, no.

Pero el jabón me seguía bailando, bien faja’o, porque sabía que yo no podía con el malsabor mañanero…

… ¿Y si lo haaaaaaago…?

… Dios mío, Ale, what’s wrong with you, estás algarete, échate agua en la cara, zúmbate una galleta, aquella tipa fue bien puerca, por Dios.

¿Y Prótex? En pleno culipandeo como si yo no tuviera otra opción.

Ok, ok,… ¿cuán malo podría ser, en verdá? Yo tengo babilla, yo tengo babilla. Era solo cuestión de coger mi cepillo de dientes con firmeza, mojarlo en agua sin temor, pasar las cerdas circularmente raspando el jabón, mirarme con furia al espejo, exclamar “YES, I CAN”, y meterme el cepillo enjabona’o a la boca como si no existiera mañana. That’s it.

… And there it was, el cepillo en mi boca. Intenté cepillarme la boca con jabón, pero en lugar de lavar mi aliento, lavé y escupí mi dignidad en el lavamanos desagüe abajo mientras lágrimas salían por mis ojos.

¡PUÑEEETA! ¿¿Qué hice?? Me violé a mi misma, a mis hermosos dientes, mi preciada boca, mi tierna lengua. Qué. Carajos. Hice. No me podía mirar a mis propios ojos. Mi cabeza se suspendía sobre el counter con vergüenza y culpa, sin moral y sin orgullo.

El sabor asqueroso de aquella base en mi lengua, rancio, cortante, agrio, químico, podrido, habría de quedarse en mi lengua por un rato eterno. Agonicé por todas aquellas antiguas generaciones que pasaron por las despiadadas manos de adultos y abuelos que, sin pena, lavaron todas aquellas bocas malhabladas mientras yo, por voluntad propia, había escogido sucumbir a la posibilidad de una boca limpia no matter what.

Sí, lo hice. Fui una puerca yo también. De la forma más irónica del mundo. Pido perdón. Y ya no pretendo que nunca pasó.

Bendito seas, morning breath.


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  • Emmanuel – lmao!!!
  • José – Love it!!!!!
  • Laura – o sea de que no puedo parar de reirme!!! LOL!!!
  • Viviana – Te debes cuatro lavas de boca con jabón por los cuatro “puñetas” ;)
  • Evelyn– protex es lo que hay! lol
  • Alex – jajajajajaja
  • Freddie – Jajajajajaja te guillas !!!! Lo unico q me hacia falta mientras lo leia era una medallita en la mano pa sentirme en total escuchado la historia. Jajajaja love u girl !!!
  • Eumir – jajajajajaja love it
  • Gerónimo – funny
  • Melaniehttp://www.elnuevodia.com/soyadictaacomerjabon-884140.html
  • Alex Lebronster – Wooooooow… Y un tipo comenta: “QUE LOQUERA A MI MUJER LE DIO TAMBIEN LAS MIMSMAS GANAS CUANDO ESTABA EMBARAZADA. MAMI QUE TENDRA EL JABON DIGANME PARA ABRIRR UN PUNTO JA JA”
  • Melanie – y yo q pensaba q mi perra estaba algarete por comer piedras! Me pregunto si cuando van a defecar al tirarse un peo salen burbujitas. Ok el mental picture que acabo de tener no era necesario
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• Un chin más que un pesito

A juzgar por donde la había visto la primera vez, me imaginé que la vería de nuevo… Y así fue.

La reconocí desde lejos por la silla de ruedas y la pierna podrida. Los ojos, bien abiertos. Rápido reaccioné en voz alta: “¡Es la tecata de los ojos lindos!”

Yo era la más lejos que quedaba de ella en el carro, y me recosté de esa excusa para mi timidez; tonterías mías. “Papi, dícelo, plis, dícelo”. Mi papá, que es un tipo de gran corazón y con un gran don de palabra, bajó la ventana para darle un pesito.

