Archivo del sitio

• Borracho es cosa mala

Las ganas no se podían aguantar por mucho tiempo. Uno siempre dice “esperaré un poco más”, pero para la próxima la urgencia será incontrolable, la espera eterna…

Así que decidí adelantarme a las consecuencias: iría al baño en este preciso instante.

Mientras hacía la fila, me aborrecía con los comentarios pendejos de los chamacos que esperaban en su baño correspondiente. A veces se creen los más graciosos y te miran con complicidad. Uno les sonríe en un “sí, sí,… qué cómico, comiquísimo, uff,…” y cambia la mirada para evitar seguir sintiendo vergüenza ajena por un charro que ni siquiera es pana de uno.

En eso, se me ocurrió sacar un chicle y masticar mi espera al urinario. Inesperadamente, una mano se me atravesó en el mismo medio como si fuese una tercera mano mía, pero peluda y totalmente ajena. Luego de dos segundos de pasme, recorrí con mi mirada el brazo para ver su procedencia hasta que me topé con la cara de un hombre treintón un poco ebrio que, con determinación, me pedía un chicle tal como si me conociera y tuviese toda la potestad en el mundo de merecérselo.

Está bien. En un movimiento típico mío de ofrecer chicles sin tocarlos, le puse el suyo en la palma de su mano. Y justo en el momento en el que se suponía que él llevase su mano a su boca y masticara el chicle por primera vez, su mano se quedo ahí sin que sucediera nada. Lo miré a los ojos y él me miró con seriedad.

Él me dijo “no” con la cabeza.
Yo, con hombros confundidos, le pregunté “¿no qué?”
Él se llevó su mano a la boca y puso el chicle entre diente y diente sin masticarlo. En un tono bien tigueroso, me lanzó una guiñada con un “grr” insinuado mientras decía que sí con la cabeza.
Yo entendí: me está diciendo “Ven y pónme el chicle con tu boca en mi boca”.
Entonces lo miré con cara de burla, diciéndole  con los ojos “Estás BIEEEEN malo, nene”.
Él volvió a asentir con la cabeza, como quien se cree que uno sí quiere la cosa.
Me aburrí instantáneamente y me voltié continuando la fila.
Él se paro a mi lado y se echó a reír como si hubiese acabado de hacer la cosa más graciosa en este mundo.
Yo me le acerqué a su oído y, sonriendo, le dije “Me puedes dar las gracias y ya”.
Él, recuperando todavía el aire, me dijo “Gracias y ya”.

Mientras yo calculaba cuánto tiempo más tendría que tener este pendejo al lado mío antes de finalmente poder ir al baño, me dijo:

– Espero que no te haya hecho sentir mal con mi chiste.
– Espero que, precisamente, haya sido un chiste y no en serio – le dije yo.
– ¿Cuál es tu nombre?
– María – contesté como cualquier chica contestaría instantáneamente para no decir su nombre. Wrong.
– ¿María qué?
– María Alejandra – Uff, que original. En vez de decir Francisca o Eustaquia, Plutarca, o Herminia.
– Wow, tienes un nombre hermoso. Sabes que tal vez alg- y surgió mi turno para ir al baño. Entré corriendo cerrando la puerta tras de mí, justo en su cara esperando que, cuando yo saliera, ya el tipo se hubiese ido,… pero no. Cuando salí aún estaba ahí con cara de que esperaba que yo le sonriera y le dijera algo, o esperando alguna reacción o algo por el estilo…

Pero no: me escabullí esquivando miradas y evitando espacios oportunos para aprovechar y decir otro comentario mediocre porque, te voy a decir una cosa: nada peor que un yoppi bebido y baboso en la Plazita que se cree que se las sabe todas.

• Crudeza Poética Mentecata

From: Cruz, Alexandra
Sent: Thursday, January 17, 2008 5:59
To: Cintrón, Elliot
Subject: Plah!

Pues, me levanté a las 7:30am y llegué allí a las 8:30am. Había una fila acojonante, pero me resigné porque, aparte de todo, fui preparada con dos libros y una libreta.

Mientras hacía la fila, había un señor frente a mí que era un poco sordo. Lo envidié un poquito porque había mucho ruido en el lugar,… muchos bebés llorando, gente hablando y protestando. Pero lo más lindo de todo ésto es que, somehow, siempre he encontrado algo de belleza y encanto en este espacio tan grande y atestado. Tal vez es la esencia del strugglin’ individual, o el sarcasmo ante la necesidad, o la inocencia e ignorancia de los muchos babies y nenes que llegan allí con sus madres totalmente ajenos a sus circunstancias… como el niño de la mujer que estaba justo detrás de mí. Se sentó en una silla para guardársela a su mamá mientras ella hacía la fila. En una, alzó la mirada y cruzó ojos con la señora que estaba sentada a su lado. Entonces le sacó la sonrisa más linda que he visto en mucho tiempo. Fue luego de ese tierno instante que la madre le mencionó a la señora que su niño tenía un poco de autismo. Y mientras yo pensaba en cómo su condición enternecía al niño más todavía, el disco de mi mundo poético se rayó cuando la madre dijo: “Él es el más pequeño de mis siete hijos”…

¡¿SIETE HIJOS?!

“Tengo rubios, pelinegros, nenas, nenes, blanquitos y tostaítos también…”

¡¿Siete hijos!? Siete hijos, puñeta, siete hijos…!! Me acordé de una conversación sobre Idiocracy, de que los morones se multiplican como conejos y que el apocalipsis del mundo se acerca con la sobrepoblación de la imbecilidad y el abuso del Welfare.

Entonces me tocó mi turno en la ventanilla y “Siete-Hijos” dejó de reverberar en mi cabeza. Ahí me enteré que tengo que intentarlo de nuevo mañana a ver si consigo un maldito turno. ¿Puedes creerlo? Pero MIERDA es. A mí mi turno me lo dan mañana así tenga que hacer camping junto a los bums de El Boricua…

Which is not a bad idea. Después de todo, la tercera es la vencida. :)

Nos vemos horita en el break.


  • Ramón – Lamentablemente parece que para ti no es la tercera vencida…al parecer seran 7 veces que tendras que ir y 7 hijos de la gran puta que decir…ese es tu destino el numero 7! jejejeje
A %d blogueros les gusta esto: