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• Un chin más que un pesito

A juzgar por donde la había visto la primera vez, me imaginé que la vería de nuevo… Y así fue.

La reconocí desde lejos por la silla de ruedas y la pierna podrida. Los ojos, bien abiertos. Rápido reaccioné en voz alta: “¡Es la tecata de los ojos lindos!”

Yo era la más lejos que quedaba de ella en el carro, y me recosté de esa excusa para mi timidez; tonterías mías. “Papi, dícelo, plis, dícelo”. Mi papá, que es un tipo de gran corazón y con un gran don de palabra, bajó la ventana para darle un pesito.

– Hola, amiga. ¿Cómo tú te llamas? – le dijo mi padre mientras le daba el peso
– Neysha – (o Leysha, o algún nombre inventa´o de esos que no se entienden bien), le contestó ella mientras levantaba el “piggy bank” en forma de vaso viejo de fast food.
– Neysha, ¡qué ojos más lindos tú tienes! – le dijo él con ánimo y simpatía.
– Gracias – dijo ella bajando la mirada con pachó y una sonrisa.
– ¿Te lo habían dicho antes?
– Sí, me lo habían dicho ya – rió.
– ¿De dónde tú eres? – le preguntó él en lo que cambiaba la luz a verde.
– Yo vivo en Canales, ahí. Viste, yo soy de Juncos, pero ahora vivo en Canales, y pues, estoy metía en ésto…
– ¿Y tú te quieres salir de eso? – le preguntó con firmeza.
– Sí, yo me quiero quitar, si lo que yo tengo son 20 años…

¿VEINTE AÑOS? Yo juraba que tenía como 35… ¿Cuántos años de adicción hay que tener para verse tan mal como ella se veía? Habrá de haber comenzado a los… ¿10?

– Quítate, chica. Salte de eso que tanto daño te hace.
– … Es que tengo miedo… – y su cara se transformó – … Yo en verdad me quiero quitar, pero tengo miedo de que, si me quito, me vaya a morir… – dijo ella con la voz quebrándosele y sus ojos más grandes que nunca, como si se le hubiese explotado la vena del temor y sus ojos sangraran puro miedo y tristeza. En cuestión de segundos, aquella chica pasó de tener 35 años a tener 20 a tener 5,… 5 añitos, como los niños aterrorizados por el mostro bajo sus camas.

– ¡No te vas a morir! Óyeme: el miedo no es de Dios, y quien quiera que te haya dicho que te vas a morir si te quitas, te está mintiendo. Salte de eso pronto, te lo digo, y verás – le alcanzó a decir mi padre antes de que los carros de atrás empezaran a ajorarlo con las bocinas.

20 años,… 20 añitos nada más. Aquello era una nena. Mi corazón se quedó pega’o allí, y mi mano en mi boca todavía pasmada. Todos en el carro estábamos impresionados, la verdad. Mientras, mi padre estiraba lo que aparentemente parecía ya muy claro: la necesidad de hablar que tienen los tecatos, tal vez hasta mucho más que el mero pesito, “si no, se sienten pasando desapercibidos por el mundo. ¿Tú te imaginas si a Ted Williams nunca le hubiesen hablado? Probablemente seguiría homeless en una luz. Ellos necesitan ánimo porque, mírala a ella: con miedo a quitarse porque le hicieron creer que, si lo hacía, se iba a morir. Qué terrible”…

Saben,… ella no es muy fácil de pasar por desapercibido. Si algún día pasando por Plaza Las Américas se topan con una adicción andante con los ojos más lindos que hayan podido ver en mucho tiempo, por favor, salúdenla, pregúntenle el nombre, díganle lo lindo que son sus ojos, y que no tenga miedo. Es una tontería y, de seguro ella necesita muchas cosas, pero si algo, necesita saber que no hay que tener miedo a ser libre.


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