– Hola, amiga. ¿Cómo tú te llamas? – le dijo mi padre mientras le daba el peso
– Neysha – (o Leysha, o algún nombre inventa´o de esos que no se entienden bien), le contestó ella mientras levantaba el “piggy bank” en forma de vaso viejo de fast food.
– Neysha, ¡qué ojos más lindos tú tienes! – le dijo él con ánimo y simpatía.
– Gracias – dijo ella bajando la mirada con pachó y una sonrisa.
– ¿Te lo habían dicho antes?
– Sí, me lo habían dicho ya – rió.
– ¿De dónde tú eres? – le preguntó él en lo que cambiaba la luz a verde.
– Yo vivo en Canales, ahí. Viste, yo soy de Juncos, pero ahora vivo en Canales, y pues, estoy metía en ésto…
– ¿Y tú te quieres salir de eso? – le preguntó con firmeza.
– Sí, yo me quiero quitar, si lo que yo tengo son 20 años…

¿VEINTE AÑOS? Yo juraba que tenía como 35… ¿Cuántos años de adicción hay que tener para verse tan mal como ella se veía? Habrá de haber comenzado a los… ¿10?

– Quítate, chica. Salte de eso que tanto daño te hace.
– … Es que tengo miedo… – y su cara se transformó – … Yo en verdad me quiero quitar, pero tengo miedo de que, si me quito, me vaya a morir… – dijo ella con la voz quebrándosele y sus ojos más grandes que nunca, como si se le hubiese explotado la vena del temor y sus ojos sangraran puro miedo y tristeza. En cuestión de segundos, aquella chica pasó de tener 35 años a tener 20 a tener 5,… 5 añitos, como los niños aterrorizados por el mostro bajo sus camas.

– ¡No te vas a morir! Óyeme: el miedo no es de Dios, y quien quiera que te haya dicho que te vas a morir si te quitas, te está mintiendo. Salte de eso pronto, te lo digo, y verás – le alcanzó a decir mi padre antes de que los carros de atrás empezaran a ajorarlo con las bocinas.

20 años,… 20 añitos nada más. Aquello era una nena. Mi corazón se quedó pega’o allí, y mi mano en mi boca todavía pasmada. Todos en el carro estábamos impresionados, la verdad. Mientras, mi padre estiraba lo que aparentemente parecía ya muy claro: la necesidad de hablar que tienen los tecatos, tal vez hasta mucho más que el mero pesito, “si no, se sienten pasando desapercibidos por el mundo. ¿Tú te imaginas si a Ted Williams nunca le hubiesen hablado? Probablemente seguiría homeless en una luz. Ellos necesitan ánimo porque, mírala a ella: con miedo a quitarse porque le hicieron creer que, si lo hacía, se iba a morir. Qué terrible”…

Saben,… ella no es muy fácil de pasar por desapercibido. Si algún día pasando por Plaza Las Américas se topan con una adicción andante con los ojos más lindos que hayan podido ver en mucho tiempo, por favor, salúdenla, pregúntenle el nombre, díganle lo lindo que son sus ojos, y que no tenga miedo. Es una tontería y, de seguro ella necesita muchas cosas, pero si algo, necesita saber que no hay que tener miedo a ser libre.


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• ¡Cómo no!

El otro día me levanté encabroná. Bien encabroná. Tal vez sólo me levanté con el pie izquierdo de la cama. Probablemente era la carga de pensamientos del día anterior, pero definitivamente, a medida que pasó la mañana, me encabroné más.

Necesité urgentemente alguien con quién descargarme, alguien que me preguntara “¿Cómo estás?” para yo poder responder “BIEN ENCABRONÁ”. Sobretodo, alguien que no me dijera nada, sino que me prestara un rato de silencio para yo poder echar mi gran vómito emocional, mi martirio en toda su potencia.

Hice tres llamadas necesarias esa mañana. ¿El Primero? No, no, él no va a entender. ¿La Segunda? Chacho, ni pa’l carajo, esa ni me va a escuchar. ¿La Tercera? Coño, la Tercera me brega, esa sí que va a entenderme…

– ¿Hello?
– ¿Tercera?, es Alex, ¿Cómo estás?
– Dímelo.

(¿”Dímelo”? ¡¿No me vas a decir “¿Bien y tú?” pa’ yo poder decirte que ESTOY ENCABRONÁ?! ¡¡¡AAAAAAAAAA, MARRAYO PALTAHHHH!!!…)

…¿Sabes qué? Nevermind.

Mientras tanto, mi coraje se seguía cocinando, y a pocos minutos mi teléfono sonó:

– Hey, Cookie, ¿cómo estás?
– ¿Bien y tú?
– Bien… – dije yo…

Era mi jevo, Fernando. Por alguna razón, me lo reprimí. Ver su nombre parpadeando en mi teléfono mi dio un leve sentimiento de comfort. De momento no se sintió adecuado, no era la persona y, además, él no tenía nada que ver con mi encabronamiento. Tampoco iba a entender, y vaya manera de empezar la mañana recibiendo la descarga de una persona encabroná al otro lado del teléfono aunque no sea contigo. Ay, pero fuck it, LO NECESITO:

– ¿Sabes qué, Cookie? En verdad estoy BIEN ENCABRONÁ – y ahí comenzó mi vómito apasionado.

Estaba encabroná porque, por enésima vez en mi vida, me encontraba envuelta en una situación en la que no quería estar desde un principio, pero me tomó la más mínima persuación de alguien para decir “sí” voluntariamente, para luego cagarme en la madre de la hora en que dije “sí”.

Soy una Yes-Man. Es irónico porque, según aquellos que me quieren mucho, puedo ser bastante egoísta. Sin embargo, incongruentemente, soy una Yes-Man. Muchas veces (no siempre), ejercer la palabra “No” me cuesta trabajo: ¿Y si dejo pasar la oportunidad? ¿Y si luego me arrepiento? ¿Y si luego me cuentan y digo “qué mierda, me lo perdí”? ¿Y si me miran mal? ¿Y si el otro se encojona conmigo? ¿Y si el otro piensa que no doy el grado por haber dicho “No”? Luego de una racha de preguntas similar a esa, termino diciendo cualquier variante del “Yes”: Dale. Ok. Sí. Cuenta conmigo. Vamu’encima. Seguro. YES. Y luego me cago en la madre de mi propio “Yes”.

Así seguí mi tantrum apasionado con Fernando en el teléfono, con toda mi frustración de la vida, somehow, echándole la culpa al que me convenció, a la situación, al malestar, a las circunstancias porque, te voy a decir una cosa, qué rico se siente poder apuntar el dedo. Sin embargo, para mi propia dicha (en sentido real y en sentido sarcástico), soy una persona bastante racional:

– Lo más cabrón es que, al final, the only person I’ve really got to blame is myself for saying “Yes”…
– Sí, y en verdad me gustaría poder decirte cómo solucionar esta situación, pero no puedes hacer nada porque nadie te obligó. Tú la elegiste.

…Wow. Yo la elegí.
…Más nadie.
Yo solita.
Yo lo elegí.
… Qué clase de galleta en la cara.

Es bien loco cuando uno pone las cosas en su justa perspectiva. Para mí, un “Yes” es un “Yes”, algo que, tal vez, yo le doy a otra persona… ¡un “Yes”! Pero cuando empaté que un “Yes” es una elección mía, ¡diablo…!: yo lo dije, así que yo lo elegí, y cuando yo elijo algo es porque lo prefiero, porque yo lo quiero. Así que un “Yes” básicamente es un “Quiero”… ¿¿Y cuántas veces de esas que he dicho “Yes” realmente he “Querido”??

Ahí entendí mi gran issue con el “Yes”… el “Yes” y el “Quiero”. De ahí desprendo un bolón de cosas: los retos, los sacrificios, las oportunidades, los crecimientos, los arrepentimientos, las maldiciones bendiciones, las pataletas, los corajes, las gratitudes, los trabajos, los prove-myself, los resultados y todo lo demás, bueno y malo, que me tira y me hala sin mucho remedio confligiéndose entre ellos mismos. Me encabrona como me encanta, me inquieta como me complace, y así mismo como no puedo conciliar ningún acuerdo entre ambos polos en un happy-medium, reconozco que continuaré siendo una Yes-Man, para mi dicha o tragedia, con amor y con odio, después que no sea para que me cuenten ni para pensar “diablo, ni lo traté” …

Y si alguien tiene el know-how para llevarlo bien y en excelencia, por favor,… hágame el favor.


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  • Diego – ¿me gusta? YES

• Como ratón

“Si somos los de abajo
es porque estamos en la raíz de la cuestión
que espera presión…”
– Velcro

He pasado alrededor de tres horas sentada en esta silla del comedor con un café ya frío a la derecha y mi computadora al frente rebuscando en mis gabetas neuronales algo que se nota pero no sé qué es.

Es bien loco cuando alguien nota algo de mí sin saber qué es. Es más loco aún cuando yo noto algo de mí y no sé qué es. Ambas, comoquiera, inquietan lo suficiente como para buscarlo,… y buscándolo lo hago así.

Hace demasiado tiempo que no me complico la existencia, y digo “me complico” porque así se sentía esas últimas veces que me salí de mi propio cuerpo, me miraba desde afuera escribiendo con afán y mi otro-ego (cualquiera de los dos que fuese) me convencía de una cosa o la otra,… hasta que un día que sobrepasó las 24hrs elegantemente paré.

¿Cuál es la gota que colma el vaso? ¿O de dónde viene el calor que evapora su contenido? A veces me arrepiento de no tener un time-line para poder identificar dónde empezó y dónde terminó cada cosa, y cuáles sigo arrastrando desde hace cuánto. Tal vez me creo que existe alguna vara para hacer que todo lo que quiera ser cambiado cambie, o mi vara es cerrar los ojos e ignorarlo… ¿Eso no brega como vara?

No importa. El deseo intrínseco ahí está. De alguna forma emana, lo sé. Y si otro percibe lo que sea que “sea” que yo aún tenga que descifrar, puede significar sólo una cosa…

Buenos Días, corillo.


Diego, Fernando, Damaris, Elliot y Valeria like this.

  • Victor – Hijo de Put…….. a la verdad que somos increíbles!
  • Mailara – Like it very much! El video y el escrito. Tu lo escribiste?
  • Alex – Sí. Gracias, Mailara. :)

• Welcome Back, Mamma!

Quiero darle las gracias, primero que nadie, a Papo Masacre, por haber haber empezado a trabajar el motor y luego haber caído preso por rebulero dejando el carro desmontado y a mitad: te botaste, bródel.

Quiero darle las gracias también al cabrón que iba a terminar el trabajo que Papo Masacre no pudo, y terminó desapareciendo con $250 dólares que le dimos para comprar las piezas que hacían falta. Secretamente, espero que algo suficientemente malo te haya pasado para justificar tu esfumación de la faz de la tierra, en verdad.

Quiero darle las gracias a Paquito y Pedro, quienes fueron los que finalmente se atrevieron a meterle mano y terminar un trabajo que no empezaron, a pesar que siempre estuvieron en la negativa y se tardaron dos meses más en juntarlo todo y arreglar los demás problemas que aparecieron.

Quiero darle gracias a la vida y su impertinencia porque, después de 4 meses de desarreglos y necesidad, me devuelve el carro cuando ya la necesidad pasó.

Quiero darle las gracias a papi por haber confiado en Papo Masacre, en el cabrón que desapareció, en Paquito y en Pedro. Sobretodo, quiero darle las gracias porque nunca me permitió encojonarme con nadie y siempre insistió en que lo único que podía hacer era ser paciente y confiar… ser paciente y confiar… y la mierda es que tenía razón. Pero la próxima vez, pago lo que sea por tener mi carro ready en una semana.

¿Quién dice roadtrip? :)

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